La especie en cuestión es Trachemys scripta, conocida como tortuga o galápago de Florida, nativa de Norteamérica y una de las tortugas más comercializadas del mundo como mascota durante décadas. Según describe un trabajo publicado en la revista Reptiles & Amphibians, la especie es hoy común en numerosos humedales de España, con reproducción confirmada en distintas regiones del país, especialmente en el sur, aunque también hay evidencia de anidación exitosa más al norte, en Galicia.
La Unión Europea incluye a Trachemys scripta en su lista de especies exóticas invasoras preocupantes para la Unión, un registro que, bajo el Reglamento (UE) n.° 1143/2014, obliga a los Estados miembros a prevenir su introducción, controlar las poblaciones ya establecidas y restringir su comercio, tenencia y transporte.
Por qué una tortuga de acuario puede desplazar a las nativas

El problema no es solo de números. Trachemys scripta compite de forma directa con los galápagos autóctonos de la península ibérica, como el galápago leproso (Mauremys leprosa) y el europeo (Emys orbicularis), por dos recursos limitados: el alimento y los sitios de asoleo, esas zonas expuestas al sol donde los reptiles regulan su temperatura corporal saliendo del agua. Al ser una especie de mayor tamaño en la adultez (puede superar los 30 centímetros de caparazón) y más agresiva en el comportamiento, suele imponerse en esa competencia directa.
A esa presión ecológica se suma un riesgo sanitario real: como buena parte de los reptiles, esta especie puede portar salmonela y transmitirla a través del contacto con el agua o el propio animal, algo que las autoridades sanitarias consideran especialmente relevante cuando la exposición involucra a niños pequeños.
Un caso, dos historias distintas: Atocha no es una plaga

Conviene aclarar algo que suele generar confusión: las tortugas que viven en el Jardín Tropical de la estación de Atocha, en Madrid, no son un caso de invasión descontrolada. Ese jardín, construido durante la remodelación de la estación en 1992 e inspirado en un invernadero tropical, incorporó desde su diseño original un estanque con tortugas como parte de la ambientación, y hoy es una atracción reconocida de la estación, con una población de varios cientos de ejemplares mantenida de forma intencional en un espacio cerrado. Es un caso completamente distinto al de las poblaciones silvestres que sí generan preocupación ecológica: ríos, lagunas y humedales donde estos animales compiten con la fauna nativa sin ningún control.
El desafío de retirarlas sin poder venderlas de nuevo
España prohíbe la venta, tenencia y cría de Trachemys scripta desde que la especie fue incorporada al Catálogo español de especies exóticas invasoras. La consecuencia práctica es que los ejemplares capturados durante los programas de control no pueden reintroducirse en el mercado de mascotas: terminan en centros de recuperación de fauna, muchos de ellos ya saturados, lo que convierte a cada operación de retirada en un problema logístico además de uno ecológico.
Distintas comunidades autónomas, entre ellas Extremadura, desarrollan desde hace años programas específicos de control poblacional en cursos de agua donde la presencia de la especie es significativa, con capturas periódicas como principal herramienta de manejo. El objetivo declarado de este tipo de programas no suele ser la erradicación total (una meta poco realista una vez que una población lleva décadas establecida y reproduciéndose) sino la contención: mantener la población por debajo del umbral en el que empieza a desplazar de forma grave a las especies nativas.
Un problema que ya no depende solo de quien la compró
El vacío que dejó la prohibición de venta de Trachemys scripta en el mercado de mascotas no quedó sin cubrir: otras especies de tortugas exóticas, sin la misma regulación o con controles más recientes, ocuparon ese lugar en las tiendas de animales, y varias de ellas ya muestran indicios de seguir el mismo patrón de liberaciones y establecimiento en el medio natural. Es el mismo mecanismo de fondo, replicado con otra especie: una mascota exótica, atractiva mientras es pequeña, que se vuelve una carga para su dueño cuando crece, y que termina su vida útil como mascota en un río, sin que quien la liberó entienda del todo las consecuencias ecológicas de esa decisión.