Brian Wells era un tipo tan aplicado en el trabajo que el √ļnico d√≠a que hab√≠a faltado como repartidor de pizzas fue el d√≠a que se hab√≠a muerto su gato, d√≠a que por cierto, llam√≥ para dar parte de ello. Por eso cuando un cliente asiduo del local le dijo al resto de los trabajadores que encendieran la televisi√≥n, nadie daba cr√©dito a las im√°genes. Wells, el tipo tranquilo y aplicado, estaba en todos los canales. El ej√©rcito lo rodeaba mientras el hombre, agachado y frente a las c√°maras, portaba un collar bomba sobre su cuello. Faltaban pocos minutos para que el destino de Wells cambiara y con el se iniciara una investigaci√≥n legendaria.

Lo ocurrido tuvo lugar al mediod√≠a, un 28 de agosto del a√Īo 2003. Pasar√≠an muchos a√Īos para elaborar una posible soluci√≥n a un rompecabezas del que a√ļn hoy existen algunas dudas. Brian Douglas Wells hab√≠a pasado los √ļltimos 20 a√Īos de su vida como repartidor de pizzas en el local Mama Mia en la ciudad de Erie, Pensilvania.

Un d√≠a antes de los acontecimientos, cualquiera que preguntara por el hombre le dir√≠a lo mismo. De hecho y durante la investigaci√≥n, el perfil que m√°s se repet√≠a sobre Wells era el de un tipo amable y muy valorado por el resto de compa√Īeros. ¬ŅC√≥mo hab√≠a llegado hasta esa situaci√≥n? Si el hecho de que tuviera un collar bomba no ten√≠a ning√ļn sentido, lo que se iba a describir poco despu√©s traer√≠a de cabeza al propio FBI.

El atraco al banco

Wells en el banco. CoolInt

Pero empecemos por el principio. Un d√≠a aparentemente normal en la ciudad industrial de Erie, situada en la orilla que lleva el mismo nombre, en la esquina noroeste del estado de Pensilvania. El d√≠a era caluroso, m√°s de lo normal para una ciudad que se cuenta como una de las m√°s nevadas del pa√≠s. Un d√≠a que podr√≠a calificarse de ‚Äúaburrido‚ÄĚ a nivel informativo hasta que el reloj pas√≥ las 14:00 de la tarde.

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A esa hora Wells, el repartidor de pizzas conocido en la ciudad, el tipo amable y tranquilo de 46 a√Īos y con algo de calvicie, irrumpe en el PNC Bank de la ciudad. En la mano derecha portaba una especie de pistola casera pero lo extra√Īo era el bulto que sobresal√≠a de su camiseta, justo debajo del cuello. Wells se acerca al cajero del banco y le pasa una nota que reza:

Re√ļna a todos los empleados con los c√≥digos de acceso a la b√≥veda. H√°ganlo r√°pido para llenar la bolsa con 250 mil d√≥lares. Tiene tan s√≥lo 15 minutos para ello.

Una vez que el cajero acabó de leer la nota giró la cabeza hacia arriba. En ese momento Wells se levanta la camisa y le muestra un dispositivo de lo más sofisticado que consta de varias partes. Si la nota no estaba mintiendo, el cajero tenía delante suya a un hombre con una bomba, un tipo con un dispositivo atado al cuello.

Los nervios no le dejan reaccionar, el cajero balbucea y finalmente acierta a decirle a Wells que no hay manera de entrar ese día a la bóveda, y menos en tan poco tiempo. Wells le pide entonces que vacíen todo lo que contenga dinero. Finalmente sale del banco con un botín de poco más de 8 mil dólares. Se mete en el coche que había aparcado enfrente, arranca e inicia la huida.

Brian Wells. Wikimedia Commons

No llegó muy lejos. A los pocos minutos la policía ya lo ha detectado tras el aviso del banco. Estaba estacionado en el interior de su coche. La policía lo rodea y le pide que salga. Wells hace caso y sale lentamente del vehículo. Luego le piden que se tire al suelo y que se arrodille, momento en el que le esposan las manos detrás de la espalda.

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En ese momento Wells comienza a hablar con los primeros polic√≠as. Seg√ļn explica, en su √ļltimo reparto del d√≠a un grupo de hombres de raza negra armados le hab√≠an abordado coloc√°ndole la bomba alrededor del cuello a la fuerza. Acto seguido le dijeron que deb√≠a robar el banco. Luego implor√≥ a la polic√≠a:

Por favor, tienen que ayudarme. Este collar bomba va a explotar en cualquier momento. Les juro que no estoy mintiendo.

