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Ciencia

En el corazón de la Vía Láctea hay estrellas que cuentan otra historia. Hubble acaba de descubrir de dónde llegaron hace casi 12.000 millones de años

Hubble ha permitido identificar una población de cúmulos estelares que no nació en nuestra galaxia. Son los restos de LKH, una antigua galaxia enana que la Vía Láctea devoró cuando el universo apenas comenzaba.
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La Vía Láctea no nació siendo la enorme galaxia espiral que vemos actualmente. Creció formando estrellas, acumulando gas y, de vez en cuando, tragándose galaxias más pequeñas. Algunas de aquellas víctimas desaparecieron hace tanto tiempo que parecía imposible reconstruirlas. Pero no desaparecieron del todo.

Un equipo de astrónomos ha encontrado en las regiones interiores de nuestra galaxia una población de antiguos cúmulos globulares cuya edad, química y movimiento apuntan hacia un origen común: una galaxia enana que terminó fusionándose con la joven Vía Láctea hace aproximadamente 11.800 millones de años. Los investigadores la han bautizado Low-energy-Kraken-Heracles, o simplemente LKH.

La clave para encontrarla estuvo en Hubble. No porque el telescopio haya fotografiado aquella colisión (ocurrió miles de millones de años antes de que existiera la Tierra), sino porque pudo leer los fósiles que dejó atrás.

Los astrónomos buscaron entre 39 grupos de estrellas antiquísimas

En el corazón de la Vía Láctea hay estrellas que cuentan otra historia. Hubble acaba de descubrir de dónde llegaron hace casi 12.000 millones de años
© NASA, ESA, STScI.

Los cúmulos globulares son enormes agrupaciones esféricas formadas por cientos de miles de estrellas muy antiguas. Como muchas de ellas nacieron aproximadamente al mismo tiempo, medir su edad y su composición química permite reconstruir el entorno en el que aparecieron.

El equipo estudió 39 cúmulos situados en los aproximadamente 20.000 años luz interiores de la Vía Láctea, combinando las observaciones extremadamente precisas de Hubble con información dinámica procedente de Gaia.  Al representar su edad frente a su metalicidad (la proporción de elementos más pesados que hidrógeno y helio) apareció algo revelador.

Los cúmulos no formaban una única familia. Una secuencia correspondía a estrellas nacidas dentro de la propia Vía Láctea. Otra coincidía con Gaia-Sausage-Enceladus, una galaxia que sabemos que nuestro sistema engulló hace unos 10.000 millones de años. Pero había una tercera población.

Sus cúmulos eran sistemáticamente más antiguos que los asociados con Gaia-Enceladus y más jóvenes que los formados dentro de la Vía Láctea primitiva, independientemente de su contenido metálico. Era exactamente la clase de firma que cabría esperar si hubieran llegado juntos dentro de otra galaxia desaparecida.

La Vía Láctea se tragó algo bastante grande cuando todavía estaba creciendo

En el corazón de la Vía Láctea hay estrellas que cuentan otra historia. Hubble acaba de descubrir de dónde llegaron hace casi 12.000 millones de años
© ESA/Hubble & NASA, G. Piotto et al.

Reconstruyendo esa población, los investigadores estiman que LKH contenía alrededor de 500 millones de masas solares únicamente en estrellas. No era, por tanto, una pequeña agrupación perdida accidentalmente en nuestro vecindario. Para la Vía Láctea de aquella época representaba una incorporación importante.

La mayor parte de sus restos habría acabado depositada dentro de los seis kilopársecs centrales de nuestra galaxia, aproximadamente los 19.500 años luz interiores. Allí permanecieron mezclados con las estrellas de la Vía Láctea durante miles de millones de años.

El hallazgo cambia además la cronología conocida de nuestra casa cósmica. Hasta ahora, la gran fusión antigua identificada con mayor claridad era Gaia-Enceladus. LKH empuja ese registro aproximadamente 1.800 millones de años más hacia el pasado.

Hay aquí un pequeño ajuste respecto de las primeras versiones del trabajo. El preprint inicial situaba el episodio apenas 1.500 millones de años después del Big Bang, de donde procede la cifra de unos 12.300 millones de años que todavía aparece en algunas publicaciones. La comunicación de NASA sobre el trabajo posteriormente publicado en Nature Astronomy lo sitúa alrededor de 11.800 millones de años atrás, unos 2.000 millones de años después del Big Bang.

Nuestra galaxia es, en parte, un cementerio de otras galaxias

En el corazón de la Vía Láctea hay estrellas que cuentan otra historia. Hubble acaba de descubrir de dónde llegaron hace casi 12.000 millones de años
© ESA / Hubble & NASA , E. Noyola , R. Cohen.

Eso quizá sea lo más fascinante de LKH. Cuando dos galaxias se fusionan, sus estrellas no chocan masivamente unas contra otras. Terminan mezclándose gravitacionalmente hasta que, miles de millones de años después, resulta dificilísimo distinguir quién pertenecía originalmente a quién.

Los cúmulos globulares permiten hacer justamente ese trabajo de arqueología galáctica. Y el nuevo resultado sugiere que una parte importante de las estrellas que hoy consideramos simplemente integrantes del corazón de la Vía Láctea nació en otro lugar.

Hace casi 12.000 millones de años existía allí otra galaxia. Ya no podemos verla. Pero algunas de sus estrellas todavía siguen dando vueltas dentro de la nuestra.

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