Recuerdo que en la adolescencia solíamos ir casi siempre un grupo de chicos y de chicas. También recuerdo que había unos chicos que ligaban más que otros. Y que los chicos que ligaban más, incluso con novia, parecían seguir teniendo un gran atractivo para las otras chicas. A lo mejor un pescado podría tener la clave.

Que el mundo de los humanos y el reino animal tiene cientos de similitudes es un hecho. Que un peque√Īo pescado de apenas el tama√Īo de un dedo se comporte de manera muy parecida a algo tan complejo como el apareamiento y atracci√≥n sexual entre humanos, ya es m√°s raro.

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Hace tiempo en psicolog√≠a se atribuy√≥ con el t√≠tulo poco afortunado de ‚Äúel efecto del anillo de bodas‚ÄĚ a una de esas secuencias con la que abrimos el art√≠culo. Evidentemente no exist√≠an pruebas cient√≠ficas rigurosas que lo demostraran, pero se sosten√≠a que aquellos tipos que ya no est√°n disponibles porque est√°n con otra persona, atraen m√°s atenci√≥n del resto de las chicas. Podr√≠amos decir que lo contrario tambi√©n ocurre, pero todo indica que los hombres son menos ‚Äúselectivos‚ÄĚ o al menos no tienen tanto en cuenta si la mujer tiene o no compa√Īero.

A partir de entonces se dieron un mont√≥n de teor√≠as que han tratado de averiguar, en primer lugar si es cierto, y en segundo lugar y de ser as√≠, por qu√© raz√≥n ocurre. Las primeras teor√≠as suger√≠an que esa met√°fora del anillo de bodas es simplemente una se√Īal para las chicas, una se√Īal que indica ‚Äúseguridad‚ÄĚ en cierto sentido, ‚Äúese chico debe ser alguien fiable‚ÄĚ.

Otros lo atribu√≠an a que simplemente se ve√≠a como una oportunidad pasajera para el coqueteo vac√≠o, una especie de juego ‚Äúseguro‚ÄĚ, ya que se da por supuesto que uno de los dos ‚Äúno est√° disponible‚ÄĚ. Sin embargo otros teorizaban que la psique femenina ve a alguien comprometido con otra chica como una indicaci√≥n de que otra mujer ya lo ha considerado digno, es decir, que una vez conocido, ha dado el visto bueno como compa√Īero.

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Por supuesto y como en todas las grandes cuestiones filos√≥ficas ‚Äúde peso‚ÄĚ que han plagado la historia de nuestra civilizaci√≥n, todo esto se podr√≠a tratar de pura imaginaci√≥n por parte del hombre comprometido en un esfuerzo por pensar que sigue siendo un tipo con atracci√≥n una vez en pareja.

Y como tantas otras veces en la historia de la humanidad, la respuesta la podríamos tener en nuestro querido mundo animal. Para ser más precisos, bajo el mar, a través del encantador pez millón (Poecilia reticulata).

El pescado de calendario

Variedades de pez millón. Wikimedia Commons

El pez millón es un pez ovovivíparo de agua dulce procedente de Sudamérica, un pez que habita en zonas de corriente baja de ríos, lagos y charcas, también muy popular para los aficionados a la acuariofilia debido a que no ofrece grandes dificultades para su mantenimiento y, muy importante, se reproduce con muchísima facilidad.

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Esta √ļltima parte es muy interesante porque fue la raz√≥n de que muchos investigadores comenzaran a estudiar esta inusitada forma de reproducirse. En esencia y dado que son ovoviv√≠paro, las hembras de pez mill√≥n desarrollan los huevos en su interior hasta que est√°n maduros y ya han consumido completamente su saco vitelino. Las hembras ovulan cada tres d√≠as y alumbran cada 28-29 d√≠as. Quiz√°s m√°s importante es saber que el pez alcanza la madurez sexual a los tres meses de nacer y que como vemos en las im√°genes, tienen diferentes formas f√≠sicas y maneras muy distintas de reconocer sus sexos.

Sin embargo, en el a√Īo 1996 los investigadores Godin y Dugatkin encontraron algo todav√≠a m√°s curioso. Ambos dispusieron en un gran tanque a un grupo nutrido de hembras. Poco despu√©s incluyen un grupo de machos, todos relativamente indistinguibles. No les tom√≥ mucho tiempo observar como los peces se ajustaban r√°pidamente al nuevo h√°bitat y, como en cualquier sociedad, comenzaban a acoplarse.

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Y como tambi√©n ocurre en muchas otras especies, eran las hembras las que acababan seleccionando con qui√©n se iban. Pero lo m√°s sorprendente fue que pudieron verificar como algunos de los machos eran tremendamente afortunados, ellos se llevaban ‚Äútoda la gloria‚ÄĚ, mientras que a otros parec√≠an despreciarlos.

Maho y hembra. Wikimedia Commons

¬ŅQu√© raz√≥n llevaba a las hembras a hacer cola para aparearse con un grupo peque√Īo (y ecl√©ctico) de machos? ¬ŅExist√≠a alguna diferencia sutil por la que las hembras estaban basando sus elecciones? ¬ŅQuiz√°s un componente social que se les escapaba a los investigadores?