La policía llama rápidamente a los artificieros, a estos se unen agentes especiales y FBI. Se acordona la zona mientras comienzan a llegar las primeras cadenas de televisión. En pocos minutos aquello se convierte en la noticia del día en todo el país. Las televisiones retransmiten en directo la detención de un hombre con un collar bomba, un tipo que está esposado, sentado sobre el asfalto mientras decenas de policías y equipos de seguridad tratan de descifrar la situación.

Cuenta atr√°s para Wells.

Pasados unos 20 minutos algo cambia en la escena. Se trata de un ruido, un pitido agudo. De repente, el dispositivo atado al cuello emite un sonido que se acelera. Wells se muestra inquieto, su expresión cambia, se mueve desde el asfalto, parece que trata de quitarse de encima aquella bomba o lo que fuera. El sonido es cada vez más fuerte y seguido, las televisiones no dan crédito.

Lo siguiente que se escucha (y se aprecia en las televisiones) es la detonaci√≥n y explosi√≥n de la bomba que llevaba Wells en su cuello. El aparato estalla y con √©l un movimiento violento del cuerpo del hombre que le produce autom√°ticamente un enorme corte a la altura de su pecho. Tras unos segundos donde el cuerpo parece resistirse dando los √ļltimos coletazos, Wells fallece sobre el asfalto. Eran poco m√°s de las 15:00.

Desgraciadamente para la policía, se acababa de abrir un caso más largo de lo que esperaban.

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Primeras investigaciones: la b√ļsqueda del tesoro

Una de las notas encontradas por el FBI. FBI

Como explica en la investigación que escribió sobre el caso el periodista Rich Shapiro, la primera pista de que aquello no iba a resultar tan sencillo ocurrió poco después de la muerte del repartidor de pizzas.

La polic√≠a comenz√≥ con las rutinas propias de un caso as√≠, clasificando todas las pruebas que ten√≠an a la vista. En el coche dan con esa especie de pistola o arma casera que describ√≠an en el banco. Se trataba de un dispositivo que denotaba destreza en aquel que lo hubiera construido. M√°s tarde lleg√≥ al equipo forense el collar bomba que se hab√≠a detonado. En palabras de los agentes del caso, aquello era una ‚Äúmaravilla de bricolaje y dise√Īo‚ÄĚ. Un dispositivo que constaba de dos partes; por un lado un collar con bandas de metal con 4 orificios y una cerradura a modo de combinaci√≥n de tres d√≠gitos, por el otro una caja de hierro que conten√≠a dos bombas de tubo de 6 pulgadas cargadas de p√≥lvora.

Adem√°s, el collar estaba bloqueado en el cuello de Wells a trav√©s de unas esposas gigantes, un dispositivo que conten√≠a dos temporizadores con cuenta atr√°s electr√≥nica. Aquella m√°quina era un enigma en s√≠ mismo. Tras los primeros an√°lisis hab√≠a muy pocas dudas de que hab√≠a sido construida por alg√ļn tipo de profesional.

Sin embargo, la naturaleza del dispositivo quedar√≠a en an√©cdota cuando los investigadores encuentran en el interior del coche una serie de notas desconcertantes. Se trataba de una serie de papeles escritos a mano dirigidos al ‚Äúreh√©n bomba‚ÄĚ. En las mismas se le ped√≠a que deb√≠a robar en el banco 250 mil d√≥lares. Una vez hecho, podr√≠a seguir una serie de instrucciones complejas que le acabar√≠an dando varias llaves y c√≥digos de combinaci√≥n a lo largo de la ciudad.

Notas encontradas por el FBI. FBI

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Las notas inclu√≠an tambi√©n dibujos y mapas detallados, aunque siempre con un tono amenazante. De lo que no hab√≠a ninguna duda era de que si Wells segu√≠a al pie de la letra las instrucciones, promet√≠an liberarlo de la bomba. Por el contrario, si el hombre no obedec√≠a, estar√≠a destinado a una muerte segura. Seg√ļn se pod√≠a leer en una de las notas:

Tan solo hay una forma de que puedas sobrevivir, y es cooperando por completo. Esta poderosa bomba es una trampa explosiva que s√≥lo puede eliminarse siguiendo las instrucciones. Act√ļa ahora y piensa despu√©s o morir√°s!

