Imagen: Acaro de la piel (Ran Yuping et al/CC BY-SA 3.0)

Es muy posible que al acabar este artículo te hagas la siguiente pregunta: ¿De verdad tenía que saber esto? Diría que la respuesta depende. El saber no ocupa lugar, aunque nada va a cambiar y esas criaturas seguirán disfrutando de tu rostro para comer, aparearse, y finalmente morir.

Se trata de los ácaros de la piel, los cuáles a su vez se dividen en dos subgrupos cuando nos referimos a las criaturas microscópicas que habitan en nuestro rostro: el Demodex brevis y el Demodex folliculorum.

Estos ácaros son unos artrópodos mucho más pequeños que un grano de arena, una especie de arácnido, ya que sus parientes más cercanos son las garrapatas o las arañas, a los que les encanta el aceite y las células de nuestra piel, particularmente en las zonas más grasas como la nariz, mejillas y frente.

Estudios anteriores sugieren que estas criaturas han estado viviendo con nosotros desde los albores de la humanidad, hace más de 200 mil años. Hoy también sabemos que ninguno de nosotros escapa a estos ácaros, ya que prácticamente todos los adultos del planeta cuentan con miles de ellos.

Lo bueno: que son prácticamente inofensivos. En el caso de los folliculurom, se encuentran en los poros y funículos de nuestros pelos, mientras que los brevis se asientan en las glándulas sebáceas. Ambos se muestran similares al microscopio, criaturas de ocho patas diminutas muy cerca de la cabeza, con un cuerpo alargado y una forma de andar que parecen estar deslizándose por el aceite de la piel, eso sí, a velocidades tremendamente lentas.

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En un momento dado de la vida azarosa de estas criaturas, cuando ven un poro con un espacio lo suficientemente grande, depositan sus huevos, normalmente grandes (hasta un tercio de su cuerpo). De esta forma, la especie ha sobrevivido y perpetuado en el tiempo haciendo de nuestro rostro un paraíso terrenal.

Puede que te lo estés preguntando: vale, son inofensivos pero, ¿defecan en nuestro rostro? No exactamente. Al parecer, estos ácaros no tienen ano, así que en su defecto, los restos que deberían expulsar en vida se guardan en el interior hasta el momento de la muerte, momento en que explotan esparciendo sus desechos por nuestra piel.

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Demodex folliculorum
Imagen: A.J.E. Terzi, ca. 1919 (CC BY 4.0)

Por cierto, los ácaros también se aparean, además lo hacen nada más nacer por todo nuestro rostro, y como los humanos, la mayoría prefiere hacerlo en la noche y luego regresar a sus poros.

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Y por mucho que nos lavemos la cara o incluso nos tratemos con antibióticos o fármacos, estos ácaros regresarán en unas seis semanas como máximo. Lo harán a través de otras personas, o con elementos como las toallas o almohadas. Y aunque son inofensivos, hay un caso donde se pueden convertir en un problema.

Esto ocurre cuando la población de ácaros crece fuera de control. A su vez, esto normalmente suele pasar con personas cuyo sistema inmunológico está más deteriorado. Como resultado de ello en ocasiones producen irritaciones en la piel.

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Así que la próxima vez que te pellizques o te rasques la cara, piensa que posiblemente estés despertando a alguna de estas microscópicas criaturas que habitan nuestro rostro desde hace miles de años. [Science Insider]