En julio de 2025, México publicó una importante reforma a la Ley General de Vida Silvestre que modificó las reglas para mantener mamíferos marinos en cautiverio. Entre otras medidas, la normativa restringió los espectáculos y estableció nuevas condiciones para el manejo de cetáceos, incluyendo su futura reubicación en corrales marinos cuando sea posible. También dispuso que los nacimientos posteriores solo pueden producirse por causas fortuitas y que las crías no pueden convertirse en una nueva fuente de lucro.
Más de un año después, el caso de un joven delfín llamado Gary está poniendo a prueba cómo funciona ese marco legal en la práctica.
Según la organización mexicana Veeleaf, Gary nació en cautiverio en Dolphin Discovery Puerto Aventuras, en Quintana Roo, después de la aprobación de la reforma. La organización asegura que comenzó a documentarlo en noviembre de 2025 y que posteriormente observó un proceso progresivo de acercamiento y entrenamiento con cuidadores.
Una cría nacida después de la reforma
Veeleaf sostiene que Gary sería hijo de Gioconda, una hembra que lleva años en instalaciones de Dolphin Discovery. La fecha exacta del nacimiento no está confirmada públicamente, aunque la organización estima que ocurrió cerca de noviembre de 2025.
El caso resulta relevante porque la reforma establece que, cuando ocurre un nacimiento fortuito, los responsables deben financiar la manutención del animal, notificar a las autoridades y demostrar que habían aplicado medidas destinadas a evitar la reproducción. La Secretaría de Medio Ambiente también puede determinar posteriormente las condiciones de manejo, reubicación y custodia de la madre y la cría.

Por eso, la existencia de Gary abre interrogantes sobre cómo se están aplicando esas disposiciones y qué controles existen sobre los nacimientos registrados después de la entrada en vigor de la norma.
Del cuidado materno al entrenamiento
De acuerdo con los videos recopilados por Veeleaf, Gary permaneció durante sus primeros meses muy cerca de su madre. La organización interpreta que Gioconda inicialmente mostraba conductas protectoras cuando cuidadores intentaban acercarse a la cría.
Con el paso de los meses, sin embargo, los investigadores observaron una mayor interacción de Gary con los entrenadores y lo que describen como un proceso de aprendizaje asociado a recompensas alimentarias. Estas interpretaciones corresponden a Veeleaf y no equivalen por sí mismas a una evaluación veterinaria independiente del estado físico o conductual de los animales.
La reforma todavía permite determinadas interacciones humanas con cetáceos previamente registrados, siempre que estén supervisadas y cumplan restricciones específicas. Prohíbe, por ejemplo, montar a los animales, desplazarse sujetos de sus aletas o realizar prácticas que puedan comprometer su integridad.

Una transición más compleja de lo previsto
Gary no es el único caso que ha generado cuestionamientos. Organizaciones de protección animal han denunciado otros nacimientos y problemas vinculados con el futuro de los delfines que permanecen en cautiverio. Paralelamente, distintos operadores han recurrido a procedimientos judiciales contra las nuevas disposiciones, mientras las autoridades enfrentan el desafío de encontrar instalaciones adecuadas para los animales existentes.
La propia reforma concedió hasta 18 meses desde la presentación de los inventarios correspondientes para trasladar cetáceos a corrales marinos u otras instalaciones permitidas por la legislación.
El caso de Gary muestra así que modificar la ley fue solo el primer paso. La cuestión ahora pasa por determinar cómo se controlan los nuevos nacimientos, qué actividades siguen siendo legales durante la transición y cuál será el destino de los cientos de cetáceos que continúan viviendo en instalaciones de cautiverio en México.