El caso hab√≠a dado un vuelco inaudito. Las piezas indicaban que todo era un plan para que Wells robara ese d√≠a en el banco. En torno al hombre hab√≠an construido un juego a vida o muerte, un perverso entretenimiento al estilo de una b√ļsqueda del tesoro a trav√©s de pistas... un juego donde el premio final ser√≠a mantenerse con vida.

Los investigadores pensaron que la mejor forma de seguir la pista de los autores (o autor) ser√≠a actuar como si fueran Wells. La primera nota era la m√°s sencilla. En ella le ped√≠an al repartidor que deb√≠a salir del banco con el dinero y acudir a las inmediaciones de un McDonals. Una vez all√≠ deb√≠a salir del coche y acudir a una se√Īal. Debajo de la se√Īal se encontraba una roca que conten√≠a la siguiente pista. Wells hab√≠a acudido all√≠ tras salir del banco con el dinero en efectivo. Hab√≠a recuperado esa primera nota (en realidad eran dos p√°ginas) que le dirig√≠an hasta una calle que daba a una zona boscosa a varios kil√≥metros de all√≠, espacio donde un contenedor naranja le ofrecer√≠a la siguiente pista.

Otra de las notas encontradas por el FBI. FBI

Jam√°s lleg√≥ hasta all√≠. La polic√≠a lo detuvo en la primera pista, estacionado frente al McDonalds. As√≠ que los investigadores siguieron el hilo de las notas y acudieron a la zona donde deb√≠a encontrarse con el contenedor naranja. Una vez all√≠, se encontraron con otra nota que los dirig√≠a a unos 3 kil√≥metros al sur, donde deb√≠an divisar una nueva se√Īal de tr√°fico con otra pista.

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Cuando llegaron se encontraron con un frasco, pero este estaba vacío. Quien fuera que había colocado la pista parecía que se había deshecho del puzzle en ese punto. Podría ser que en el transcurso de tiempo que había pasado entre la detonación de la bomba y las primeras pesquisas policiales, los autores habían intentado eliminar las pistas que debían liberar a Wells del collar.

Sin m√°s notas que rastrear, la polic√≠a se centra en el propio repartidor. Los agentes acuden a los forenses y se a√Īade una nueva capa de intriga a la trama. Wells hab√≠a muerto con dos camisetas puestas, y la exterior llevaba escrito bien grande la palabra guess (adivina en ingl√©s). La broma macabra cobra sentido cuando la polic√≠a habla con los trabajadores y estos niegan que ese d√≠a la llevara puesta. Es m√°s, acuden a sus parientes y ninguno recordaba haberlo visto jam√°s con ella, ni en broma. La polic√≠a estaba totalmente perdida, ¬ŅQu√© clase de juego era todo esto? ¬Ņqui√©n estaba detr√°s del mismo? O quiz√° m√°s importante, ¬Ņpor qu√© tomaron a Wells como reh√©n?

Los investigadores deciden entonces seguir los pasos del repartidor el 28 de agosto. Ese d√≠a y como recordar√≠an los vecinos, Wells sali√≥ de casa temprano para ir a trabajar como todos los d√≠as a la pizzer√≠a Mama Mia. A las 13:30 y como record√≥ su jefe, se realiza un pedido con entrega en un punto a las afueras de la ciudad. Wells estaba a punto de terminar su turno, pero a√ļn as√≠ decide llevar el pedido.

Reglas a seguir para Wells. FBI

Sale del establecimiento sobre las 14:00 horas. Dicho lugar de entrega tiene un √ļnico acceso a trav√©s de un camino de tierra, un enclave que lleva a una torre de transmisi√≥n de televisi√≥n en una zona boscosa fuera de la ciudad. Cuando la polic√≠a llega hasta all√≠ peina toda la zona durante d√≠as. Descubren huellas de zapatos que concuerdan con el calzado que llevaba Welss ese d√≠a. Tambi√©n observan las huellas de unos neum√°ticos, unas ruedas que m√°s tarde se confirmar√≠an como las huellas del veh√≠culo del repartidor, el mismo encontrado horas m√°s tarde junto al collar bomba sobre su cuello.

Aparte de las huellas no hab√≠a ninguna otra pista que pudiera arrojar evidencias sobre qui√©n lo pudo atraer hasta all√≠ o qu√© fue lo que ocurri√≥ despu√©s. Tras varios d√≠as de investigaci√≥n la polic√≠a lleg√≥ a un punto de no retorno. La √ļltima de las pesquisas les hab√≠a devuelto a la casilla de salida y no hab√≠a manera de encontrar algo de luz en el caso.

