El pequeño animal murió en una costa pantanosa de lo que actualmente es el oeste de Texas. Su cuerpo quedó encerrado dentro de una concreción de roca y permaneció allí durante aproximadamente 324 millones de años.
Cuando los paleontólogos estudiaron los fósiles, la explicación parecía sencilla: aquellas criaturas fusiformes, repletas de apéndices, debían de ser larvas de algún crustáceo. Pero algo no encajaba.
Una nueva observación mediante luz polarizada cruzada consiguió separar detalles que permanecían confundidos con la roca. Aparecieron seis patas locomotoras, un ovipositor para depositar huevos y un largo filamento en el extremo del abdomen. No eran larvas acuáticas. Eran hembras adultas de un insecto primitivo completamente desconocido.
El animal ha recibido el nombre de Chosha praecursor. El estudio publicado en Nature sostiene que su extraña anatomía conserva una etapa intermedia de la conquista terrestre protagonizada por el grupo animal más diverso del planeta.
La luz reveló un insecto que ningún científico esperaba encontrar

El cuerpo de Chosha medía algo más de tres centímetros. Con sus dos cercos y el largo filamento caudal central se acercaba a los cinco. En el tórax presentaba tres pares de patas, la organización fundamental que todavía define a todos los insectos.
La sorpresa estaba en el abdomen. Sus nueve primeros segmentos conservaban apéndices articulados. Los posteriores eran anchos y aplanados, parecidos a pequeñas paletas con las que podía impulsarse en el agua. Ningún insecto adulto actual posee una combinación semejante.
Chosha pertenecía al grupo troncal de los insectos. Eso no significa que fuera necesariamente el antepasado directo de una hormiga o una mariposa, sino que ocupaba una rama primitiva cercana al origen del grupo y conservaba estructuras que sus parientes posteriores acabarían perdiendo.
La roca también explica para qué podían servir aquellos remos. Los fósiles proceden de la Formación Tesnus, depositada en un antiguo paisaje de deltas, aguas costeras poco profundas, sedimentos húmedos y acumulaciones vegetales. Chosha probablemente podía desplazarse por tierra, pero seguía dependiendo de ambientes acuáticos o encharcados.
Los primeros insectos no abandonaron el agua de un solo salto

Los insectos están emparentados evolutivamente con los crustáceos. Sin embargo, el registro fósil apenas permitía observar cómo sus antepasados pasaron de una organización corporal preparada para nadar a otra sostenida únicamente por seis patas.
Chosha ofrece una imagen de esa transición. Su tórax ya era reconociblemente insectil, mientras que el abdomen conservaba parte de la antigua maquinaria acuática.
La conquista de los continentes habría sido, por tanto, gradual. Durante millones de años, algunos insectos primitivos pudieron explotar las orillas, las charcas y los sedimentos húmedos sin abandonar completamente el agua. A medida que las patas torácicas asumieron la locomoción terrestre, los apéndices abdominales se redujeron, se especializaron y finalmente desaparecieron.
El ovipositor representa otra pieza importante. Permitía introducir los huevos en sedimentos, restos vegetales o pequeñas grietas húmedas, abriendo el camino hacia una enorme variedad de microhábitats terrestres.
El fósil ayuda a cerrar un vacío de 80 millones de años
Los relojes moleculares sitúan la separación entre los hexápodos y sus parientes crustáceos hace más de 440 millones de años. Sin embargo, los primeros fósiles corporales indiscutibles aparecen mucho después, dejando una laguna de aproximadamente 80 millones de años.
El equipo revisó también Leverhulmia, un enigmático fósil del Devónico escocés, y dos ejemplares de Mazon Creek, en Illinois. El análisis los coloca junto a Chosha entre las primeras ramas conocidas de los insectos y acerca el registro fósil a las predicciones genéticas.
Aquellas criaturas probablemente se alimentaban de humus, esporas de hongos y materia vegetal en descomposición. Mientras reciclaban nutrientes en las orillas del Paleozoico, estaban ayudando a construir los primeros ecosistemas terrestres complejos.
Los insectos terminarían volando, polinizando plantas y ocupando prácticamente todos los rincones del planeta. Pero su historia no comenzó completamente sobre tierra firme: durante una parte decisiva de su evolución todavía caminaban con seis patas y nadaban con el resto del cuerpo.