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Godin y Dugatkin pasaron a hacer lo que hacen los investigadores en estos casos. Verificar lo que acababan de ver e introducir varios escenarios para descubrir lo que estaba ocurriendo. Quizás habían dado con la cuestión más importante de la historia, la gran respuesta que daría sentido completo a nuestra existencia, ni más ni menos que la razón que hace a unos individuos más atractivos para el sexo opuesto.

Lo primero que descubrieron fue que las hembras eran atra√≠das por un macho con m√°s color, aunque tambi√©n encontraron que si a una hembra se le da la opci√≥n entre un macho solitario pero muy colorido y un macho de menor color pero muy ‚Äúactivo‚ÄĚ, la hembra ir√≠a sin dudarlo en contra de dicha norma del color y escoger√≠a al segundo, el pescado de calendario.

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Es m√°s, los investigadores encontraron que cuando un grupo de hembras se separaban y ve√≠an que un macho y una hembra lo hac√≠an, ese macho ya ten√≠a la ‚Äúmarca‚ÄĚ y generalmente se hac√≠a muy popular entre la poblaci√≥n femenina cuando se volv√≠an a mezclar todos de nuevo. No s√≥lo eso, la teor√≠a se manten√≠a incluso despu√©s de introducir nuevos machos al estanque. ¬ŅQu√© demonios estaba pasando en esas cuatro paredes?

Pareja de Poecilia reticulada. Wikimedia Commons

Existen varias teor√≠as sobre por qu√© sucede esto. Tal vez esos machos conduc√≠an a una pasi√≥n desenfrenada para el resto de hembras, o tal vez las hembras supon√≠an que la compa√Īera anterior del macho hab√≠a descubierto una cualidad discreta pero crucial que lo convirti√≥ en un compa√Īero superior. O quiz√°, tal vez, ese macho que tiene tanta ‚Äúpr√°ctica‚ÄĚ es la mejor elecci√≥n, ya que sabe de qu√© va el tema.

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Lo cierto es que todas estas teor√≠as tienen que ver con lo que se posteriormente se ha denominado como Mate choice copying, algo as√≠ como copiar la elecci√≥n de compa√Īero de una hembra anterior. Un evento que se ha encontrado en una amplia variedad de especies de peces y aves diferentes adem√°s del pez mill√≥n, aunque ninguna con la similitud entre humanos como la de este √ļltimo.

Poecilia reticulada. Getty

Obviamente esto nos lleva a la gran pregunta, ¬Ņde verdad podemos extrapolar este comportamiento al de los humanos? Quiz√°s se podr√≠a averiguar en un bar de ‚Äúsolteros‚ÄĚ, aunque lo cierto en que en un bar, club o discoteca no existe uniformidad entre los hombres ni control sobre la asertividad de los pretendientes potenciales, por no decir que rara vez, a no ser que est√©s en un sitio que lo permita, se podr√° ver a una pareja copulando a la vista del resto de los asistentes. Dicho de otra forma, debemos considerar que la ‚Äú√©tica cient√≠fica‚ÄĚ impedir√≠a cualquier esfuerzo por reproducir el escenario de los peces mill√≥n con humanos, aunque sea en un ambiente controlado.

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Lo cierto es que a√Īos despu√©s del estudio sobre estos peces se han llevado a cabo varios intentos para intentar corroborar la teor√≠a. Una de ellos buscaba alinear la misma idea con los machos. Se llev√≥ a una chica a un bar, espacio donde deb√≠a sentarse durante varias horas. En ocasiones llevaba un anillo de bodas, en otras se lo quitaba. Mientras, los investigadores rastrearon la frecuencia con la que los chicos se acercaban ¬ŅQu√© ocurri√≥?

Los hallazgos sugerían que los hombres heterosexuales no prestaban la más mínima atención a la joyería de la joven, para el hombre no había filtro alguno por el anillo.

Estudio en Aberdeen. Universidad de Aberdeen

En otro estudio de la Universidad de Aberdeen, ahora s√≠ con mujeres y algo mejor dise√Īado que el anterior, se les mostraba una serie de tarjetas con fotograf√≠as. Cada tarjeta inclu√≠a dos fotos a los lados de dos chicos junto a la foto de una chica en el centro de la tarjeta.

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En cada una de las tarjetas la chica est√° mirando a uno de los dos hombres, unas veces con una sonrisa y otras veces con una expresi√≥n neutra. Tras el visionado se les ped√≠a a las mujeres que calificaran el atractivo de los hombres. ¬ŅEl resultado? Las mujeres hab√≠an encontrado a los hombres que se les sonre√≠a como m√°s atractivos, mientras que al resto los ve√≠an ‚Äúmenos atractivos‚ÄĚ.

Curioso, porque los investigadores luego pasaron a mostrar las mismas im√°genes a un grupo de hombres, quienes se comportaron sorprendentemente diferente a las mujeres. Estos calificaron a los hombres a quienes se les hab√≠a sonre√≠do como menos atractivos. Seg√ļn los investigadores:

Esto significa que la competencia dentro del sexo promueve actitudes negativas hacia los hombres que son el objetivo del interés social positivo de las mujeres.

En cualquier caso el resultado con las chicas volv√≠a a situar nuestras t√©cnicas de apareamiento a la de los peces mill√≥n. Los cient√≠ficos contin√ļan aprendiendo y estudiando las posibles conexiones entre ambos reinos y todo indica que hay algo de nosotros en los peque√Īos pescados. Cu√°nto y por qu√© son todav√≠a las grandes cuestiones.