Una isla remota y un experimento sin precedentes
A 40 kilómetros de la costa de Tanzania, en el océano Índico, se alza la isla Latham, una pequeña franja de roca de apenas siete campos de fútbol, deshabitada y aislada del mundo. Allí, un grupo de científicos del Instituto Weizmann de Ciencias (Israel) logró algo inédito: registrar la actividad neuronal de mamíferos en libertad.
El estudio, publicado en Science, utilizó microdispositivos implantados en murciélagos frugívoros para analizar cómo su cerebro procesa la orientación espacial. Los resultados revelaron que su “brújula interna” funciona a escala global y se mantiene estable sin depender de la luz lunar ni de las estrellas.
La búsqueda de un laboratorio natural
El neurocientífico Nachum Ulanovsky llevaba años intentando estudiar la navegación animal fuera del laboratorio. “Necesitábamos un entorno aislado, sin árboles altos y lo bastante pequeño como para recapturar a los murciélagos”, explicó. Tras una larga búsqueda en Google Earth, halló la isla ideal.
En febrero de 2023, el equipo se instaló en la costa de Tanzania, acondicionó un laboratorio en un instituto veterinario y preparó seis murciélagos con el dispositivo de registro neuronal más pequeño del mundo, capaz de medir la actividad cerebral y la posición GPS durante el vuelo.
Una vez en la isla, el grupo enfrentó condiciones extremas: el paso del ciclón Freddy, el más duradero jamás registrado, retrasó la primera fase del experimento. Solo cuando el clima se estabilizó pudieron liberar a los murciélagos para sus vuelos nocturnos.

La brújula cerebral: neuronas que marcan el norte
Durante el estudio, los investigadores registraron la actividad de más de 400 neuronas asociadas a la orientación. Cada vez que un murciélago dirigía la cabeza hacia una dirección concreta —por ejemplo, el norte—, se activaba un conjunto específico de células.
El hallazgo más sorprendente fue que estas neuronas mantenían su referencia direccional constante en toda la isla. “La brújula es global y uniforme: norte siempre es norte”, señaló Ulanovsky. “Ni la velocidad, ni la altitud, ni el paisaje alteran esa referencia”.
Aprendizaje y memoria espacial
Durante las primeras noches, la actividad neuronal mostraba cierta inestabilidad, pero tras varios días los patrones se consolidaron. Los científicos creen que los murciélagos aprenden gradualmente los puntos de referencia visuales del entorno, en lugar de guiarse por el campo magnético terrestre.
“La topografía de la isla, con acantilados y grandes rocas, probablemente sirvió como mapa visual”, detalló Ulanovsky. Este proceso de aprendizaje sugiere un sistema de navegación altamente sofisticado, basado en cálculos neuronales complejos y memoria espacial.
Más allá de las estrellas
Para comprobar si los murciélagos se orientaban con el Sol, la Luna o las estrellas, los científicos compararon la actividad cerebral antes y después de la salida lunar. El resultado fue claro: la brújula se mantuvo estable incluso con el cielo cubierto.
“Los cuerpos celestes no son esenciales”, explicó el investigador. “Sin embargo, podrían servir como calibradores iniciales, ayudando a sincronizar la brújula durante las primeras noches en un entorno nuevo”.

De los murciélagos al cerebro humano
Las células de orientación de la cabeza son un mecanismo evolutivo presente en muchas especies, desde insectos hasta mamíferos. Su estudio permite comprender cómo los cerebros construyen mapas internos del espacio, un conocimiento que podría ayudar a diagnosticar o tratar trastornos de orientación y memoria, como el Alzheimer.
“El cerebro humano podría depender de un sistema similar”, afirmó Ulanovsky. “Nuestra capacidad para orientarnos es un vestigio esencial de la evolución, y comprenderla puede revelar cómo el cerebro organiza la experiencia espacial”.
El futuro de la neurociencia en la naturaleza
Esta expedición marca un antes y un después en la neurociencia de campo. Gracias a la miniaturización tecnológica y al trabajo interdisciplinario, los científicos demostraron que estudiar la mente en libertad ya es posible.
“Los experimentos de laboratorio son cruciales, pero nada reemplaza la complejidad del mundo real”, concluyó Ulanovsky. “Nuestra brújula cerebral, como la de los murciélagos, necesita del entorno para entender dónde estamos”.
Fuente: Infobae.