Durante décadas, la desertificación se interpretó como una amenaza lejana, casi abstracta. Sin embargo, el primer Atlas de la Desertificación de España —producido por la Universidad de Alicante y el CSIC— confirma que el deterioro del suelo es ya una realidad generalizada. El informe, basado en décadas de datos y técnicas de big data, muestra un panorama que obliga a replantear el uso del agua, la agricultura intensiva y la gestión territorial.
Un país que se degrada: cuando el suelo deja de ser fértil
La desertificación no significa la llegada del Sahara a la península. Significa algo más silencioso pero igual de devastador: suelos que dejan de producir, ecosistemas que pierden vida y economías locales que se quedan sin soporte. El Atlas revela que el 40,9% del territorio español muestra signos de degradación, y que en las zonas áridas, semiáridas y subhúmedas secas la cifra se eleva a un 60,94%.
El diagnóstico es claro: la tierra está perdiendo su capacidad biológica y económica. Y lo está haciendo rápido.

Cuando el verde engaña: el regadío como “maquillaje” del problema
Uno de los hallazgos más reveladores del atlas es la llamada paradoja del regadío intensivo.
A simple vista, las zonas agrícolas parecen saludables: cultivos verdes, rendimiento elevado y apariencia de normalidad.
Pero los datos cruzados —biomasa, clorofila, recursos hídricos— muestran otra historia:
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el verdor se sostiene extrayendo agua de acuíferos ya agotados,
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los suelos se salinizan,
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la fertilidad real se desploma.
Un ejemplo crítico es la cuenca del Guadiana, donde el 86% de los acuíferos está sobreexplotado o degradado. En regiones como el sur peninsular, cultivos muy rentables —como el aguacate— se mantienen a costa de recursos que ya no se recuperan.
El mapa de la desertificación: España arde por dentro
Los más de 60 mapas del ADE dibujan la geografía del deterioro en alta resolución. Las zonas más afectadas comparten una combinación letal: presión hídrica extrema, agricultura intensiva y vulnerabilidad climática.
Las regiones que encabezan la lista negra incluyen:
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Región de Murcia, el epicentro europeo de la desertificación.
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Andalucía y Comunidad Valenciana, donde el cultivo intensivo coincide con suelos frágiles.
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Canarias, cuyo carácter insular amplifica el riesgo.
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La Mancha y Aragón, territorios interiores sometidos a una transformación agrícola acelerada.
Ya está disponible el Atlas de la Desertificación de España, coordinado por @Jai_MValderrama & Jorge Olcina @climatologia_ua Un trabajo extraordinario, riguroso y profundo que ofrece una visión actualizada sobre uno de los mayores retos ambientales del país pic.twitter.com/5ebVgB3xEm
— Fernando T. Maestre (@ftmaestre) November 28, 2025
El caso de Sierra de Gádor (Almería) evidencia que los efectos pueden durar siglos: la minería del XIX arrasó encinares y espartales, dejando suelos esqueléticos que ni repoblaciones posteriores han podido recuperar.
Un modelo hídrico insostenible: cuando el agua ya no alcanza
El Atlas no solo analiza el clima. Incorpora variables sociales, económicas y de gestión que permiten entender mejor por qué el deterioro avanza.
El dato más inquietante: el 42% del territorio español consume más del 80% del agua dulce disponible.
Con lluvias cada vez más irregulares y temperaturas en aumento, este modelo es físicamente insostenible.
Los autores califican la situación como una “radiografía urgente” de un país que gasta más agua de la que puede permitirse y que mantiene una ilusión de productividad agrícola basada en recursos que se agotan bajo la superficie.
Fuente: Xataka.