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Tecnología

Elon Musk pagó 44.000 millones por Twitter y después enterró su nombre. Una pequeña startup acaba de resucitar el pájaro azul y quiere demostrar ante un juez que X abandonó una de las marcas más famosas de Internet

Twitter.now recupera los retuits, las respuestas y una estética imposible de confundir. Entrar cuesta 20 dólares, pero quienes paguen estarán apostando por una plataforma cuyo nombre podría desaparecer en los tribunales.
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Hay dos Twitter funcionando al mismo tiempo y ninguno ocupa exactamente el lugar que debería. El dominio twitter.com conduce a X, una plataforma que eliminó el nombre y el pájaro azul de su identidad. Mientras tanto, la red social que sí se presenta como Twitter vive en twitter.now, porque su derecho a utilizar la marca todavía se está decidiendo.

Esta extraña duplicación es obra de Operation Bluebird, una pequeña empresa de Virginia que no pretende competir contra Elon Musk únicamente con mejores funciones. Su jugada consiste en algo más agresivo: demostrar que X abandonó legalmente Twitter y que, por tanto, otro puede recoger el nombre, el logotipo y la nostalgia que dejó tirados.

No vende una red social nueva: vende el regreso de una antigua

Elon Musk pagó 44.000 millones por Twitter y después enterró su nombre. Una pequeña startup acaba de resucitar el pájaro azul y quiere demostrar ante un juez que X abandonó una de las marcas más famosas de Internet
© Kirill Kudryavtsev / AFP

Twitter.now no intenta ocultar lo que está haciendo. Su portada anuncia que “Twitter ha vuelto”, utiliza un pájaro azul y recupera elementos reconocibles como las respuestas y los retuits. El acceso anticipado cuesta 20 dólares y concede al usuario la condición de fundador. También existe una aportación de 40 dólares o más para quienes quieran financiar la batalla.

Detrás del proyecto está, entre otros, Stephen Coates, un antiguo abogado de marcas de Twitter que ahora ejerce como responsable jurídico de Bluebird. La empresa asegura tener inversores y varios cientos de usuarios, aunque todavía se encuentra en una fase inicial.

La plataforma tampoco quiere limitarse a reconstruir el Twitter de 2012. Está probando Vera, una herramienta basada en inteligencia artificial que analiza la fiabilidad y el contexto de las publicaciones. Su promesa se resume en una fórmula: libertad de expresión, pero no libertad automática de alcance. El usuario podría ajustar qué nivel de confianza exige al contenido que aparece en su pantalla, en lugar de dejar toda la decisión en manos de un algoritmo invisible.

Elon Musk anunció el fin de Twitter. Ahora sus palabras pueden volverse contra X

Elon Musk pagó 44.000 millones por Twitter y después enterró su nombre. Una pequeña startup acaba de resucitar el pájaro azul y quiere demostrar ante un juez que X abandonó una de las marcas más famosas de Internet
© Twitter.now.

El argumento de Bluebird nace de una decisión que en 2023 parecía definitiva. Después de comprar Twitter por 44.000 millones de dólares, Musk anunció que la compañía se despediría de la marca y, gradualmente, de todos sus pájaros. El servicio pasó a llamarse X, adoptó un nuevo logotipo y terminó trasladando su identidad principal a x.com.

En diciembre de 2025, Bluebird pidió a la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos cancelar varios registros de “Twitter” y “Tweet” por supuesto abandono. El procedimiento administrativo está suspendido desde enero mientras avanza el litigio federal iniciado por X.

X sostiene justo lo contrario. Afirma que una renovación de imagen no equivale a abandonar una marca y señala que continúa utilizándola en licencias, comunicaciones y otros materiales. También asegura que, solo el 11 de diciembre de 2025, más de cuatro millones de personas entraron en la plataforma mediante twitter.com. En otras palabras: Musk dejó de llamarla Twitter, pero millones de usuarios no obedecieron.

Un juez abrió la puerta, pero todavía nadie ha ganado

X solicitó a un tribunal federal de Delaware una medida cautelar para impedir el lanzamiento. Sin embargo, durante una audiencia celebrada en abril, el juez Colm Connolly expresó provisionalmente dudas sobre los derechos de X respecto a la palabra “Tweet”, el pájaro azul y posiblemente el propio nombre Twitter.

El matiz es crucial: todavía no existe una orden escrita definitiva. Bluebird interpretó aquellas palabras como luz verde y lanzó la plataforma sin esperar la resolución.

La startup ya ha conseguido resucitar la apariencia de Twitter. Ahora debe superar dos pruebas bastante más duras: conservar el nombre ante un juez y convencer a suficientes personas de que paguen por reconstruir allí sus comunidades. Porque un pájaro azul puede despertar recuerdos en segundos; levantar otra vez una plaza pública requiere algo que ninguna marca registrada puede garantizar.

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