El futuro de nuestra galaxia ya ha comenzado a cambiar, aunque en escalas de tiempo que desafían nuestra percepción. Una nueva investigación del telescopio espacial Hubble revela que el encuentro entre la Vía Láctea y Andrómeda ya ha empezado… y no será para nada como se creía. La colisión que transformará ambas galaxias ha iniciado su lenta pero imparable marcha.
Los halos se tocan: el primer paso hacia la colisión

El descubrimiento, que lideran científicos de la NASA y publicado en The Astrophysical Journal, confirma que los halos de gas que rodean la Vía Láctea y Andrómeda han comenzado a superponerse. Esto señala que el proceso de fusión, antes previsto para dentro de 4.500 millones de años, se retrasa unos 600 millones de años, pero ocurrirá de forma lateral y no frontal, como se lo pensaba.
Los halos son estructuras invisibles a simple vista pero fundamentales para entender la evolución galáctica. En el caso de Andrómeda, el halo se extiende hasta 2 millones de años luz en algunas direcciones, según un mapa creado por el equipo del proyecto AMIGA, liderado por el físico Nicolas Lehner de la Universidad de Notre Dame.
AMIGA revela el verdadero tamaño y estructura de Andrómeda
Para cartografiar este halo, los científicos utilizaron la luz de 43 cuásares situados detrás de Andrómeda. Al analizar cómo esa luz era absorbida por el halo, pudieron identificar su composición y estructura: una capa interna más densa y turbulenta, y otra externa, más suave y afectada por explosiones estelares.
Este avance multiplica por siete la cantidad de datos disponibles sobre Andrómeda. Dado que desde la Tierra no podemos estudiar con detalle el halo de la Vía Láctea, esta galaxia vecina se convierte en la mejor referencia para entender cómo se comportan estos tipos de depósitos de gas gigantes que rodean las galaxias.
Una fusión inevitable que nos recuerda nuestro lugar en el universo

Andrómeda se encuentra a 2,5 millones de años luz, pero su halo ya ha alcanzado el de la Vía Láctea. Este contacto marca el inicio de una danza cósmica que, con el paso de los milenios, culminará en una fusión total. Ambas se unirán en una única galaxia elíptica mucho mayor.
Aunque los efectos de este evento se verán dentro de miles de millones de años, las observaciones actuales permiten comprender mejor nuestro destino galáctico. Para Xi Zhang y su equipo, estos datos no solo abren una ventana al futuro, sino también a las leyes invisibles que rigen el universo.