Mientras Estados Unidos y China avanzan con prototipos que buscan unir la atmósfera y el espacio en un único despegue, Europa da un paso firme con su propio candidato: Invictus. Un avión hipersónico que podría revolucionar el transporte y la exploración espacial en menos de una década.
Un nuevo paradigma para el vuelo

Invictus es la gran apuesta de la Agencia Espacial Europea (ESA) y la consultora británica Frazer-Nash. El objetivo es claro: construir una aeronave reutilizable capaz de despegar desde una pista común, multiplicar por cinco la velocidad del sonido y, finalmente, alcanzar la órbita sin necesidad de lanzamientos verticales. Si los plazos se cumplen, el primer vuelo experimental podría realizarse en 2031.
La complejidad técnica es monumental. A velocidades hipersónicas, el fuselaje enfrenta temperaturas que podrían fundir metales. Por ello, el proyecto integrará un innovador sistema de preenfriamiento, heredado del motor SABRE, que enfría el aire en milisegundos antes de entrar en los motores. Este avance permitiría que una aeronave convencional soporte el régimen hipersónico sin perder estabilidad ni seguridad.
Una plataforma para ensayar el futuro

Más que un avión, Invictus se concibe como un laboratorio de vuelo modular. Su diseño permitirá intercambiar materiales, software y sistemas de propulsión para ensayar distintas tecnologías clave. El objetivo no es solo cruzar océanos en menos de una hora, sino también sentar las bases para futuras misiones espaciales más rápidas y sostenibles.
El presupuesto inicial, de 7 millones de libras, podría parecer modesto frente a otros proyectos aeroespaciales. Sin embargo, es una inversión estratégica que busca posicionar a Europa en un terreno dominado hasta ahora por Estados Unidos y China. Tal como señaló Tommaso Ghidini, jefe de mecánica de la ESA, el vuelo hipersónico no solo es la próxima frontera aeroespacial, sino “la puerta de entrada a un nuevo paradigma de movilidad y acceso al espacio”.
Camino a 2031: más cerca del espacio

El plan prevé que en los próximos 12 meses se cierre el diseño preliminar, para luego dar paso a la construcción y pruebas de la plataforma experimental. Si el cronograma se cumple, Invictus podría marcar un antes y un después en la aviación civil y militar: vuelos intercontinentales en minutos y acceso al espacio desde pistas convencionales, con menores costes y menor impacto ambiental.
Con Invictus, Europa no solo busca acelerar su carrera espacial, sino redefinir la manera en que los humanos viajarán en las próximas décadas, llevando el concepto de avión más allá de los límites conocidos.