Corea del Sur ha construido su identidad económica sobre largas jornadas de trabajo. Quedarse hasta tarde en la oficina es, todavía hoy, un sello de prestigio. Pero ese modelo tiene un precio: estrés disparado, rotación en sectores críticos y una población agotada. Ahora, un experimento empieza a desafiar esa tradición: la semana laboral de cuatro días.
El primer ensayo: un hospital pionero

El hospital Severance, en Seúl, fue el primero en atreverse. Parte de su personal sanitario trabaja cuatro días a la semana, con un recorte salarial del 10% y turnos rotativos. El objetivo era simple pero ambicioso: reducir el desgaste en una profesión con altos niveles de estrés y responsabilidad.
Resultados inmediatos
Los datos sorprenden. Según el Instituto de Trabajadores de Corea, la rotación de personal de enfermería con menos de tres años de experiencia bajó del 19,5% al 7%. Las bajas laborales también disminuyeron. Lejos de resentirse, la calidad del servicio mejoró: trabajadores menos cansados significan más atención y mejores cuidados a los pacientes.
Un debate que escala
Lo que empezó en un hospital se extiende ahora a gobiernos locales y empresas privadas. En la provincia de Gyeonggi, más de 50 organizaciones ensayan jornadas reducidas. Incluso Samsung, símbolo de la ética del esfuerzo surcoreana, probó semanas de cuatro días en 2023. El cambio ya no es anecdótico.
Cultura contra productividad

Corea del Sur registró en 2024 unas 1.865 horas trabajadas por persona, 248 más que Japón y muy por encima de la media de la OCDE. Aun así, la productividad no crece al mismo ritmo. El propio presidente Lee Jae-myung lo ha dicho: largas jornadas y baja eficiencia son una fórmula insostenible.
Hacia un nuevo modelo
La semana de cuatro días no es solo un experimento laboral. Es un cuestionamiento directo a un sistema que asocia éxito con agotamiento. Los primeros resultados apuntan a que trabajar menos no significa rendir menos, sino todo lo contrario: más motivación, más salud y, en muchos casos, más productividad.