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Un cuerpo en el congelador

Restos del collar bomba de Wells. Wikimedia Commons

Pero no todo estaba perdido. Los periodistas que hab√≠an estado cubriendo el caso m√°s importante de la historia de Erie no se iban a quedar de brazos cruzados. Dos reporteros del diario Times-News acuden a la torre tras un chivatazo sobre los pasos policiales. La zona estaba acordonada por la polic√≠a, por tanto, los periodistas no pod√≠an pasar a partir de cierta zona. Cuando estaban a punto de dar media vuelta se fijan en una extra√Īa figura. Justo enfrente de la torre se encontraba una casa cuyo patio trasero daba a parar a la torre. Desde sus ventanales se pod√≠a ver la sombra de un hombre alto y corpulento. Los reporteros piensan que no tienen nada que perder y acuden a la casa para preguntarle al tipo.

El hombre abre la puerta y se presenta. Se llamaba Bill Rothstein, de 59 a√Īos y de profesi√≥n ‚Äúmanitas‚ÄĚ. Le cont√≥ a los periodistas que hab√≠a vivido toda la vida en la zona y que se ganaba la vida con peque√Īos arreglos. Cuando los reporteros le preguntaron por el caso, Rothstein no ten√≠a ni idea de lo ocurrido a escasos metros de su casa. En vista de que no le iban a sacar ninguna noticia, le piden acudir al patio trasero para tomar unas fotos. M√°s o menos media hora despu√©s los periodistas se despiden del hombre y vuelven a la redacci√≥n.

Pasaron d√≠as sin noticias nuevas ni pistas que pudieran reabrir el caso hasta el 20 de septiembre de ese mismo a√Īo. Una llamada al 911 hac√≠a soltar las alarmas. Al otro lado del tel√©fono se pod√≠a o√≠r la voz de un hombre que dec√≠a lo siguiente:

8645 en Peach Street, en el garaje hay un cuerpo congelado. El cuerpo est√° en el congelador.

Restos del dispositivo del collar guardado por el FBI. FBI

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¬ŅAdivinan qui√©n realiz√≥ la llamada? Fue Bill Rothstein, quien estaba llamando a la polic√≠a para que acudieran a su propia casa, lugar donde estaba indicando que hab√≠a un cuerpo en un congelador. Ni que decir tiene que a las pocas horas Rothstein estaba en comisar√≠a siendo interrogado. All√≠ explic√≥ la historia: al parecer hab√≠a estado las √ļltimas semanas viviendo en ‚Äúuna agon√≠a‚ÄĚ, hab√≠a valorado suicidarse e incluso hab√≠a llegado a escribir una nota de suicidio.

Dicha nota fue encontrada por la polic√≠a. En la misma, el hombre identificaba el cuerpo del hombre en el congelador. Se trataba de Kim Roden y en la nota de suicidio de Rothstein se√Īalaba que ‚Äúno lo mat√© ni he participado en su muerte‚ÄĚ, seguido de lo m√°s intrigante (si es que esto no lo era ya suficientemente). La nota terminaba con un escueto:

... esto no tiene nada que ver con el caso de Wells.

La viuda negra

Pistola casera usada por Wells en el banco. AP Images

Rothstein explicó a la policía que a mediados de agosto había recibido una llamada de teléfono de su ex-novia Marjorie Diehl-Armstrong. Al parecer, esta le llamó alterada y nerviosa, acababa de disparar a su novio, James Roden, durante una pelea por un tema económico. No sabía donde acudir y llamó a Rothstein para limpiar la escena y el cuerpo. Este aceptó, acudió a la casa de la mujer e hizo lo que le pidió, meter en el congelador de su garaje el cuerpo y fundir el arma del homicidio en cenizas que luego esparció por Erie.

Ocurre que Marjorie tambi√©n le pidi√≥ que se deshiciera del cuerpo unos d√≠as despu√©s, pero Rothstein no tuvo el valor de seguir con el plan y acab√≥ llamando a la polic√≠a, seg√ļn sus palabras, por miedo a las represalias de Marjorie.

