Imagen: Examen a Palma (Mount Sinai Health System)

Pocas veces en la vida te alegras de que los médicos te digan que tienes una tenia en el cuerpo desde hace un año. El caso médico de Rachel Palma es una de esas ocasiones. Cuando le dijeron que tenía un gusano encerrado en su cerebro Palma no podía estar más feliz.

La mujer, neoyorquina de 42 años, un día comenzó a olvidar las palabras. Poco después se le caían las tazas de café al suelo, y entonces supo que algo no iba bien. Había experimentado temblores desde enero de 2018. Visitó a numerosos médicos después de tener problemas para completar oraciones completas y perder la coordinación. Sus síntomas eran tan graves que sufrió alucinaciones, insomnio y “pesadillas horribles” que no la dejaban dormir. Su mano derecha también dejó de funcionar. Según explicó a los medios:

Mis episodios se estaban volviendo cada vez más extraños. Hubo días en los que no sabía dónde estaba. Inicialmente, los médicos no podían ayudarme, incluso después de tomar varias exploraciones de mi cerebro. Tan solo cuando di con un especialista en Mount Sinai, siete meses después de que empezaron los síntomas, alguien pudo ayudarme.

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Tras una posterior resonancia magnética, llegaron las malas noticias: tenía un tumor cerebral, o eso es lo que los médicos pensaron hasta que comenzó la cirugía y se descubrió lo que tenia deslizándose alrededor de su cerebro.

Aquello no era un tumor en el lóbulo izquierdo como se esperaba. Descubrieron un gusano largo y liso que le salía del cerebro. Normalmente, tal hallazgo es motivo de preocupación, pero como el diagnóstico inicial fue un tumor cerebral fatal, la tenia se convirtió en motivo de celebración.

Al parecer, Palma sufría de una afección conocida como neurocisticercosis, que en realidad es una de las principales causas de epilepsia inicial en todo el mundo. En Estados Unidos, aproximadamente 1.000 personas son hospitalizadas por la afección cada año. Por lo general, el tratamiento es tan simple como recetar unos antibióticos. Para Palma, sin embargo, este no fue el caso. La tenia ya había crecido demasiado.

Esta especie de gusanos se encuentran más comúnmente en los intestinos de los animales. La causa más común de una infección por tenia en los seres humanos es el consumo de carne poco hecha. Estas pequeñas criaturas deslizantes pueden crecer bastante y sobrevivir hasta 30 años en un huésped.

Sin embargo, quizás el hecho más inquietante de las tenias es que evolucionaron para tener numerosos ganchos retráctiles que les permiten sujetar el tejido y aferrarse a los intestinos u órganos de sus huéspedes. Los parásitos no tienen intestinos propios y utilizan sus exteriores para absorber los nutrientes y eliminar los desechos. Palma tampoco parecía preocupada por la procedencia:

Dejé de hacer preguntas y comencé a celebrar y aprovechar al máximo la vida porque, en un instante, se puede ir. Pensé que es asqueroso. No sabía qué pensar. Me sentí aliviada en ese momento de que no era cáncer y de que no necesitaría ningún tratamiento adicional. No me gusta especular sobre cómo podría haberlo contraído porque no lo sé.

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Palma simplemente piensa que le ha llegado una segunda oportunidad. Está agradecida a quienes sacaron finalmente al gusano que llevaba un año viviendo en su cráneo. “Los médicos me salvaron. Y me devolvieron mi vida”, zanja la mujer. [LiveScience]