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Ciencia

Durante décadas discutimos si las serpientes nacieron bajo tierra o en el agua: un fósil de 80 millones de años cambia la historia

Un fósil excepcionalmente conservado encontrado en Brasil permitió reconstruir el cerebro de una serpiente que vivió hace entre 85 y 75 millones de años. El hallazgo sugiere que las primeras serpientes ya ocupaban ambientes subterráneos, terrestres y acuáticos, cuestionando la idea de que todas siguieron una única trayectoria evolutiva.
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Más de 4.000 especies de serpientes viven actualmente en el planeta, desde enormes pitones hasta diminutas especies excavadoras. Todas pertenecen, evolutivamente, a un grupo de lagartos que sufrió una transformación extraordinaria: su cuerpo se alargó mientras sus extremidades terminaron desapareciendo.

Cómo ocurrió esa transición lleva décadas dividiendo a los científicos.

Una hipótesis sostiene que el cuerpo serpentino apareció como una adaptación para excavar y desplazarse bajo tierra. Otra propone que surgió en animales acuáticos. Ahora, un fósil encontrado en Brasil apunta hacia una historia bastante menos sencilla: las primeras serpientes ya estaban experimentando con estilos de vida muy diferentes hace decenas de millones de años.

Una serpiente de hace hasta 85 millones de años

La protagonista del estudio es una nueva especie bautizada Tametara mirim, descubierta en rocas del Cretácico Superior en el estado brasileño de São Paulo.

Vivió hace entre 85 y 75 millones de años, cuando los dinosaurios todavía dominaban los ecosistemas terrestres.

El fósil conserva parte del cráneo y 103 vértebras articuladas, con una longitud preservada de unos 42 centímetros. Su importancia está especialmente en el estado tridimensional del cráneo, algo extremadamente raro entre las primeras serpientes.

Gracias a esa conservación, los investigadores pudieron mirar literalmente dentro de su cabeza.

Durante décadas discutimos si las serpientes nacieron bajo tierra o en el agua: un fósil de 80 millones de años cambia la historia
© Magnific

Su cerebro reveló que vivía bajo tierra

El equipo utilizó microtomografía computarizada de alta resolución para reconstruir digitalmente regiones que normalmente desaparecen durante la fosilización.

Así pudieron estudiar la cavidad que alojaba el cerebro, el oído interno y estructuras relacionadas con los nervios craneales.

La combinación de la forma cerebral y la microestructura de los huesos indica que Tametara mirim estaba especializada en un estilo de vida excavador, probablemente desplazándose bajo tierra de forma similar a algunas serpientes actuales.

Pero el descubrimiento se volvió todavía más interesante cuando los científicos la compararon con otras serpientes primitivas.

Otra serpiente antigua cuenta una historia completamente diferente

Los investigadores analizaron también a Dinilysia patagonica, una serpiente del Cretácico encontrada en Argentina.

Aunque ambas pertenecen a ramas muy antiguas de la evolución de las serpientes, sus cerebros eran sorprendentemente diferentes.

Las características de Dinilysia son compatibles con un animal que vivía principalmente sobre la superficie terrestre, mientras Tametara estaba adaptada al subsuelo. A esto se suman fósiles antiguos asociados a ambientes acuáticos.

El resultado rompe con la imagen de una progresión sencilla en la que las serpientes habrían comenzado viviendo bajo tierra —o en el agua— antes de expandirse hacia otros ambientes.

Las primeras serpientes ya estaban probando casi de todo

El estudio, publicado en Nature, propone un escenario mucho más dinámico.

Durante las primeras etapas de su evolución, distintos linajes de serpientes habrían pasado repetidamente entre hábitats subterráneos, terrestres y acuáticos, desarrollando también diferentes sistemas sensoriales para adaptarse a ellos.

Eso significa que ninguna de las pocas serpientes primitivas conocidas necesariamente representa por sí sola cómo era el antepasado de todas las especies modernas.

Y también explica por qué resolver el misterio ha sido tan complicado: el registro fósil no estaba mostrando una única transición, sino fragmentos de una explosión temprana de diversidad ecológica.

Las serpientes no habrían perdido sus patas simplemente para conquistar un ambiente concreto. Su historia parece haber sido mucho más experimental: mientras unas se enterraban, otras recorrían la superficie y otras ya exploraban el agua.

 

 

Fuente: Noticias de la Ciencia y la Tecnología.

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