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Ciencia

España avanza en renovables, pero el deterioro ambiental sigue sin frenarse

Más energía limpia, menos emisiones y mayor eficiencia conviven con un país cada vez más seco, con biodiversidad en retroceso y ecosistemas marinos degradados. El Perfil Ambiental de España 2024 confirma que la transición energética avanza, pero no al ritmo que exige la crisis ecológica.
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Un diagnóstico ambiental basado en datos oficiales

El Perfil Ambiental de España 2024, elaborado por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico (MITECO), reúne más de un centenar de indicadores para evaluar el estado del medio ambiente en el país. El informe integra datos climáticos, energéticos, hídricos y ecológicos con una conclusión clara: hay avances relevantes, pero los desequilibrios estructurales persisten.

La transición energética progresa, pero no compensa aún la degradación de los sistemas naturales, que sigue avanzando por múltiples frentes.

Emisiones a la baja, pero lejos de los objetivos climáticos

Las emisiones de gases de efecto invernadero descendieron un 7,6 % en 2023 respecto al año anterior, situándose en torno al 94 % de los niveles de 1990. La mayor parte de esta reducción se explica por el sector eléctrico, gracias al fuerte crecimiento de las renovables.

Sin embargo, el informe advierte que este ritmo no garantiza el cumplimiento de los objetivos climáticos a medio plazo. El transporte y otros sectores difusos siguen teniendo un peso elevado y muestran una reducción mucho más lenta.

Renovables en máximos históricos

Uno de los datos más positivos es que las energías renovables alcanzaron en 2023 el 24,98 % del consumo final bruto de energía, el valor más alto registrado hasta ahora. La eólica y la solar fotovoltaica consolidan su papel como pilares del sistema eléctrico español.

Este avance ha permitido reducir la dependencia energética exterior hasta el 68,5 %, aunque el propio MITECO recuerda que el objetivo para 2030 es situarla en torno al 50 %, aún lejos de alcanzarse.

Un país cada vez más seco

La presión sobre los recursos hídricos continúa aumentando. El sector agrario concentra alrededor del 75 % del consumo total de agua, en un contexto de menor disponibilidad y precipitaciones más irregulares.

Durante el año hidrológico 2022-2023, el uso total de agua se redujo un 10 %, pero el informe aclara que este descenso responde más a la escasez que a mejoras estructurales en eficiencia. Solo el 49,1 % de las masas de agua superficiales alcanza un buen estado ecológico.

Biodiversidad protegida… pero degradada

España cuenta con una de las mayores superficies protegidas de Europa: el 36,9 % del territorio terrestre está bajo alguna figura de protección y la Red Natura 2000 cubre el 27,5 % del país. No obstante, el informe subraya que protección legal no equivale a buen estado ecológico.

En el medio marino, la situación es especialmente preocupante. La mayoría de los mamíferos marinos presentes en aguas españolas no alcanza un buen estado ecológico, debido a la presión humana, el ruido submarino, la contaminación y el calentamiento del océano.

Incendios, erosión y pérdida de suelo

El PAE 2024 señala que 2024 fue el tercer año más cálido registrado en España, con una anomalía térmica de +1,1 °C respecto al periodo 1991-2020. Este contexto favorece fenómenos extremos como los incendios forestales.

Ese mismo año se quemaron 47.711 hectáreas, y casi una cuarta parte del suelo español sufre procesos de erosión media o alta, con pérdidas superiores a 10 toneladas por hectárea y año.

Residuos y economía circular: el gran reto pendiente

La generación de residuos municipales se situó en 465 kg por habitante, con una ligera reducción interanual. El consumo nacional de materiales bajó hasta 8,6 toneladas por persona, pero la tasa de circularidad apenas alcanza el 8,5 %, muy por debajo de la media europea.

El informe destaca que el vertido sigue teniendo un peso elevado y que la prevención de residuos continúa siendo la asignatura pendiente de la política ambiental española.

Una década decisiva

El MITECO concluye que la próxima década será crítica. Los avances sectoriales existen, pero si no se transforman en cambios estructurales profundos, el deterioro ambiental continuará, incluso en un contexto de crecimiento de las energías renovables.

La transición energética es una condición necesaria, pero no suficiente: frenar la degradación ambiental exigirá actuar de forma integrada sobre agua, biodiversidad, suelo, consumo y modelos productivos.

Fuente: Meteored.

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