Esta hermosa foto ocupó el segundo lugar en la categoría de paisaje íntimo. Muestra un palo atrapado en un bloque de hielo.
El sonar mostró apenas una mancha oscura sobre el fondo, algo que a primera vista parecía una simple formación rocosa. Pero algo no cerraba. Cuando el buceador se acercó lo suficiente como para distinguir la forma real de lo que tenía debajo, se le paró el corazón: no era una roca, era el casco de un barco que llevaba dos milenios hundido frente a Sicilia
En la oscuridad absoluta de las profundidades oceánicas, encontrar pareja una sola vez en la vida puede ser la diferencia entre la extinción y la supervivencia de toda una especie. Algunos peces abisales resolvieron ese problema de una manera que rompe casi todas las reglas conocidas de la biología de vertebrados: fusionándose literalmente con su pareja hasta compartir el mismo torrente sanguíneo
Uno de ellos ayudó a fundar la criptografía cuántica que hoy protege buena parte de las comunicaciones digitales del planeta. Otro dirige un centro de investigación en Singapur. El tercero trabaja en el CSIC. Y los tres, además de firmar papers de física de partículas, terminaron con las manos llenas de tierra recuperando parcelas de viñedo semiabandonadas en un pueblo de menos de 500 habitantes
Nadie vio lava, ni una erupción, ni siquiera una grieta abriéndose en el suelo. Y sin embargo, algo colosal se movió bajo los pies de miles de personas en Etiopía: suficiente magma como para llenar más de medio millón de piletas olímpicas, desplazándose en silencio bajo la corteza terrestre en uno de los pocos lugares del planeta donde un continente se está separando en tiempo real
Las obras para transformar el entorno de Notre-Dame han abierto una ventana inesperada al pasado de París. Bajo la plaza, los arqueólogos están encontrando casas medievales, fosas de hace más de mil años, monedas romanas y objetos que permanecieron intactos durante siglos. Y todavía quieren seguir bajando.
Bacterias, algas, hongos y otros microorganismos están colonizando los residuos plásticos hasta formar comunidades propias. La ciencia las llama “plastisfera”, y una investigación de 2026 acaba de mostrar que sus habitantes no solo sobreviven allí: han desarrollado estrategias especialmente eficaces para hacerlo.