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Ciencia

Encontraron partículas de desgaste de neumáticos en el suelo de la Antártida a 120 km de cualquier humano: el 54% de las muestras tenía nanoplásticos

Un estudio publicado en Nature Scientific Reports analizó 13 muestras de suelo superficial y 4 de profundidad en los Valles Secos de McMurdo, la región antártica más alejada de bases científicas permanentes. El 54% de los puntos superficiales tenía nanoplásticos detectables, con concentraciones de hasta 295 nanogramos por gramo de suelo. El plástico más abundante fue polipropileno (41,9%), seguido por partículas de desgaste de neumáticos (29,6%). Los modelos atmosféricos sugieren origen tanto local (bases a 120 km) como transporte de largo alcance
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Los Valles Secos de McMurdo son uno de los lugares más inhóspitos y más prístinos de la Tierra. Sin cobertura de hielo permanente, con precipitaciones prácticamente nulas y sin población humana permanente, los valles de Taylor y Wright en la Antártida eran hasta hace poco considerados un ecosistema de referencia, uno de los pocos lugares del planeta donde la actividad humana podía considerarse insignificante. El ser humano más cercano, en las bases científicas de McMurdo, Base Scott o Marble Point, está a unos 100 o 120 kilómetros.

Un estudio publicado en Nature Scientific Reports acaba de eliminar esa distinción. Los investigadores analizaron muestras de suelo tomadas en esos valles en enero de 2023 y encontraron nanoplásticos en el 54% de los puntos de muestreo superficial. Entre los materiales identificados estaban polietileno, polipropileno, tereftalato de polietileno, poliestireno, cloruro de polivinilo, y partículas procedentes del desgaste de neumáticos de caucho. Partículas de neumáticos a 120 kilómetros del ser humano más cercano.

Por qué los nanoplásticos son peores que los microplásticos

Nanoplasticos
© SIVStockStudio – Shutterstock

El estudio se centra específicamente en nanoplásticos, partículas con un diámetro inferior a un micrómetro, un milésimo de milímetro. Son entre 10 y 1.000 veces más pequeñas que los microplásticos, que ya son invisibles a simple vista. Esa diferencia de tamaño no es solo cuantitativa sino cualitativa en términos de comportamiento ambiental y toxicológico.

Los nanoplásticos pueden desplazarse con mucha más facilidad que los microplásticos, tanto por vía atmosférica como a través del suelo y el agua. Pueden interactuar con otros contaminantes, adsorbiendo metales pesados o compuestos orgánicos persistentes y transportándolos a lugares donde de otro modo no llegarían. Y, lo que más preocupa a los toxicólogos, pueden atravesar barreras biológicas que los plásticos de mayor tamaño no pueden cruzar: membranas celulares, la barrera hematoencefálica en vertebrados, la placenta.

Detectarlos es técnicamente difícil, lo que explica en parte por qué la investigación sobre nanoplásticos va por detrás de la de microplásticos. El estudio empleó un protocolo de análisis especialmente desarrollado y una técnica de alta sensibilidad basada en espectrometría de masas con reacción de transferencia de protones y desorción térmica, capaz de medir concentraciones extremadamente bajas en matrices complejas como el suelo. Sin esa técnica, las partículas habrían pasado desapercibidas.

Los resultados: polipropileno dominante y partículas de neumático en profundidad

El análisis de las 13 muestras superficiales y las 4 de profundidad (tomadas a más de 20 centímetros) reveló presencia de nanoplásticos en el 54% de los puntos superficiales, con concentraciones que llegaron hasta 295 nanogramos por gramo de suelo. En las muestras de profundidad, la detección fue positiva en la mitad de los casos, aunque en cantidades menores, lo que sugiere que parte de las partículas migran verticalmente dentro del perfil del suelo.

El material más abundante fue el polipropileno, con un 41,9% del total en masa. El polipropileno es uno de los plásticos más producidos del mundo y se usa en envases, contenedores, equipamiento de laboratorio, componentes de vehículos y miles de otros productos. El segundo material más abundante fue el más inesperado: partículas procedentes del desgaste de neumáticos, con un 29,6% del total. Los neumáticos contienen caucho sintético, negro de carbono y otros aditivos que se desprenden como partículas submicroscópicas durante el rodamiento normal de los vehículos y que la lluvia y el viento transportan. El polietileno completó el podio con un 14,6%.

Cómo llegaron: transporte atmosférico de largo alcance y fuentes locales

El origen de los nanoplásticos detectados en los Valles Secos es la pregunta más compleja del estudio. Los investigadores emplearon modelos atmosféricos retrospectivos para rastrear las trayectorias del aire que llegó a los puntos de muestreo en los días anteriores a la toma de muestras, e identificaron dos fuentes principales.

La primera es local: las estaciones científicas McMurdo, Base Scott y Marble Point, a unos 100-120 kilómetros de los puntos de muestreo, generan partículas plásticas a través de la actividad científica, el equipamiento, los vehículos y los residuos. Durante el verano antártico, cuando la actividad en esas bases es más intensa, los modelos atribuyen una fracción mayor de las partículas detectadas a esas fuentes cercanas.

La segunda es el transporte atmosférico de largo alcance. Los vientos circumpolares antárticos pueden trasladar partículas desde continentes lejanos hacia el interior de la Antártida. Durante el invierno austral, cuando la actividad local es mínima, los modelos sugieren que una fracción importante de las partículas proviene de fuentes externas al continente. Los nanoplásticos derivados del desgaste de neumáticos son especialmente indicativos de esta segunda vía: no hay vehículos rodando en los Valles Secos, y las bases científicas cercanas usan principalmente vehículos sobre nieve o helicópteros.

Los autores advierten que las concentraciones detectadas probablemente subestiman las reales, ya que los métodos de extracción de nanoplásticos del suelo no son perfectamente eficientes, lo que significa que parte del material presente en las muestras puede no haberse recuperado. Como documenta el paper publicado en Nature Scientific Reports, el trabajo establece la primera línea de base cuantitativa de nanoplásticos en suelos antárticos continentales y sienta las bases para evaluar si las concentraciones aumentarán, se estabilizarán o podrán reducirse con mejoras en la gestión de residuos en las bases científicas y con reducciones de emisiones en origen.

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