La electricidad que circula por nuestras redes no llega íntegra a su destino. Parte de esa energía se pierde inevitablemente en forma de calor cuando atraviesa cables y transformadores. Desde hace más de un siglo, los físicos persiguen una solución radical a este problema: materiales capaces de conducir electricidad sin ninguna resistencia. Un nuevo resultado obtenido en Texas acaba de acercar un poco más esa posibilidad.
Un récord que rompe una barrera que llevaba décadas intacta

Un equipo del University of Houston ha conseguido un nuevo récord de temperatura de transición en superconductores que funcionan a presión ambiente. El material desarrollado por los investigadores alcanza los 151 Kelvin (−122 °C) antes de entrar en estado superconductor, la temperatura más alta registrada hasta ahora sin necesidad de mantener presiones extremas.
El estudio fue dirigido por los físicos Ching-Wu Chu y Liangzi Deng, y sus resultados fueron publicados en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences. El nuevo valor supera el récord anterior de 133 Kelvin logrado en 1993 con el material Hg1223, un superconductor cerámico basado en cobre y mercurio.
En términos absolutos, la diferencia puede parecer pequeña, apenas 18 Kelvin. Sin embargo, en el campo de la superconductividad cada incremento de temperatura representa un avance significativo, ya que reduce los requisitos de refrigeración necesarios para mantener el fenómeno.
Qué ocurre cuando un material se vuelve superconductor

La superconductividad es uno de los fenómenos más sorprendentes de la física de materiales. Cuando un material alcanza su temperatura de transición crítica, su resistencia eléctrica desaparece por completo y la corriente puede circular sin disipar energía.
En ese estado, los electrones se organizan en pares llamados pares de Cooper, lo que permite que se desplacen a través del material sin perder energía en colisiones con la estructura cristalina. El resultado es un flujo eléctrico perfecto, algo que no existe en los conductores convencionales.
El problema es que, históricamente, la mayoría de los superconductores solo funcionaban cerca del cero absoluto, alrededor de −273 °C. Mantener esas temperaturas requiere complejos sistemas criogénicos basados en helio líquido, lo que limita enormemente su uso fuera de aplicaciones muy especializadas.
La técnica que permitió alcanzar el nuevo récord

El avance logrado en Houston se basa en un procedimiento conocido como temple por presión. En este método, el material se somete inicialmente a presiones extremadamente altas que alteran su estructura atómica y mejoran sus propiedades electrónicas.
Una vez modificada la estructura interna, los investigadores enfrían el material y liberan rápidamente la presión. Este proceso permite conservar una fase metastable del material que mantiene sus propiedades superconductoras incluso cuando vuelve a condiciones normales.
En esencia, la presión actúa como una herramienta para reorganizar la estructura cristalina del material y desbloquear nuevas configuraciones electrónicas que favorecen la superconductividad.
Por qué importa para el sistema energético global
La superconductividad tiene implicaciones directas para el futuro energético. Según estimaciones citadas por los investigadores, alrededor del 8% de la electricidad generada en el mundo se pierde durante su transporte a través de las redes eléctricas.
Si esas pérdidas pudieran eliminarse mediante cables superconductores, el impacto sería enorme. Las redes eléctricas podrían transportar más energía con menos infraestructura y reducir significativamente los costes energéticos globales.
Además de las redes eléctricas, los superconductores ya se utilizan en tecnologías avanzadas como equipos de resonancia magnética, aceleradores de partículas y trenes de levitación magnética. También desempeñan un papel importante en la investigación de reactores de fusión nuclear, donde los campos magnéticos extremadamente intensos son esenciales para confinar el plasma.
El objetivo final sigue siendo la temperatura ambiente
El gran objetivo de la investigación en superconductividad sigue siendo desarrollar materiales capaces de funcionar cerca de los 300 Kelvin, aproximadamente la temperatura ambiente. Lograrlo permitiría utilizar superconductores sin sistemas criogénicos complejos.
Todavía existe una brecha considerable entre el nuevo récord y esa meta. Sin embargo, la historia de esta disciplina muestra que los avances suelen llegar mediante mejoras graduales que revelan nuevos mecanismos físicos.
Cada nuevo récord no solo representa un número más alto en una tabla de temperaturas. También proporciona pistas sobre cómo diseñar los materiales que algún día podrían permitir algo que hoy todavía parece ambicioso: una red eléctrica global donde la energía viaje miles de kilómetros sin perder prácticamente nada en el camino.