Saltar al contenido
Ciencia

Más satélites, más cohetes y más basura: la nueva era espacial empieza a pasar factura

El récord de lanzamientos espaciales está multiplicando los restos que orbitan nuestro planeta y aumentando la presión ambiental alrededor de las bases de lanzamiento. La NASA calcula que ya existen más de 9.000 toneladas de basura espacial, mientras la industria apuesta por cohetes reutilizables para reducir parte del problema.
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

La nueva carrera espacial está llevando más satélites, sondas y cohetes al espacio que en cualquier otro momento de la historia, pero este crecimiento tiene una consecuencia cada vez más difícil de ignorar: también estamos enviando una cantidad creciente de residuos fuera de la Tierra y generando impactos ambientales alrededor de las instalaciones desde las que despegan las misiones.

Según datos citados por la NASA, actualmente orbitan la Tierra más de 25.000 objetos de más de 10 centímetros, mientras que la cifra asciende hasta alrededor de medio millón cuando se consideran fragmentos de entre uno y diez centímetros. Si se incluyen partículas superiores a un milímetro, el número supera los 100 millones.

En conjunto, la agencia estima que ya existen más de 9.000 toneladas de basura espacial alrededor del planeta.

Millones de fragmentos viajan a velocidades enormes

El problema no es únicamente la cantidad de objetos, sino la velocidad a la que se desplazan. Incluso un fragmento relativamente pequeño puede provocar daños importantes si impacta contra un satélite, una estación espacial u otra nave operativa.

El escenario extremo es conocido como síndrome de Kessler: una colisión genera numerosos fragmentos, estos chocan posteriormente con otros objetos y las nuevas colisiones producen todavía más residuos, creando una reacción en cadena capaz de hacer determinadas órbitas progresivamente más peligrosas.

Más satélites, más cohetes y más basura: la nueva era espacial empieza a pasar factura
© SLICE Iberia – Youtube.

A esta situación se suma la ausencia de un sistema internacional vinculante que obligue a retirar los restos y las enormes dificultades técnicas y económicas que supone capturar objetos que pueden viajar a decenas de miles de kilómetros por hora.

La reutilización de cohetes se ha convertido en una de las estrategias para reducir parte del desperdicio. El administrador de la NASA, Jared Isaacman, destacó recientemente el avance de compañías como SpaceX y Blue Origin, capaces de recuperar propulsores que anteriormente terminaban descartados después de cada misión.

Ese concepto constituye también uno de los pilares de Starship, el sistema completamente reutilizable que SpaceX desarrolla y que la NASA pretende utilizar dentro de su programa Artemis.

La contaminación espacial también empieza en tierra firme

El impacto ambiental de la actividad espacial comienza mucho antes de alcanzar la órbita. SpaceX realiza lanzamientos frecuentes desde instalaciones situadas en California, Florida y Texas, y es precisamente su base de Starbase, cerca de Boca Chica, la que ha concentrado algunas de las principales controversias.

Las instalaciones se encuentran junto al delta del río Grande y cerca del Refugio Nacional de Vida Silvestre del Bajo Valle del Río Grande, un ecosistema que alberga especies amenazadas como el ocelote, además de numerosas aves migratorias.

Organizaciones ambientalistas sostienen que las operaciones y la expansión de Starbase han afectado estos ecosistemas. Algunas pruebas de Starship terminaron en explosiones que dispersaron materiales a kilómetros de distancia y un estudio de 2024 citado en el informe encontró daños o pérdida de huevos en todos los nidos de aves costeras supervisados cerca de las instalaciones después de uno de los lanzamientos.

Pese a las críticas, la Administración Federal de Aviación estadounidense autorizó en 2025 hasta 25 lanzamientos anuales desde el sur de Texas, después de concluir que el incremento de operaciones no produciría un impacto ambiental significativo.

El desafío es hacer sostenible una industria que no deja de crecer

Las tensiones alrededor de Starbase también han llegado a los tribunales. Organizaciones ambientalistas e indígenas presentaron acciones legales relacionadas con la posible transferencia a SpaceX de unas 294 hectáreas de terrenos públicos pertenecientes al refugio, mientras habitantes de la región cuestionan las restricciones de acceso a la playa de Boca Chica durante los preparativos y lanzamientos.

El problema refleja una contradicción que probablemente acompañará a la industria espacial durante los próximos años. Nunca hubo tantas posibilidades de explorar el sistema solar, desplegar nuevos telescopios o construir infraestructuras fuera de la Tierra, pero tampoco hubo tantos objetos viajando alrededor del planeta ni tantos lanzamientos concentrados en determinados ecosistemas.

La reutilización de cohetes puede reducir una parte de esa huella, pero la nueva era espacial también necesitará resolver qué ocurre con las naves cuando terminan su vida útil y cuánto impacto estamos dispuestos a aceptar en la Tierra para continuar expandiéndonos fuera de ella.

 

 

Fuente: EFE.

Compartir esta historia

Artículos relacionados