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Ilustración para el artículo titulado
Imagen: La anguila madriguera (Bruce Cowell/Queensland Museum)

Todos los que hemos visto Alien, la película original, nos acordamos de la mítica escena donde un xenomorfo embrión sale del estómago de John Hurt durante la cena. Como para no acordarnos. Ahora cambia al actor por un depredador cualquiera que ha engullido una anguila serpiente, y eso no es lo peor.

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Un nuevo estudio publicado en Memoirs of the Queensland Museum detalla que la anguila de la familia Ophichthidae trata de darles un final espeluznante a los depredadores que se alimentan de ella. Tras engullirla, la criatura excava y se abre camino para escapar del estómago de sus captores, pero lo peor viene después.

Una vez algo más liberada haciendo uso de su cola, las anguilas todavía están atrapadas dentro del animal, y a partir de ahí todo se vuelve más y más desagradable. De hecho, en este punto del artículo recomendamos que dejen de comer si lo están haciendo.

Según cuentan los investigadores, este tipo de anguilas, también conocidas como anguilas madrigueras, son especies de peces largos y delgados que se caracterizan por su capacidad de avanzar rápidamente utilizando una punta de cola dura que corta el fondo del mar.

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Por eso resulta lógico que, cuando se tragan con vida, la anguila intente excavar, y es esta misma cola de punta dura lo que les permite romper a través de la pared del estómago de sus captores. Desafortunadamente, el intento es defectuoso, ya que las anguilas se atascan, momento en que comienza la segunda fase: se momifican en la cavidad intestinal.

Tal cual, como pueden apreciar en la siguiente imagen.

Ilustración para el artículo titulado
Imagen: Sin palabras (Pogonoski et al., Memoirs of the Queensland Museum, 2020)
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Esto lo sabemos ahora porque los investigadores descubrieron los restos momificados de siete especies de estas anguilas atrapadas dentro de las cavidades corporales de 11 especies diferentes de peces depredadores. Las especies involucradas eran diversas y provenían de diferentes lugares, lo que demuestra que este tipo de eventos es una interacción presa-depredador generalizada entre estas anguilas y sus futuros sarcófagos. También, como apuntan en el estudio, es más probable que los peces ni siquiera se den cuenta.

Jeff Johnson, coautor del estudio, explica que en ocasiones, algunos pescadores confundidos trajeron al museo especímenes incrustados que pensaron que tal vez podrían ser algún tipo de gusano parásito gigante.

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Los investigadores le dijeron a The Guardian que abrieron un pez para encontrar una anguila que aún se agitaba, aunque es difícil decir si alguna tuvo la suerte de escapar del estómago de un captor usando solo su cola. Probablemente no.

Maravillosa naturaleza. [Science Alert, Memoirs of the Queensland Museum, The Guardian]

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