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As√≠ fue como el 21 de septiembre Marjorie es detenida por el asesinato de Roden‚Ķ para 16 meses despu√©s, en enero del 2005, declararse culpable (aunque mentalmente enferma), y por tanto condenada a 20 a√Īos de prisi√≥n. Un tiempo, entre la detenci√≥n y la condena, en el que Rothstein fallec√≠a de un linfoma. As√≠ que a √©l, ya nadie le pod√≠a pedir explicaciones.

Lo cierto es que aunque Rothstein nombró en su supuesta nota de suicidio esas enigmáticas palabras (esto no tiene nada que ver con el caso de Wells), ninguno de los agentes federales que llevaban el caso del collar bomba le había dado mayor importancia a que existiera tal conexión. Pero toda cambiaría en abril del 2005 tras una llamada de un agente del estado que había tenido un encuentro con Marjorie en la cárcel.

Marjorie y Rotstein. Erie Times News

La mujer se hab√≠a enterado de la nota de su ex-novio (Rothstein, ya muerto) y sali√≥ a desmentirlo. Seg√ļn Marjorie, el asesinato de Roden estaba relacionado con la trama del collar bomba. El FBI se person√≥ con la mujer y esta les asegur√≥ que si la trasladaban a una prisi√≥n cercana a Erie les contar√≠a todo lo que sab√≠a sobre el caso.

En este punto vale la pena explicar qui√©n era Marjorie. Antes de ser detenida por el asesinato de Roden, a Diehl-Armstrong se la conoc√≠a por una especie de ‚Äúviuda negra‚ÄĚ, es decir, una mujer cuyos amantes hab√≠an pasado a mejor vida. Con 35 a√Īos lleg√≥ a estar acusada del asesinato de su novio Robert Thomas. Ella afirm√≥ que las seis balas que ten√≠a en el cuerpo fue por defensa propia. La creyeron y fue absuelta por el jurado. Unos a√Īos m√°s tarde su primer marido muri√≥ bajo extra√Īas circunstancias.

E incluso mucho antes, cuando Diehl-Armstrong era una joven estudiante de secundaria, sus compa√Īeros la recordaban como una chica extremadamente inteligente, con un dominio casi enciclop√©dico de la literatura, la historia y las leyes. El retrato que hac√≠an de ella sus conocidos cambiaba con el paso del tiempo, dando paso a una mente con altibajos y constantes trastornos bipolares, cambios bruscos de humor e incapaz de controlar su violencia en ocasiones. Quienes la conoc√≠an en sus √ļltimos a√Īos la tildaban de paranoide y narcisista.

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Cuando las autoridades federales la entrevistaron dijo que no estaba implicada en la trama de Wells, aunque admiti√≥ que conoc√≠a el plan y hab√≠a suministrado los temporizadores para la bomba. Tambi√©n dijo que el repartidor de pizza no fue √ļnicamente una v√≠ctima, sino tambi√©n parte del plan. Finalmente acus√≥ Rothstein, √©l hab√≠a sido la cabeza pensante, el origen de todo.

Kenneth Barnes en el 2007 escoltado por el FBI. AP Images

Lo cierto es que la policía no la creyó. Los investigadores se habían reunido semanas antes con 4 informantes desde la cárcel que les habían revelado que Marjorie había hablado sobre el crimen con detalle. La mujer acaba admitiendo a los agentes que mató a Roden porque iba a contar todo sobre el robo.

Pocos meses despu√©s se produce otro avance en el caso. A finales del 2005 se presenta un testigo a los federales para comunicar que un reparador de televisiones que hab√≠a sido proveedor de crack en el pasado, un tipo bajo el nombre de Kenneth Barnes, tambi√©n estaba implicado. Al parecer, Barnes hab√≠a sido compa√Īero de Marjorie y estaba en ese momento en la c√°rcel por cargos relacionados con drogas. El tipo llega a un acuerdo para reducir la sentencia si cuenta lo que sabe.

Barnes confirma las teorías de la policía, Marjorie era el cerebro de la trama del collar bomba. El hombre explica que la mujer urdió el plan del robo al banco para poder pagar a un asesino a sueldo y matar a su padre, un tipo rico que Marjorie creía que se estaba gastando su fortuna, la misma que esperaba heredar un día. Tras la declaración de Barnes los agentes se presentan a Marjorie y le comunican que tienen pruebas suficientes para acusarla.

¬ŅFin del caso?

