A primera vista, el pez león parece uno de los habitantes más espectaculares de un arrecife. Sus aletas se despliegan como abanicos, luce franjas rojizas y blancas, y sus largas espinas le dan una apariencia casi ornamental. Sin embargo, detrás de esa belleza se esconde un depredador que está alterando los ecosistemas marinos de Florida y buena parte del Caribe. Y las autoridades estadounidenses llevan años intentando contenerlo.
La última ofensiva terminó con un récord difícil de imaginar: 36.187 peces león retirados de las aguas de Florida en una sola temporada. Participaron centenares de buceadores y pescadores, pero el resultado también deja una paradoja. Cuantos más ejemplares se eliminan, más evidente resulta la dificultad de controlar una especie invasora que se reproduce rápidamente y prácticamente no encuentra enemigos naturales en estas aguas.
Florida eliminó 36.187 peces león, pero la cifra récord revela la magnitud del problema

La Comisión de Conservación de Pesca y Vida Silvestre de Florida (FWC) confirmó el 19 de octubre de 2026 que su programa anual Lionfish Challenge alcanzó el mayor número de capturas desde su creación. En total, 533 participantes completaron 1.468 salidas de buceo y retiraron más de 36.000 ejemplares, superando en más de 5.000 las capturas de 2025.
El concurso busca incentivar el control de esta especie mediante recompensas y reconocimientos. Hunter Ledbetter, del condado de Monroe, fue proclamado Lionfish King tras capturar 1.541 peces, mientras que Helen Rodney, de Broward, obtuvo el título de Lionfish Queen con otros 1.488 ejemplares.
La competición también incluyó categorías comerciales, juveniles y para veteranos militares. David Garrett retiró aproximadamente 515 kilogramos de pez león, mientras que un establecimiento de Pensacola registró más de 5.000 colas entregadas para verificar las capturas.
El récord es importante para la conservación local, aunque no permite determinar por sí solo si la población total de peces león está disminuyendo. Tampoco significa que la especie se encuentre cerca de desaparecer de Florida.
El verdadero peligro del pez león no está en sus espinas venenosas, sino en lo que hace bajo el agua

El pez león es originario de los océanos Índico y Pacífico. Su introducción en el Atlántico se relaciona probablemente con liberaciones de ejemplares procedentes de acuarios, aunque el origen exacto de la invasión continúa siendo objeto de investigación.
Su expansión ha sido especialmente problemática por tres razones: alcanza la madurez sexual rápidamente, produce enormes cantidades de huevos y se alimenta de numerosos peces y crustáceos nativos. Según las investigaciones de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (NOAA), las hembras pueden producir más de dos millones de huevos anuales en condiciones estudiadas en el Caribe. Además, este depredador llega a consumir decenas de especies diferentes y sus poblaciones pueden alcanzar densidades extraordinariamente elevadas.
Los efectos sobre los arrecifes pueden ser graves. La NOAA señala que la presencia de un solo pez león en un arrecife experimental puede reducir hasta un 79 % la incorporación de juveniles de peces nativos. Al devorar especies herbívoras que controlan las algas, también puede perjudicar indirectamente a los corales.
El problema ya supera las fronteras estadounidenses. Cuba, otras islas del Caribe y amplias zonas del golfo de México también enfrentan las consecuencias de esta invasión marina.
La batalla contra esta especie invasora tiene una dificultad: eliminar miles no significa ganar
Los científicos llevan tiempo advirtiendo que erradicar completamente al pez león del Atlántico mediante métodos convencionales es prácticamente imposible. Su distribución es demasiado amplia y su reproducción permite que nuevas poblaciones vuelvan a ocupar áreas donde se han realizado capturas.
Por eso, la NOAA recomienda estrategias de extracción continua y localizada, especialmente en arrecifes vulnerables, donde reducir el número de depredadores puede ayudar a proteger a las especies nativas.
Florida acaba de demostrar que cientos de personas pueden retirar decenas de miles de peces invasores en una sola temporada. Pero también ha dejado una lección menos alentadora: cuando una especie consigue establecerse en un ecosistema que no está preparado para enfrentarla, incluso una cacería récord puede representar apenas una pequeña parte de una lucha que continuará durante años.