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Ciencia

En un bosque italiano con más de 300.000 grabados prehistóricos ya catalogados, encontraron una roca que nadie había registrado en 70 años

No es un yacimiento nuevo ni un rincón inexplorado. Es uno de los sitios de arte rupestre más estudiados de Europa, y aun así seguía guardando una superficie entera que nadie había documentado
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En el Parco Nazionale delle Incisioni Rupestri di Naquane, en los Alpes lombardos, a unos 90 kilómetros de Brescia y 120 de Milán, un equipo de arqueólogos documentó una superficie rocosa grabada que había permanecido sin registrar hasta ahora: un panel con figuras humanas, huellas de pies, una probable huella de mano, una estrella y varias casas y hachas talladas sobre la piedra. El hallazgo se produjo en la zona situada aguas abajo del Coren del Valento, cerca de la Roccia 60, famosa por albergar la Rosa Camuna, el símbolo solar que identifica a la región de Lombardía desde 1975.

Un cambio de enfoque: no solo catalogar imágenes

Rocas Grabadas En Naquane
© Andrea Raffin – Shutterstock

El hallazgo forma parte de una campaña sistemática iniciada el 29 de septiembre de 2025, fruto de un acuerdo entre la Direzione Regionale Musei Nazionali Lombardia y el Departamento de Estudios Humanísticos de la Universidad de Pavía, codirigida por los investigadores Paolo Rondini y Maria Giuseppina Ruggiero. El objetivo declarado no es simplemente sumar hallazgos a un catálogo ya enorme (Naquane reúne 104 rocas grabadas en poco más de 14 hectáreas de bosque, y todo el valle de Val Camónica suma más de 300.000 petroglifos repartidos en ocho parques arqueológicos), sino cruzar por primera vez de forma sistemática la estratigrafía del terreno con las estructuras y las rocas grabadas que se encuentran alrededor, algo así como pasar de estudiar un texto suelto a reconstruir el archivo completo al que pertenece.

Sílex y cerámica de hace unos 6.000 años

Cerca de la nueva roca, los arqueólogos también documentaron una estructura de muros en piedra seca que podría corresponder a un antiguo edificio, aunque todavía se desconoce si guarda alguna relación cronológica con los grabados vecinos. Aguas arriba de la Roccia 1, conocida como la Gran Roca (el panel más extenso del parque, con más de 2.000 grabados superpuestos), el equipo recuperó además fragmentos de sílex y cerámica atribuidos al Neolítico Tardío, aproximadamente la parte avanzada del IV milenio antes de Cristo, un período cercano al inicio de la construcción de los grandes monumentos megalíticos europeos, según La Brújula Verde.

Por qué fechar estos símbolos es tan difícil

Interpretar el nuevo panel es más complicado de lo que parece a simple vista. Ni las huellas de pies, ni las hachas, ni las representaciones de edificios son motivos exclusivos de un único período del arte rupestre camuno: aparecen en contextos cronológicos muy distintos a lo largo de miles de años, y su datación depende sobre todo de con qué otras figuras aparecen relacionadas y cuáles se superponen a cuáles. Las huellas de pies y de calzado están especialmente documentadas durante la Edad del Hierro camuna, aunque también aparecen en fases más antiguas; las hachas suelen vincularse en ciertos contextos con representaciones de armas y poder; y las casas, uno de los motivos más estudiados del repertorio de Naquane, ayudan a reconstruir cómo imaginaban su propio espacio habitado las comunidades que las grabaron, aunque tampoco constituyen por sí solas un marcador cronológico confiable.

El problema de hablar de «los camunos» sin matices

El hallazgo también obliga a manejar con cuidado un término muy repetido al hablar de este valle: «camunos», un nombre que proviene de fuentes romanas y designaba a los pueblos que habitaban la zona en época histórica, aunque la tradición de grabar estas rocas se remonta mucho más atrás, hasta el Neolítico. Atribuir de forma automática cualquier grabado de Naquane a «los camunos» corre el riesgo de borrar miles de años de cambios culturales entre comunidades que, aunque compartieron el mismo territorio, pudieron tener muy poco en común entre sí. Las próximas fases de la campaña, previstas para continuar durante 2026, buscarán establecer relaciones estratigráficas más precisas entre los materiales hallados en el suelo y las imágenes grabadas en la roca.

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