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Ciencia

Encontraron una serpiente de 80 millones de años en Brasil y descubrieron algo desconcertante. Su cerebro está cambiando lo que sabíamos de estos reptiles

El fósil de una serpiente de 42 centímetros encontrado en Brasil permitió reconstruir su cerebro mediante tomografías. El hallazgo revela una sorprendente diversidad entre los reptiles que vivieron hace 80 millones de años.
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Las serpientes llevan millones de años desplazándose sin extremidades, pero la ciencia todavía no ha conseguido resolver una pregunta aparentemente sencilla: ¿por qué sus antepasados terminaron adoptando esa forma corporal? Algunas teorías apuntan a una adaptación para excavar bajo tierra, mientras que otras sugieren que el cambio comenzó en ambientes acuáticos. Durante décadas, el problema ha sido que apenas existen fósiles suficientemente completos para comprobarlo.

Ahora, una serpiente de apenas 42 centímetros que vivió hace unos 80 millones de años en el actual territorio de Brasil ha aportado una pista inesperada. El animal, bautizado como Tametara mirim, conserva partes de su anatomía con un nivel de detalle extraordinario. Gracias a esa preservación, los científicos lograron reconstruir estructuras internas de su cráneo y descubrieron que las primeras serpientes ya habían desarrollado adaptaciones muy diferentes entre sí.

El hallazgo sugiere que la evolución de estos reptiles no siguió una única trayectoria desde un ambiente determinado, sino que fue mucho más diversa de lo que se creía.

Una serpiente diminuta conservó una pista que los dinosaurios dejaron enterrada

Encontraron una serpiente de 80 millones de años en Brasil y descubrieron algo desconcertante. Su cerebro está cambiando lo que sabíamos de estos reptiles
Restos fósiles de Tametara mirim, con parte de la columna vertebral y elementos del cráneo preservados en conexión anatómica. © Natural History Museum de Los Ángeles.

El fósil apareció en 2020 en una cantera de Presidente Prudente, en el estado brasileño de São Paulo. Fue descubierto por William Nava y Giovanna Paixão, investigadores del Museo de Paleontología de Marília, entre sedimentos de la Formación Adamantina, correspondientes al Cretácico Superior.

Se trata del primer fósil articulado de serpiente encontrado en Brasil, una condición excepcional porque parte de sus huesos permanecieron conectados. Los restos conservan aproximadamente el 70% de la columna vertebral y el 60% del cráneo, incluyendo estructuras especialmente importantes para investigar su evolución.

Según el estudio publicado en la revista Nature, el animal representa uno de los linajes más tempranamente divergentes conocidos dentro de la historia evolutiva de las serpientes. Esto no significa que fuera el antepasado directo de las especies actuales, sino que permite estudiar características de ramas antiguas del grupo.

El equipo internacional, encabezado por el paleontólogo Tiago Simões, de la Universidad de Princeton, recurrió a microtomografías computarizadas de alta resolución para examinar el interior del cráneo sin destruirlo. Las imágenes permitieron reconstruir digitalmente regiones relacionadas con el cerebro, los nervios craneales y el oído interno. Y fue precisamente allí donde apareció la información más reveladora.

Su cerebro reveló que vivía bajo tierra, pero también destapó una contradicción evolutiva

Encontraron una serpiente de 80 millones de años en Brasil y descubrieron algo desconcertante. Su cerebro está cambiando lo que sabíamos de estos reptiles
Reconstrucciones tridimensionales del cráneo, las vértebras y la cavidad endocraneal de Tametara mirim obtenidas mediante microtomografía. © Nature.

Los investigadores identificaron un cráneo robusto, con huesos densos y estructuras compatibles con la excavación. El oído interno presentaba características asociadas con animales adaptados a desplazarse por espacios subterráneos, mientras que las reconstrucciones de la cavidad cerebral mostraron una organización diferente de la observada en muchas serpientes actuales. Pero identificar una serpiente excavadora de 80 millones de años no resuelve automáticamente cómo surgieron todas las demás. De hecho, el resultado más interesante apareció cuando los científicos compararon su anatomía con la de Dinilysia patagonica, otra serpiente prehistórica encontrada en Argentina.

Aunque ambas vivieron durante el Cretácico, sus estructuras cerebrales eran considerablemente diferentes. Mientras Tametara mostraba adaptaciones compatibles con una vida subterránea, Dinilysia presentaba características más propias de un animal que se desplazaba sobre la superficie terrestre. La Universidad de Princeton explica que los investigadores combinaron estas reconstrucciones con datos de más de cien especies modernas. Sus análisis estadísticos identificaron una diversidad anatómica y ecológica temprana mucho mayor de la que sugerían las interpretaciones tradicionales.

Esto cuestiona una idea que durante mucho tiempo dominó el debate: que las primeras serpientes debieron desarrollar sus características esenciales como respuesta a un único tipo de hábitat.

El verdadero misterio está millones de años antes de este fósil

La importancia de Tametara mirim no está únicamente en su antigüedad. Las serpientes probablemente comenzaron a evolucionar mucho antes, durante el Jurásico, hace aproximadamente 160 millones de años. Por lo tanto, cuando este pequeño reptil habitaba Brasil, su grupo ya acumulaba decenas de millones de años de transformaciones.

Lo que aporta el descubrimiento es una perspectiva diferente sobre ese pasado. Según el comunicado científico de Nature, los primeros linajes de serpientes experimentaron cambios importantes en sus hábitats y capacidades sensoriales, incluidos modos de vida subterráneos, terrestres y marinos.

Los análisis también sugieren que el antepasado común de las serpientes actuales pudo tener una anatomía menos especializada que algunos de los fósiles conocidos. En otras palabras, las especies prehistóricas mejor conservadas no necesariamente representan cómo eran las primeras serpientes.

El descubrimiento tampoco permite afirmar que estos reptiles perdieran sus extremidades exclusivamente para excavar. Esa transición evolutiva continúa bajo investigación y requiere fósiles todavía más antiguos para reconstruirla con precisión. Por ahora, la pequeña serpiente brasileña ha conseguido algo extraordinario: demostrar que la evolución de estos animales ya era compleja cuando los dinosaurios dominaban el planeta. Y que para descubrir cómo comenzó realmente su historia, los paleontólogos quizá deban buscar mucho más atrás de lo que permite este fósil.

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