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Ciencia

El animal que sobrevivió a cinco extinciones masivas, pero ahora enfrenta una amenaza que podría hacerlo desaparecer para siempre

Ha dominado los océanos durante cientos de millones de años y sobrevivió a catástrofes que acabaron con gran parte de la vida del planeta. Sin embargo, su futuro nunca estuvo tan comprometido.
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Durante millones de años, un antiguo depredador recorrió los océanos mientras el resto de las especies evolucionaba, desaparecía o se adaptaba a condiciones extremas. Sobrevivió a cambios climáticos, transformaciones geológicas y cinco grandes extinciones masivas que modificaron para siempre la vida en la Tierra. Sin embargo, ahora se enfrenta a un peligro que no puede combatir con sus extraordinarias capacidades de supervivencia.

Se trata de los tiburones, uno de los animales más antiguos y relevantes de los ecosistemas marinos. Su historia evolutiva supera los 400 millones de años y su capacidad para adaptarse los convirtió en protagonistas de los océanos mucho antes de que aparecieran los dinosaurios. A pesar de semejante trayectoria, sus poblaciones están disminuyendo a una velocidad alarmante.

La principal amenaza no proviene de un fenómeno natural ni de un depredador más poderoso. Es consecuencia de las actividades humanas, especialmente de la pesca industrial y de un negocio internacional que mueve millones de dólares alrededor de una parte muy específica de su cuerpo.

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©Emilio Sánchez Hernández – Pexels

Los científicos advierten sobre una desaparición sin precedentes

Los tiburones aparecieron en el planeta mucho antes que los dinosaurios, los primeros bosques terrestres y numerosos grupos de vertebrados que hoy dominan los ecosistemas. Durante su extensa historia evolutiva, atravesaron transformaciones ambientales extraordinarias y consiguieron mantenerse entre los principales depredadores marinos.

Sin embargo, esa resistencia no parece suficiente frente a la presión pesquera actual. Diferentes investigaciones científicas documentaron un deterioro considerable de sus poblaciones durante las últimas décadas, con consecuencias que podrían alterar profundamente el equilibrio de los océanos.

Un informe publicado en 2013 por la revista Marine Policy estimó que alrededor de 100 millones de tiburones mueren anualmente debido a la actividad pesquera. Una parte importante de esas capturas está relacionada con la demanda comercial de sus aletas, utilizadas para preparar una sopa tradicional especialmente valorada en determinados mercados asiáticos.

Las cifras también quedaron reflejadas en una investigación publicada en Nature en 2021, realizada por científicos de la Universidad Simon Fraser de Canadá. El estudio determinó que la abundancia mundial de tiburones y rayas oceánicas había disminuido aproximadamente un 71 % desde 1970.

Entre las especies más afectadas aparecen los tiburones martillo y los tiburones de puntas blancas, cuyas poblaciones experimentaron descensos especialmente pronunciados.

El problema es todavía más preocupante si se considera que muchos tiburones tienen ciclos reproductivos lentos. Algunas especies tardan años en alcanzar la madurez sexual y producen pocas crías, por lo que recuperar las poblaciones después de una reducción masiva puede llevar décadas.

Las actividades humanas están acelerando su desaparición

La disminución de los tiburones no responde a una única causa. Es el resultado de diferentes actividades comerciales que, combinadas con controles insuficientes, ejercen una presión constante sobre estos animales.

Uno de los principales factores es la pesca industrial. Los palangres de largo alcance y otras técnicas de captura permiten obtener grandes cantidades de ejemplares en distintas regiones oceánicas. En algunos casos, los tiburones son el objetivo de la actividad; en otros, quedan atrapados accidentalmente en redes destinadas a capturar otras especies.

A esto se suma el comercio internacional de aletas, que representa uno de los incentivos económicos más importantes para mantener la explotación de estos animales.

Una de las prácticas más crueles asociadas a este mercado es conocida como finning. Consiste en capturar al tiburón, cortarle las aletas y arrojar nuevamente su cuerpo al agua, muchas veces cuando todavía está vivo. Sin sus aletas, el animal pierde la capacidad de nadar correctamente y termina muriendo.

La falta de controles efectivos agrava todavía más el escenario. Aunque existen acuerdos internacionales y restricciones para determinadas especies, la pesca ilegal, el contrabando y las dificultades para vigilar grandes extensiones de océano permiten que el comercio continúe.

El negocio millonario detrás de las aletas de tiburón

Detrás de esta crisis ambiental existe una actividad comercial que mueve importantes cantidades de dinero. Las aletas son especialmente cotizadas en algunos mercados asiáticos, principalmente en China y Hong Kong, donde la sopa de aleta de tiburón tiene una larga tradición cultural.

Este plato estuvo históricamente asociado a celebraciones y sectores de alto poder adquisitivo. Su popularidad creció especialmente durante las décadas de 1970 y 1980, cuando aumentó la demanda y el consumo se extendió entre diferentes sectores de la población.

Dependiendo de su preparación y calidad, una sopa de aleta de tiburón puede alcanzar precios de entre 100 y 300 dólares. El valor comercial de las aletas explica por qué determinados grupos pesqueros priorizan su extracción por encima del aprovechamiento del resto del animal.

En algunos mercados, un kilogramo de aletas puede alcanzar un precio entre 10 y 30 veces superior al de otras partes del tiburón. Esta diferencia convierte al animal en un objetivo especialmente rentable y favorece la continuidad de prácticas destructivas.

El comercio también presenta problemas relacionados con la trazabilidad de los productos. Perú se convirtió en uno de los puntos relevantes de exportación de aletas en América Latina, mientras que las autoridades investigaron operaciones vinculadas con el ingreso de productos procedentes de países vecinos, entre ellos Ecuador, donde existen restricciones a su comercialización.

Una incautación millonaria expuso la dimensión del problema

La magnitud de este negocio quedó expuesta nuevamente en 2025, cuando las autoridades peruanas, junto con el Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos, participaron en un operativo que permitió incautar aproximadamente 9,3 toneladas de aletas de tiburón en el puerto del Callao.

Según informó la agencia AFP, el cargamento tenía como destino principal China y estaba valuado en una cifra estimada de entre 11 y 15 millones de dólares.

El episodio mostró hasta qué punto el comercio de estos productos puede involucrar operaciones internacionales de gran escala. También dejó en evidencia las dificultades que enfrentan los organismos encargados de controlar la explotación de especies marinas amenazadas.

Aunque las incautaciones representan avances importantes, no alcanzan por sí solas para revertir el deterioro de las poblaciones. Los especialistas consideran fundamentales el fortalecimiento de las regulaciones, la vigilancia de las rutas comerciales y la protección de los hábitats donde viven estos animales.

Los tiburones sobrevivieron durante cientos de millones de años a transformaciones que hicieron desaparecer a innumerables especies. Hoy, sin embargo, su supervivencia depende en gran medida de las decisiones humanas.

Su desaparición no significaría solamente perder a uno de los depredadores más antiguos del planeta. También podría desencadenar desequilibrios en las cadenas alimentarias y afectar la salud de ecosistemas marinos completos. El animal que resistió cinco extinciones masivas enfrenta ahora una amenaza creada por la misma especie que tiene la posibilidad de evitar su desaparición.

 

[Fuente: MSN]

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