Imagen: Desembarco de Normandía (Wikimedia Commons)

Hoy se cumplen 75 años de la fecha que cambió el destino de la Segunda Guerra Mundial: el desembarco de Normandía. Para tan señalado aniversario hemos pensado que, de entre las muchas historias, debíamos destacar a Bill Millin. En medio de la cruenta batalla apareció de la nada y desenfundó su gaita.

El 6 de junio de 1944, Millin, entonces con 21 años, saltó desde la pendiente del bote junto al resto de sus compañeros con dirección a la orilla de Sword Beach. Era el gran día, pero mientras el resto de sus colegas tenían rifles y munición, las manos de Bill estaban completamente vacías.

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Allí, desde la costa, los alemanes pudieron contemplar cómo se acercaba la silueta de un tipo vestido con el equipo completo de las Highland de Escocia, incluyendo su skean dhu (un pequeño puñal) que tenía metido en su calcetín derecho.

La primera parte de su recorrido fue en medio del agua, y a medida que se acercaba al enemigo y mientras veía caer a su alrededor a decenas de compañeros, Bill comenzó a captar el hedor de su propio vómito tras una noche en aguas agitadas en el pequeño bote.

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Imagen: Millin durante la guerra (Wikimedia Commons)

En cualquier caso, y para ser honestos con su increíble historia, Bill no estaba completamente desarmado. Llevaba consigo sus valiosas gaitas, y este fue el primer detalle que hizo dudar al enemigo. ¿Qué clase de soldado se estaba acercando lentamente con las manos arriba? Era Millin, y lo que trataba de hacer mientras la mitad de su cuerpo estaba sumergido era que sus gaitas no tocaran las frías aguas.

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Y es que el sonido de sus gaitas se convirtió en una terrible premonición para los alemanes, quienes denominaron a sus instrumentos las “Damas del Infierno”. Un sonido que producía el efecto contrario entre los aliados, de hecho, los historiadores recuerdan que las gaitas de Millin aumentaron el espíritu de todas las tropas británicas.

Para entender la llegada de semejante personaje a la batalla más famosa del conflicto bélico debemos retroceder en el tiempo. La interpretación de Bill con sus gaitas había sido cuidadosamente planeada como parte de la operación. Mientras se entrenaba cerca de Fort William, se había hecho amigo de Lord Lovat, el oficial que controlaba la 1ra Brigada de Servicios Especiales.

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Bill nunca destacó por su altura. Su padre fue policía en Glasgow, y uno de los primeros recuerdos que tenía de su infancia era que tenía que dormir a la intemperie mientras su familia regresaba a Escocia desde Canadá en 1925. Lovat, también escocés, era todo lo contrario, y por ello quizás le ofreció un trabajo tan peculiar.

Imagen: Primer plano de Millin durante el desembarco (Wikimedia Commons)

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Le había pedido que se convirtiera en su propio gaitero personal. Desde Londres se había promulgado un decreto que prohibía a los gaiteros tocar su música en la batalla, pero Bill y Lovat tenían un plan para oponerse, como escoceses que eran. Lovat quería que las gaitas encabezaran la carga en lo que dijo que sería “la invasión más grande de la historia”.

Así fue como aquella escena del gaitero en el desembarco de Normandía se hizo realidad. Mientras Lovat y Bill se metían en las arenas de Sword Beach, Lovat le pidió que tocara. Bill comenzó con Hielan Laddie. El macabro concierto continuó con una petición personal de Lovat, The Road to the Isles.

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Y así, Bil caminó como un gaitero por el borde del mar hasta adentrarse en la playa y recorrerla tres veces ida y vuelta. Más tarde recordó la sensación de la arena bajo sus pies, temblando cada vez que se producía un disparo de mortero y los cuerpos de tropas caían rodando y golpeando sus piernas. Durante el resto de aquel día, cada vez que se lo pedían, Bill volvía a tocar.

De alguna forma, Bill canalizó las fuerzas de la invasión a las costas de Francia, tocando sin pestañear cuando los hombres caían a su alrededor. Una serenata suicida cuyos peores momentos ocurrieron cuando estuvo entre los heridos. Todos querían ayuda médica y se sorprendían al ver a esta figura paseando arriba y abajo mientras tocaba las gaitas. “Sentirse tan indefenso”, dijo Millin después, “fue horrible”.

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Vestimenta de Millin el día del desembarco en exhibición en el Museo Dawlish
Imagen: Billmillinfan (CC BY-SA 3.0)

Sin embargo, para muchos otros soldados el gaitero proporcionó un impulso único a la moral. Como recordaba muchos años después el soldado Tom Duncan:

Nunca olvidaré escuchar las gaitas de Bill Millin. Es difícil describir el impacto que tuvo. Nos dio un gran impulso y aumentó nuestra determinación. Además del orgullo que sentimos, nos recordó el hogar y por qué estábamos allí luchando por nuestras vidas y las de nuestros seres queridos.

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Bill tocó mientras las tropas avanzaban a lo largo del Canal de Caen, y vio en repetidas ocasiones los disparos de rifles, entonces se detenía y notaba que todos los que estaban detrás de él habían caído al suelo. Bill volvía a tocar de nuevo. Luego condujo a los hombres por la calle de Benouville mientras comenzaba Blue Bonnets over the Border, y se negó a correr cuando un Comandante del Comando 6 le dijo que lo hiciera. “Los gaiteros caminan mientras tocan, ¡no corren!”, le dijo en una especie de trance convertido para entonces en un intérprete con principios inquebrantables.

Se suponía que los gaiteros solo debían usarse en las áreas de batalla de la retaguardia, de acuerdo con las reglas establecidas por el ejército británico, sin embargo, Lovat ignoró dicha regla y ordenó a Bill que tocara en el frente.

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Estatua en honor de Millin
Imagen: Billmillinfan (CC BY-SA 3.0)

El detalle de su aparente inmortalidad en medio de la masacre se resolvió al final de la contienda. En un momento dado, Bill Millin se acercó a los alemanes capturados y les preguntó por qué demonios no habían acabado con él. Los soldados le confirmaron que nadie fue a por él porque pensaban que estaban ante un lunático.

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El soldado, convertido en el “loco gaitero” desde entonces, regresó a Inglaterra en septiembre de 1944, aunque luego acompañó a un comando a Holanda terminando la guerra en Lubeck. Tras dejar las armas (en su caso la gaita) aceptó la oferta de un trabajo en la finca de Lord Lovat. Posteriormente se unió a una compañía de teatro en una gira tocando sus gaitas en escenarios de Londres y Belfast. A finales de la década de 1950, se formó en Glasgow como enfermero y trabajó en tres hospitales de la ciudad.

Bill Millin donó sus gaitas al Museo Nacional de la Guerra en Edimburgo, aunque antes las tocó por última vez en el funeral de Lord Lovat en 1995. Quince años después, en 2010, Piper Bill Millin fallecía a los 88 años. El gaitero loco, una suerte de primo hermano de Mad Jack, ponía fin a la increíble historia de un hombre con una fe inquebrantable en el poder de su música para la resolución de la guerra. [Wikipedia, Telegraph, Scotsman]

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