En Corea del Sur, la idea de tener hijos se ha convertido en un lujo que muchos no pueden permitirse. El país, atrapado en una crisis demográfica que ya es considerada “emergencia nacional”, busca fórmulas urgentes. Ahora, grandes empresas han decidido poner dinero sobre la mesa para intentar revertir décadas de descenso en la natalidad.
Un invierno demográfico que alarma a Seúl

En 2023, Corea del Sur registró apenas 0,72 hijos por mujer, muy por debajo del nivel de reemplazo poblacional. El presidente Yoon Suk Yeol definió la situación como un desafío existencial para la nación. A pesar de décadas de subsidios, ayudas en vivienda y permisos de paternidad, la curva demográfica siguió en descenso. La sombra de Japón, con su población envejecida, funciona como advertencia: sin mano de obra joven, la productividad y la estabilidad fiscal entran en riesgo.
Las empresas se suman con cheques millonarios

Ante este escenario, los grandes conglomerados han pasado de la retórica a la acción. Booyoung, un peso pesado del sector inmobiliario, anunció bonos de hasta 72.000 dólares por cada nacimiento, incluso con carácter retroactivo. Otras compañías replicaron la estrategia con incentivos y beneficios adicionales. Para empleados como Hong Ki, gerente en Booyoung, la noticia fue tan surrealista como irresistible: decidió tener un segundo hijo y acceder al pago. No se trata de altruismo: las empresas buscan garantizar una futura fuerza laboral y, al mismo tiempo, convertirse en imanes para el talento joven que valora la conciliación familiar.
Primeros signos de cambio, con un largo camino por delante
Los datos más recientes muestran un tímido repunte. En 2024, la tasa de fecundidad subió a 0,75 hijos por mujer, el primer avance en casi una década. Reuters señala que las políticas combinadas del gobierno y el sector privado empiezan a dejar huella, aunque mínima. Los expertos advierten que el dinero, por sí solo, no resolverá el problema. Cambiar la cultura laboral, reducir la presión educativa y garantizar estabilidad para las familias serán factores decisivos si Corea del Sur quiere sostener la tendencia y escapar del invierno demográfico que amenaza con congelar su futuro.