En 1996, los radiotelescopios miraron hacia una región cercana al plano de la Vía Láctea y no encontraron nada especialmente llamativo. Nueve años después, algo había aparecido allí. En 2014 era todavía más brillante y, después de comenzar a apagarse, volvió a aumentar su intensidad a finales de 2025.
Veinte años después de su primera detección, sigue sin estar claro qué es. El objeto se llama VT J1906+0849 y fue identificado como una fuente especialmente brillante durante el Very Large Array Sky Survey (VLASS). Cuando los astrónomos revisaron observaciones anteriores descubrieron que llevaba emitiendo ondas de radio desde al menos 2005 y que llegó a superar los 200 milijanskys en 2014.
Lo realmente extraño apareció al intentar explicar su comportamiento. Produce radiación asociada a partículas relativistas, parece expulsar material a miles de kilómetros por segundo y probablemente contiene un objeto compacto devorando materia. Sin embargo, la zona que produce sus ondas de radio apenas se expande. Los autores aseguran que sus propiedades no se parecen a las de ninguna fuente galáctica de radio identificada hasta ahora.
Lleva 20 años cambiando sin hacer lo que debería hacer una explosión

VT J1906+0849 se encuentra prácticamente sobre el plano de la Vía Láctea. Las observaciones del hidrógeno situado entre nosotros y la fuente indican que está a más de 15 kilopársecs, alrededor de 49.000 años luz, lo suficientemente lejos como para que su luminosidad en radio resulte extraordinaria.
Una explosión podría producir algo semejante durante un tiempo. El problema es que una nube creada por un estallido debería expandirse a medida que pasan los años.
Aquí sucede otra cosa. Observaciones interferométricas de muy alta resolución muestran poca o ninguna expansión apreciable durante más de cinco años, aunque al mismo tiempo su espectro de radio cambia sustancialmente. La emisión presenta además las características de radiación sincrotrón, producida cuando electrones relativistas interactúan con campos magnéticos.
Los astrónomos también buscaron una fuente intensa de rayos X con Swift-XRT. No apareció. Eso crea otra anomalía. Si su enorme luminosidad en radio procede de un sistema binario donde un objeto compacto está acumulando materia, cabría esperar un comportamiento parecido al de otras binarias de rayos X. VT J1906+0849 es demasiado tenue en rayos X y demasiado extraño en radio para encajar cómodamente en esa categoría.
Hay algo expulsando materia a unos 2.000 km/s

El infrarrojo añadió una pista. Los espectros muestran una única línea de emisión ancha que los investigadores interpretan como Brγ de hidrógeno desplazada hacia el azul. Si esa identificación es correcta, indicaría que una corriente de gas está avanzando hacia nosotros a velocidades de alrededor de 2.000 km/s. La línea ha mantenido aproximadamente su posición mientras cambiaban su anchura y luminosidad.
La combinación empieza a dibujar una posibilidad: un objeto compacto podría estar devorando material procedente de una estrella compañera y expulsándolo mediante un chorro. Pero ese chorro no conseguiría escapar libremente.
La mejor explicación es un microcuásar joven, pero sigue siendo una hipótesis
El modelo que los investigadores consideran especialmente prometedor recuerda a SS 433, uno de los microcuásares más famosos de la Vía Láctea. En estos sistemas, un agujero negro o estrella de neutrones roba material de una compañera. Se forma un disco de acreción y aparecen potentes chorros de partículas. Para VT J1906+0849, los autores plantean que un viento extremadamente denso procedente del disco podría estar confinando ese chorro, manteniendo la región de radio compacta aunque continúe recibiendo energía. El mismo material podría además esconder buena parte de los rayos X.
Eso explicaría varias rarezas de una sola vez, pero todavía no demuestra qué hay en su centro. La interpretación de la línea infrarroja tampoco está cerrada y hacen falta nuevas observaciones, especialmente en infrarrojo y rayos X más energéticos.
Por ahora, el hallazgo plantea una posibilidad todavía más interesante: que VT J1906+0849 no sea únicamente un objeto extraño, sino el primero que hemos encontrado de una población de sistemas compactos ocultos por su propio material.
Durante 20 años estuvo emitiendo a través de la Vía Láctea. Lo sorprendente puede ser que no hayamos sabido qué buscar hasta ahora.