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Ciencia

Hace 45.000 años, en una tierra que hoy está bajo el mar de Taiwán, caminaban denisovanos de casi dos metros de altura

Un fémur y una tibia identificados por sus proteínas antiguas dan, por primera vez, una idea del tamaño corporal de esta misteriosa especie humana
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Durante la última Edad de Hielo, el nivel del mar era tanto más bajo que el estrecho de Taiwán era en buena parte tierra firme. Por esas llanuras, que hoy yacen a decenas de metros bajo el agua, se movían grupos de una especie humana de la que todavía sabemos muy poco: los denisovanos. Ahora, dos huesos de sus piernas sugieren que algunos de ellos eran verdaderos gigantes para su época.

El análisis fue liderado por el antropólogo Yousuke Kaifu, de la Universidad de Tokio y del Museo Nacional de Naturaleza y Ciencia de Japón, y se difundió como un preprint en bioRxiv, es decir, un trabajo que todavía no pasó por la revisión de otros científicos antes de su publicación en una revista.

Una especie conocida casi solo por su ADN

Cueva De Denisova
© Nastya Smirnova RF – Shutterstock

Los denisovanos fueron identificados en 2010 a partir del ADN de un pequeño hueso de un dedo hallado en la cueva Denísova, en Siberia. Desde entonces se sabe que se cruzaron con nuestros antepasados y que dejaron huella genética en poblaciones actuales de Asia y Oceanía, sobre todo en Papúa Nueva Guinea y entre los aborígenes australianos. Pero sus restos físicos son escasísimos: apenas algunos dientes, fragmentos de cráneo y mandíbulas.

Uno de esos restos es Penghu 1, una mandíbula recuperada del fondo del canal de Penghu, entre Taiwán y China continental, que en 2025 fue identificada como denisovana gracias al análisis de proteínas antiguas. Los nuevos fósiles provienen de la misma zona.

Piernas de casi dos metros

Los huesos estudiados son un fémur, catalogado como Penghu 2, y una tibia, Penghu 3. Según el análisis, ambos tienen entre 45.000 y 43.000 años. A partir de sus dimensiones, los investigadores estimaron que el dueño del fémur medía alrededor de 1,80 metros y pesaba unos 83 kilos, mientras que el de la tibia rondaba 1,90 metros y unos 91 kilos.

Son cifras notables para una población humana de hace decenas de miles de años. El fémur, además, presenta una cresta ósea muy marcada en su parte posterior, un rasgo asociado a una musculatura potente.

Proteínas que funcionan como una firma

El ADN rara vez sobrevive tanto tiempo en climas cálidos o bajo el mar. Por eso, el equipo recurrió a la paleoproteómica, una técnica que analiza proteínas antiguas, que son mucho más resistentes. En el colágeno de los huesos detectaron una variante específica que solo se conoce en los denisovanos, y que no aparece en neandertales ni en humanos modernos.

Los análisis de isótopos también aportaron pistas sobre su forma de vida: su dieta habría sido rica en proteína animal, en un paisaje dominado por pastizales. Según los autores, un gran tamaño corporal pudo ser clave para una estrategia de caza basada en herramientas distintas de las que usaban los Homo sapiens de la región.

Un desafío a una regla clásica

El hallazgo contradice la llamada regla de Bergmann, que predice que las poblaciones de climas cálidos tienden a tener cuerpos más pequeños y las de climas fríos, más grandes. Estos denisovanos vivían en una región subtropical y, aun así, eran muy corpulentos.

Los investigadores advierten que estos datos no significan que todos los denisovanos fueran gigantes: solo muestran que algunos individuos eran excepcionalmente robustos. Mientras el estudio completa su revisión científica, cada nuevo hueso rescatado del fondo del mar ayuda a ponerle cuerpo a una especie que, durante años, fue poco más que una secuencia de ADN.

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