El hermano de Wells, John, hablando para los medios tras el anuncio de la fiscalía en el 2007. AP Images

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Finalmente, el 10 de julio del a√Īo 2007, casi cuatro a√Īos despu√©s de la muerte de Wells, se produce un anuncio importante por parte de la oficina del fiscal federal en Erie. Una conferencia de prensa ante las c√°maras de televisi√≥n donde anuncian que la investigaci√≥n ha terminado. Marjorie y Barnes son acusados de llevar a cabo todo el plan. La acusaci√≥n tambi√©n a√Īade a la conspiraci√≥n a Rothstein y la propia v√≠ctima, Wells.

Ese d√≠a sale a la luz el trabajo de esos cuatro a√Īos donde se alega que Wells fue parte de la trama desde el principio. El hombre hab√≠a accedido a robar el banco, aunque siempre crey√≥ que lo har√≠a bajo una bomba falsa. Esa b√ļsqueda de pistas posteriores que le ofrecer√≠an las llaves y los c√≥digos para desactivar la bomba era parte del plan para enga√Īar a los polic√≠as en el caso de que lo atraparan. Era, seg√ļn la fiscal√≠a, una estrategia para mostrar evidencias falsas de que el hombre solo estaba siguiendo instrucciones a la fuerza.

La fiscal Mary Beth Buchanan apunt√≥ que con el tiempo, Wells pas√≥ de ser parte de la trama a un ‚Äúparticipante involuntario‚ÄĚ. En alg√ļn punto, el resto de los criminales decidieron utilizarlo, pasando de tener el papel de reh√©n a convertirse en uno. El collar bomba se hizo real y las pistas falsas se convirtieron en una lucha contra el reloj por salvar su vida. Adem√°s, una semana despu√©s se supo que el FBI hab√≠a llegado a la conclusi√≥n de que la b√ļsqueda de pistas era un enga√Īo para el propio Wells. La bomba hab√≠a sido manipulada de tal forma que cualquier intento por detenerla la har√≠a estallar. Dicho de otra forma, Wells estaba sentenciado desde el mismo momento en el que le pusieron el collar.

En septiembre del 2008 Barnes fue declarado culpable por cargos de conspiraci√≥n y armas involucradas en la trama del collar. Le cayeron 45 a√Īos aunque accedi√≥ a testificar en el juicio contra Marjorie con la esperanza de una reducci√≥n. El juicio de la mujer tuvo que esperar hasta el a√Īo 2010 debido a que se aleg√≥ en un primer momento que era mentalmente incompetente para ser juzgada.

Marjorie tras la sentencia. AP Images

Ese a√Īo y tras comenzar el juicio, Barnes sali√≥ al estrado a contar la verdad. El hombre explic√≥ ante el jurado que Marjorie ide√≥ el plan y alist√≥ a una serie de c√≥mplices para llevarlo a cabo. Rothstein fue uno de ellos. Wells otro, en su caso, con la promesa de un peque√Īo emolumento por sus servicios. Y es que ese d√≠a en el juicio se supo que el repartidor de pizzas aplicado y amable en el trabajo tambi√©n deb√≠a mucho dinero.

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Resultó que tenía una relación con una prostituta, a la cual le daba crack (que le compraba o fiaba a Barnes) a cambio de sexo. Las semanas anteriores al robo Wells había perdido dinero y tenía una gran deuda atrasada con los jefes de Barnes. Por tanto necesitaba dinero en efectivo cuanto antes. No fue hasta su llegada a la torre para la supuesta entrega de las pizzas cuando se dio cuenta de que había sido traicionado y que la bomba que le iban a instalar a punta de pistola era real. Luego llegó el turno de Marjorie negando la historia de Barnes, aunque el jurado no la creyó. El 28 de febrero del 2011 fue condenada a cadena perpetua.

As√≠, m√°s de 7 a√Īos despu√©s de la muerte de Wells, se pon√≠a fin a una investigaci√≥n de lo m√°s surrealista y peliculera. Una historia de comenzaba un d√≠a normal, en una ciudad normal de una ma√Īana del mes de agosto de lo m√°s normal. Una que terminar√≠a con la explosi√≥n de un collar bomba y muerte de un repartidor de pizzas a los ojos de millones de espectadores de Estados Unidos.

Si bien la mayoría de las cuestiones fueron resueltas tras la sentencia a Marjorie, algunas preguntas quedan en el aire. Sin ir más lejos, nos quedamos con la duda de si la figura enigmática de Bill Rothstein en toda la trama fue más o menos importante. Nunca lo sabremos. O quizá sí.

Posiblemente cuando Hollywood estrene una más que posible película del caso.