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Ciencia

España fue el hogar de unas criaturas que parecían salidas del mismísimo infierno. Treinta millones de años después, sus fósiles acaban de revelar algo que nadie esperaba

Unos fósiles encontrados en Lleida han puesto en duda lo que sabíamos sobre los temibles cerdos del infierno. Un nuevo estudio revela que estos gigantes prehistóricos podrían esconder una historia evolutiva desconocida.
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Mucho antes de que los seres humanos aparecieran en Europa, la actual península ibérica estaba habitada por animales que parecen sacados de una película de terror. Entre ellos destacaban unos mamíferos enormes, con cabezas desproporcionadas, mandíbulas poderosas y dientes capaces de procesar alimentos extremadamente duros. Su aspecto era tan intimidante que terminaron ganándose un apodo bastante particular: los “cerdos del infierno”.

Estos animales, conocidos científicamente como entelodóntidos, recorrieron Europa, Asia y Norteamérica durante millones de años. Y aunque sus fósiles llevan décadas apareciendo en distintos yacimientos, su presencia en España escondía una incógnita que había pasado prácticamente inadvertida.

Ahora, un equipo del Institut Català de Paleontologia Miquel Crusafont ha revisado unos restos encontrados en Rocallaura, Lleida, y ha descubierto que el animal que habitó aquella región hace unos 30 millones de años no encaja con la especie a la que había sido atribuido durante décadas.

El descubrimiento, publicado en la revista científica Geologica Acta, obliga a reconsiderar parte de lo que se creía saber sobre estos gigantes prehistóricos en la península ibérica.

Unos dientes encontrados en Lleida acaban de cuestionar décadas de paleontología

España fue el hogar de unas criaturas que parecían salidas del mismísimo infierno. Treinta millones de años después, sus fósiles acaban de revelar algo que nadie esperaba
© Shutterstock / Daniel Eskridge.

Durante años, los investigadores consideraron que los restos de Rocallaura pertenecían a Entelodon magnus, una especie conocida por otros fósiles europeos. La identificación procedía de antiguas clasificaciones que nunca habían sido respaldadas por una descripción anatómica suficientemente detallada del material ibérico.

Para comprobarlo, Albert Vidal-Martí, Jesús Gamarra, Kelly Ann Vega-Pagán y Àngel H. Luján examinaron nuevamente los fósiles, entre ellos un fragmento mandibular y un canino. Los resultados fueron inesperados. Aunque las características anatómicas confirmaban su pertenencia al género Entelodon, las diferencias de tamaño y morfología dental impedían mantener la clasificación original.

Según explica el estudio, disponible en el repositorio científico de la Universitat Autònoma de Barcelona, los fósiles se distinguen de E. magnus y E. antiquus, aunque presentan ciertas semejanzas con E. deguilhemi, otra especie documentada en Francia. El problema es que esas coincidencias no resultan suficientes para asignarlos a una especie determinada. Por eso, los investigadores decidieron clasificarlos provisionalmente como Entelodon sp., una denominación utilizada cuando se conoce el género de un organismo, pero no es posible establecer su especie.

Esto no demuestra que se haya descubierto una especie nueva, pero sí abre una posibilidad interesante: la diversidad de entelodóntidos que recorrieron la antigua península ibérica podría ser distinta de la que figuraba en los registros científicos.

Parecían depredadores de pesadilla, pero su alimentación contaba otra historia

Basta observar una reconstrucción de estos animales para comprender el origen de su nombre. Los entelodóntidos tenían cráneos enormes, caninos prominentes y unas características protuberancias óseas que sobresalían de los laterales de la cabeza. Sin embargo, su apariencia aterradora no significa que fueran cazadores especializados.

Investigaciones anteriores sobre el desgaste microscópico de sus dientes sugieren que algunos entelodóntidos europeos mantenían una dieta omnívora, comparable en ciertos aspectos con la de los jabalíes actuales. Eso significa que podían consumir diferentes recursos disponibles en su entorno, desde vegetación hasta alimentos de origen animal.

También hay otra curiosidad: pese a su apodo, no eran simplemente cerdos gigantes. Los entelodóntidos pertenecían a una familia extinta de mamíferos artiodáctilos, y su parentesco evolutivo es bastante más complejo de lo que su aspecto sugiere.

Un misterio de 30 millones de años que todavía permanece bajo tierra

España fue el hogar de unas criaturas que parecían salidas del mismísimo infierno. Treinta millones de años después, sus fósiles acaban de revelar algo que nadie esperaba
© Avrand6 / Wikimedia.

La revisión de Rocallaura es especialmente importante porque el registro fósil ibérico de estos animales continúa siendo muy escaso. A diferencia de otros mamíferos del Oligoceno, los entelodóntidos dejaron pocos restos identificables en la región, lo que dificulta reconstruir su distribución y evolución.

El equipo del Institut Català de Paleontologia ha señalado que otros yacimientos de la cuenca del Ebro podrían aportar información adicional. Entre ellos destaca El Talladell, cerca de Tàrrega, donde se están estudiando materiales que podrían ayudar a comprender mejor la presencia de estos mamíferos.

Además, investigaciones anteriores, como un estudio publicado en Palaeogeography, Palaeoclimatology, Palaeoecology, ya habían demostrado que el desgaste dental de Entelodon magnus era compatible con una alimentación omnívora semejante a la del jabalí. Esto demuestra que incluso los aspectos aparentemente más evidentes de estos animales siguen necesitando investigación.

Por ahora, los científicos saben que una población del género Entelodon habitó el noreste de la península ibérica durante el Oligoceno temprano, pero todavía no pueden determinar con seguridad a qué especie pertenecía. Lo fascinante es que una mandíbula incompleta y unos dientes conservados durante millones de años han bastado para cuestionar una identificación aceptada durante décadas.

Los llamados cerdos del infierno desaparecieron hace muchísimo tiempo, pero su historia está lejos de haberse cerrado. Y es posible que las próximas pistas sobre estos gigantes prehistóricos sigan enterradas bajo los campos de Cataluña.

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