El 12 de julio de 1994, Jason Lewis y Steve Smith salieron de Greenwich con una idea que parecía difícil incluso de explicar: dar la vuelta completa al planeta sin utilizar motores ni velas. Para desplazarse podían caminar, pedalear, remar, nadar o patinar. La única fuente de propulsión permitida sería su propio cuerpo.
Lewis terminó regresando al mismo punto el 6 de octubre de 2007.
Entre ambas fechas habían pasado 13 años y 74.842 kilómetros, durante los cuales cruzó cinco continentes y grandes extensiones de océano utilizando bicicletas, patines, kayaks y, sobre todo, un peculiar bote amarillo a pedales llamado Moksha. Guinness World Records reconoce su viaje como la primera circunnavegación individual de la Tierra utilizando únicamente fuerza humana.
Cruzó el Atlántico pedaleando y Estados Unidos sobre patines

La expedición comenzó atravesando el Canal de la Mancha a bordo del Moksha. Después de cruzar Europa en bicicleta, Lewis y Smith llegaron a Portugal y se lanzaron al Atlántico.
La travesía hasta Miami duró 111 días. Durante el viaje casi chocaron con un pesquero, una ballena estuvo cerca de volcar su embarcación y Lewis terminó cayendo al agua cuando el bote volcó durante una tormenta.
Estados Unidos tampoco fue mucho más amable. Lewis decidió recorrer unos 5.600 kilómetros utilizando patines en línea, pero fue atropellado por un automóvil en Colorado. El impacto le fracturó ambas piernas y lo obligó a pasar meses recuperándose antes de poder continuar. Posteriormente llegó hasta California y volvió a reunirse con Smith para pedalear hasta Hawái. Allí, después de unos cinco años de expedición, Smith decidió abandonar el proyecto.
Lewis siguió adelante con colaboradores ocasionales en algunos tramos, aunque completó personalmente todo el recorrido exigido para el récord. Esa distinción importa: no fue una circunnavegación completamente en solitario. Guinness reconoce como primera vuelta al mundo solo mediante fuerza humana a Erden Eruç, que terminó su expedición en 2012.
En Australia descubrió lo que se siente al ser la presa

Probablemente el episodio más extremo ocurrió el 13 de mayo de 2005, cuando Lewis recorría en kayak la península de Cape York, al norte de Australia. Había remado unos 35 kilómetros en cinco horas y media cuando vio dos ojos y un hocico siguiendo su embarcación. Era un cocodrilo de estuario que Lewis calculó en unos 15 pies de longitud (4,5 metros).
Logró alcanzar la playa, pero el animal salió detrás.
Lewis utilizó el propio kayak como escudo y trató de apartarlo golpeándole el hocico con el remo. El cocodrilo abrió las mandíbulas, se lanzó hacia él y atrapó la pala. Lewis empujó el remo hacia su garganta y volvió a golpear hasta que la madera terminó partiéndose. El animal finalmente regresó al agua.
El peligro no había terminado. Un conocido australiano al que llamó mediante teléfono satelital le advirtió que no durmiera en la playa porque el cocodrilo podía regresar. Lewis cargó entonces su equipo hasta lo alto de un promontorio y pasó allí la noche.
Trece años después volvió exactamente donde había empezado
El resto del viaje lo llevó por el sudeste asiático, China, el Tíbet, India, África y Europa. Recorrió enormes distancias en bicicleta y volvió a recurrir al Moksha para varios trayectos marítimos. Según Guinness, su recorrido superó ampliamente los 40.075 kilómetros de circunferencia terrestre y pasó por los puntos antipodales necesarios para considerar válida una circunnavegación.
Finalmente, el 6 de octubre de 2007 navegó otra vez por el Támesis y cruzó la línea del meridiano de Greenwich con el mismo bote amarillo.
Había salido cuando tenía poco más de veinte años y regresó 13 años después. Durante el camino había sido atropellado, arrastrado por tormentas, perseguido por un cocodrilo y obligado a conseguir trabajos ocasionales para financiarse. Y todo para demostrar una regla que nunca rompió: dar una vuelta completa al planeta sin que ningún motor ni ninguna vela lo empujara un solo kilómetro.