Celler Quàntic es una bodega ubicada en Gaianes, un pueblo de la comarca de El Comtat, en Alicante, impulsada por los físicos Juan Fuster, investigador del CSIC en el Instituto de Física Corpuscular de la Universidad de Valencia, José Ignacio Latorre, director del Centro de Tecnologías Cuánticas de Singapur, y Artur Ekert, catedrático del Instituto de Matemáticas de la Universidad de Oxford y uno de los pioneros de la criptografía cuántica, junto al agente empresarial Jordi Miguel. Según describe la propia bodega, el proyecto surgió cuando Fuster, junto a su padre, reconvirtió un antiguo campo de almendros en la zona de Sant Cristòfol, en Cocentaina, en un viñedo.
De ahí nació poco a poco la pasión familiar por el vino, que Fuster terminó compartiendo con Latorre, a quien conocía por la participación conjunta en eventos científicos. Ekert se sumó más tarde al proyecto como amigo de Latorre y también apasionado del vino, hasta que decidieron dar el salto y constituir formalmente Celler Quàntic de Gaianes como bodega profesional.
Una casa de dos siglos con depósitos de hormigón originales

La bodega ocupa una casa de más de dos siglos de historia en Gaianes, a los pies de la montaña del Benicadell, que ya producía vino y aceite de oliva desde sus orígenes. Los depósitos de hormigón originales, usados para la fermentación, siguen siendo parte fundamental del proceso actual, en lo que sus fundadores describen como una combinación deliberada entre el conocimiento científico más avanzado y el saber tradicional acumulado durante generaciones.
Antes de tener bodega propia, el equipo participó en el proyecto Microvinya, junto al Celler de la Muntanya de Muro, que elaboraba vinos a partir de parcelas pequeñas repartidas por toda la comarca. Ese fue el puente hacia Celler Quàntic, con Joan Cascant, impulsor de Microvinya, sumándose para guiar la nueva etapa.
Rescatar viñas abandonadas, a pura tierra y crowdfunding
Los viñedos de la bodega están repartidos en pequeñas parcelas de Cocentaina, Alcosser de Planes, Beniarrés y Agres. En esta última localidad, el equipo lanzó una campaña de micromecenazgo para recuperar una parcela en estado de semiabandono, compensando a quienes colaboran con lotes de vino.
Juan Fuster fue claro sobre el objetivo del proyecto: no lo hacen por negocio, sino por la cultura del vino, y por la vocación de recuperar parcelas abandonadas, considerando no solo su valor agrario sino también su capacidad de funcionar como cortafuegos naturales frente a los incendios forestales, algo que ya se comprobó en episodios recientes en la región.
Dónde entra realmente la ciencia en todo esto

Fuster aclara que la física cuántica en sí misma no se aplica directamente a la elaboración del vino, pero remarca que el equipo se rodea de ingenieros agrónomos y biólogos que los ayudan a entender mejor las capacidades de las viñas: cómo podarlas y cómo aprovechar de forma más eficiente los recursos naturales disponibles, orientando las cepas para que capten mejor el sol y las características del suelo. La bodega, además, cede sus propias parcelas a estos investigadores para que puedan desarrollar ahí sus propios proyectos científicos.
Joan Cascant, que participa activamente en el proyecto, defiende esa misma filosofía: considera vital recuperar y mantener los viñedos de la comarca, adaptándolos para enfrentar fenómenos cada vez más adversos como el cambio climático, sin dejar de lado la elaboración de vinos de calidad como objetivo final.
Etiquetas que son un homenaje a la física
Cada etiqueta de los vinos de Celler Quàntic rinde homenaje a la ciencia. El primer vino producido, todavía antes de constituirse como bodega profesional, se llamó San Cristóbal, en referencia al primer viñedo. Después llegaron nombres vinculados a la física de partículas, como Elipse, Higgs, Top, Charm y Partículas Elementales, hasta que el nombre h-bar (en referencia a la constante de Planck) se consolidó como el más práctico, dada la cantidad de vino producida en cada añada.
Hoy, uno de los tintos sigue llamándose El.Lipse, mientras que otros dos, bautizados como Quàntic, rinden homenaje respectivamente a Max Born, premio Nobel de Física en 1954, y a Lise Meitner, física nuclear austriaca pionera de la radioquímica. La producción del año pasado alcanzó las 5.000 botellas de blanco y 7.000 de tinto, con el objetivo de crecer un 50% en la próxima añada gracias a la incorporación de nuevas parcelas recuperadas.