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Ciencia

Es posible que la humanidad detectara indicios de materia oscura hace casi siete años y nadie lo notara. Un nuevo estudio encontró anomalías extrañas en ondas gravitacionales registradas por LIGO, Virgo y KAGRA

Las ondas gravitacionales revolucionaron la astronomía cuando fueron detectadas por primera vez en 2015. Pero ahora algunos científicos creen que aquellas señales podrían haber estado revelando algo todavía más desconcertante: posibles rastros de materia oscura escondidos alrededor de agujeros negros y ocultos a plena vista durante años.
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Cuando LIGO anunció la primera detección de ondas gravitacionales hace una década, el descubrimiento cambió para siempre la manera en que observamos el universo. Por primera vez, la humanidad podía “escuchar” colisiones de agujeros negros deformando el espacio-tiempo a escalas inimaginables. Pero quizá aquellas señales escondían algo más.

Un nuevo estudio publicado en Physical Review Letters propone que ciertos eventos registrados por LIGO, Virgo y KAGRA podrían contener indicios de partículas ultraligeras relacionadas con la materia oscura, esa sustancia invisible que, según los modelos cosmológicos, compone la mayor parte de la masa del universo y aun así sigue sin detectarse directamente. Y lo más llamativo es que algunas de esas señales fueron captadas hace años.

La materia oscura podría estar dejando huellas alrededor de agujeros negros

Es posible que la humanidad detectara indicios de materia oscura hace casi siete años y nadie lo notara. Un nuevo estudio encontró anomalías extrañas en ondas gravitacionales registradas por LIGO, Virgo y KAGRA
© Getty Images / Jasmin Merdan.

La hipótesis de los investigadores gira en torno a unas partículas escalares ultraligeras que llevan tiempo apareciendo como candidatas plausibles para explicar la materia oscura. A diferencia de la materia normal, estas partículas no emiten ni absorben luz. Son invisibles. Pero su gravedad sí afecta al comportamiento de galaxias enteras.

El nuevo trabajo plantea que esas partículas podrían acumularse alrededor de agujeros negros formando una especie de nube. Y cuando dos agujeros negros orbitan entre sí dentro de ese entorno, la dinámica de la colisión cambia ligeramente. El detalle importante está en el llamado chirp, la subida progresiva de frecuencia que producen las ondas gravitacionales justo antes de la fusión final.

Según los cálculos del equipo, una nube de materia oscura alteraría sutilmente ese patrón. Lo suficiente como para dejar pequeñas desviaciones detectables en las señales gravitacionales.

Dos eventos detectados hace años empezaron a no encajar del todo

Para comprobar la idea, los científicos desarrollaron simulaciones avanzadas capaces de recrear cómo serían las ondas gravitacionales si los agujeros negros estuvieran rodeados por materia oscura en lugar de encontrarse en el vacío. Después compararon esos modelos con datos reales del catálogo LVK, que reúne observaciones realizadas por los observatorios LIGO, Virgo y KAGRA.

Analizaron 28 fusiones de agujeros negros. La mayoría no mostró nada fuera de lo esperado. Las señales seguían encajando perfectamente con sistemas binarios normales. Pero hubo dos excepciones: GW190814 y, sobre todo, GW190728. Este último evento, detectado originalmente en julio de 2019, empezó a llamar muchísimo la atención cuando los investigadores añadieron al análisis un fenómeno conocido como superradiancia.

La idea es extraña incluso para los estándares de la física teórica. Básicamente, un agujero negro en rotación puede transferir parte de su energía a partículas ultraligeras cercanas, amplificando la nube escalar que lo rodea. Y cuando el equipo incorporó ese efecto, la señal observada empezó a coincidir mejor con el modelo de materia oscura que con el modelo tradicional del vacío.

Todavía no significa que hayamos descubierto materia oscura

Aquí llega la parte importante: los propios autores son extremadamente cautos. La evidencia estadística todavía es demasiado débil como para hablar de un descubrimiento real. Podría tratarse simplemente de ruido, fluctuaciones aleatorias o efectos instrumentales aún no comprendidos del todo.

Josu Aurrekoetxea, coautor del estudio e investigador del MIT, reconoció que serán necesarias verificaciones independientes y análisis mucho más precisos antes de sacar conclusiones definitivas. Pero incluso así, el trabajo resulta fascinante por una razón muy concreta: abre una forma completamente nueva de buscar materia oscura.

Hasta ahora, muchas búsquedas se centraban en experimentos subterráneos, telescopios o análisis del giro de agujeros negros. Este estudio propone otra vía: utilizar las propias ondas gravitacionales como detectores indirectos de partículas invisibles. Y eso podría cambiar muchísimo las cosas en el futuro.

Los próximos observatorios podrían resolver el misterio

Los investigadores creen que la siguiente generación de detectores gravitacionales, como el Telescopio Einstein o Cosmic Explorer, tendrá sensibilidad suficiente para comprobar si estas anomalías son reales o no.

Con señales más largas y detalladas, los físicos podrían distinguir mucho mejor entre simples fluctuaciones estadísticas y auténticas huellas de nuevas partículas fundamentales. Y hay algo casi poético en todo esto. Porque mientras llevamos décadas intentando encontrar materia oscura mirando al universo visible, quizá parte de la respuesta estaba escondida en vibraciones del espacio-tiempo que ya habíamos registrado… pero todavía no sabíamos interpretar.

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