Durante unos 30 años, los astrónomos sospecharon que la Vía Láctea debía esconder una versión en miniatura de algunos de los objetos más violentos del universo. La teoría decía que tenían que existir. El problema era encontrarlos.
Ahora un equipo internacional de investigadores de España, Países Bajos y Argentina sostiene haber localizado el primer microblázar convincente de nuestra galaxia. Se llama IRAS 18293−0941, está situado a unos 12.000 años luz y consiste en una estrella caliente y masiva acompañada por un agujero negro de masa estelar. Ambos completan una órbita cada 11,38 días.
Lo extraordinario está en lo que ocurre alrededor del agujero negro. Parte de la materia arrancada a su compañera cae hacia él, mientras otra parte sale disparada en dos chorros relativistas. Los investigadores calculan que alcanzan aproximadamente tres cuartas partes de la velocidad de la luz. Uno de ellos está orientado casi directamente hacia nosotros.
Es básicamente un blázar, pero construido alrededor de un agujero negro mucho más pequeño

Los blázares son conocidos desde hace décadas. Aparecen en los centros de galaxias lejanas y están alimentados por agujeros negros supermasivos cuyos chorros relativistas, por casualidad, están prácticamente alineados con la Tierra. Esa geometría amplifica enormemente su brillo debido a efectos relativistas.
Desde la década de 1990, los modelos sugerían que el mismo fenómeno debía ocurrir con agujeros negros de masa estelar dentro de sistemas binarios. De ahí nació el nombre microblázar. IRAS 18293−0941 había sido catalogado ya en 1983, pero permaneció prácticamente ignorado durante décadas. Una de las razones es bastante sencilla: se encuentra detrás de una enorme cantidad de polvo interestelar y resulta extremadamente difícil de observar en luz visible.
El equipo necesitó combinar observaciones ópticas, infrarrojas, de rayos X, gamma y, sobre todo, de radio para reconstruir lo que estaba ocurriendo. La prueba decisiva llegó con la European VLBI Network, una red de radiotelescopios distribuida por varios continentes que puede trabajar como si fuera una única antena gigantesca. Entre los instrumentos participantes estuvo el radiotelescopio de 40 metros de Yebes, en Guadalajara.
Solo vemos uno de los chorros. La relatividad explica dónde está el otro

Las imágenes de radio mostraron una estructura especialmente reveladora: un chorro brillante en un solo lado. No significa que el agujero negro dispare materia únicamente hacia la Tierra. El sistema genera dos chorros opuestos. Lo que ocurre es que el que se aproxima a nosotros aparece intensificado por el movimiento relativista, mientras que el que se aleja queda fuertemente atenuado.
Las observaciones ópticas aportaron además otra pieza del rompecabezas: pequeñas variaciones periódicas en la luz permitieron determinar la órbita de 11,38 días y una geometría compatible con un sistema observado casi de frente. Dos técnicas independientes terminaron apuntando hacia la misma explicación. Pero el chorro invisible dejó otra huella mucho más lejos.
Observaciones del radiotelescopio MeerKAT revelaron una enorme burbuja de unos 100 años luz producida por la interacción del chorro con el medio interestelar. En uno de sus extremos aparece una región brillante donde el flujo impacta contra una nube molecular.
Y podría estar funcionando como un gigantesco acelerador de partículas
Esa región coincide además con emisiones de rayos gamma de energías extraordinarias detectadas por observatorios como LHAASO, HAWC, H.E.S.S. y Fermi.
Los investigadores plantean que el chorro podría acelerar protones hasta energías del orden de los petaelectronvoltios (PeV) antes de que choquen contra el gas de la nube molecular. De confirmarse esa conexión, IRAS 18293−0941 ayudaría a explicar dónde se producen algunas de las partículas más energéticas de nuestra galaxia. Y ahí está quizá la parte más interesante del descubrimiento. Los blázares extragalácticos están tan lejos que muchos de sus procesos resultan imposibles de resolver directamente. Este sistema está dentro de nuestra propia galaxia.
Los astrónomos llevaban 30 años esperando encontrar un blázar en miniatura. Ahora tienen uno lo bastante cerca como para observar cómo cambia prácticamente en tiempo real.