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Ciencia

Un astronauta perdió repentinamente la capacidad de hablar en la Estación Espacial Internacional. El episodio podría cambiar la forma en que la NASA prepara las futuras misiones a Marte

Mike Fincke llevaba cinco meses en órbita cuando, durante una cena rutinaria, ocurrió algo inesperado: dejó de poder hablar durante 20 minutos. El incidente obligó a la NASA a adelantar el regreso de la misión y volvió a poner sobre la mesa una pregunta inquietante: ¿qué ocurre si una emergencia médica sucede demasiado lejos para volver rápidamente a la Tierra?
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Hay algo especialmente inquietante en imaginar una emergencia médica a 400 kilómetros sobre la Tierra. No hay ambulancias. No hay hospitales. No existe una sala de urgencias esperando detrás de una puerta. Solo una pequeña tripulación flotando dentro de una estación metálica mientras el planeta gira debajo a 28.000 kilómetros por hora. Y eso fue exactamente lo que ocurrió con Mike Fincke.

El veterano astronauta de la NASA llevaba cinco meses en la Estación Espacial Internacional cuando, durante una cena aparentemente normal en enero, perdió repentinamente la capacidad de hablar. El episodio duró unos 20 minutos. No sintió dolor. Pero algo estaba claramente mal.

Sus compañeros reaccionaron de inmediato. “Fue completamente inesperado. Ocurrió con una rapidez asombrosa”, explicó Fincke después de regresar a la Tierra. La situación fue suficientemente seria como para que la NASA tomara una medida inédita: acortar la misión SpaceX Crew-11 y traer de vuelta a la tripulación antes de lo previsto. Y aunque todo terminó bien, el incidente dejó una pregunta incómoda flotando en el aire: ¿qué pasará cuando los astronautas estén demasiado lejos para regresar?

La Estación Espacial Internacional todavía tiene una ventaja enorme: está “cerca” de casa

Fincke regresó a la Tierra ocho días después del episodio. Eso significa que no se trató de una evacuación extrema, pero sí de un cambio de planes suficientemente importante como para alterar toda la misión.

Hasta ahora, ningún astronauta de los más de 290 visitantes de la ISS había tenido que regresar antes de tiempo por un problema médico de este tipo. La NASA no reveló exactamente qué ocurrió. Y eso no es extraño. La agencia suele mantener bajo confidencialidad los detalles médicos de sus astronautas. Sin embargo, varios expertos creen que el episodio podría estar relacionado con los efectos que la microgravedad provoca sobre el flujo sanguíneo.

En el espacio, la sangre y otros fluidos dejan de acumularse en las piernas y empiezan a desplazarse hacia la cabeza. Ese fenómeno altera la presión intracraneal, modifica el funcionamiento cardiovascular y puede afectar múltiples sistemas del cuerpo humano.

Algunos médicos mencionan incluso la posibilidad de un AIT (un ataque isquémico transitorio), una especie de “mini accidente cerebrovascular” temporal causado por una interrupción momentánea del flujo sanguíneo cerebral. Lo inquietante es que la microgravedad parece favorecer varios de esos factores de riesgo.

El cuerpo humano sigue reaccionando al espacio de formas que todavía no entendemos del todo

Un astronauta perdió repentinamente la capacidad de hablar en la Estación Espacial Internacional. El episodio podría cambiar la forma en que la NASA prepara las futuras misiones a Marte
© Getty Images / Paul Hennessy/Anadolu Agency.

Después de más de medio siglo de vuelos espaciales, la NASA continúa descubriendo nuevos efectos físicos asociados a la vida fuera de la Tierra. La agencia divide los principales riesgos en cinco grandes categorías: radiación, aislamiento, distancia, microgravedad y entornos hostiles. Y prácticamente todos los sistemas del cuerpo terminan afectados de una forma u otra.

Los astronautas pierden masa ósea y muscular. El corazón trabaja menos. El sistema inmunitario se debilita. La visión puede deteriorarse. Incluso el cerebro parece adaptarse físicamente a la ausencia de gravedad.

Uno de los problemas más estudiados es el SANS, el síndrome neuro-ocular asociado a vuelos espaciales. Aproximadamente el 70% de los astronautas de la ISS presentan algún grado de hinchazón ocular o alteración visual durante misiones largas. Y luego está la radiación.

Fuera de la protección magnética terrestre, los astronautas quedan expuestos a partículas de alta energía capaces de aumentar el riesgo de cáncer, enfermedades degenerativas y posibles daños neurológicos a largo plazo. Todo esto ocurre en órbita baja terrestre. Marte sería otra historia muchísimo más extrema.

El verdadero problema aparece cuando regresar ya no es posible

La ISS mantiene comunicación casi constante con la Tierra. Los astronautas pueden recibir instrucciones médicas en tiempo real y, si la situación lo requiere, regresar relativamente rápido.

Una misión a Marte rompe completamente esa lógica. Cuando una nave viaje hacia el planeta rojo, las comunicaciones podrían tardar hasta 20 minutos en llegar a la Tierra… y otros 20 minutos en recibir respuesta. En la práctica, una emergencia médica compleja obligaría a la tripulación a actuar completamente sola. Y ahí es donde el caso de Fincke adquiere una dimensión mucho más importante.

Porque la NASA no solo está investigando qué ocurrió, sino qué significa para el futuro de la exploración espacial humana.

La medicina espacial del futuro podría empezar antes incluso del lanzamiento

La agencia ya trabaja en soluciones bastante futuristas. Uno de los proyectos más prometedores utiliza “chips de órganos”: pequeños modelos biológicos creados a partir de células humanas que permiten simular cómo reaccionaría el cuerpo de un astronauta ante la radiación o las condiciones del espacio profundo.

La idea es simple y ambiciosa al mismo tiempo: predecir problemas antes de que ocurran. La NASA quiere que, en el futuro, cada astronauta pueda viajar con tratamientos médicos personalizados diseñados específicamente para sus riesgos biológicos individuales. Algo parecido a un “kit de supervivencia médica” adaptado genéticamente a cada tripulante.

También empieza a surgir otra posibilidad lógica: incluir médicos especializados dentro de las futuras tripulaciones interplanetarias. Muchos astronautas ya son médicos, pero en Marte esa combinación podría dejar de ser una ventaja adicional para convertirse en una necesidad absoluta.

El espacio sigue siendo un experimento gigantesco sobre el cuerpo humano

Hay una frase del médico y astronauta Scott Parazynski que resume perfectamente el problema. “Ir al espacio es una especie de proceso de envejecimiento acelerado”. Y quizá esa sea la parte más fascinante (y más inquietante) de toda esta historia. Porque mientras soñamos con bases lunares, colonias marcianas y viajes de años lejos de la Tierra, el cuerpo humano sigue recordándonos algo muy simple: evolucionó aquí abajo.

Cada misión larga continúa funcionando como un experimento biológico a gran escala. Y el episodio de Mike Fincke dejó claro que todavía existen límites invisibles que apenas empezamos a comprender.

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