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Ciencia

Hace siete millones de años alguien ya caminaba erguido en África. Y no era humano, ni se parecía demasiado…

El bipedismo siempre se presentó como uno de los grandes saltos que nos separaron del resto de los simios. Pero nuevos análisis de fósiles atribuidos a Sahelanthropus tchadensis sugieren que caminar sobre dos piernas pudo haber aparecido mucho antes de lo que creíamos, cuando todavía no existía nada parecido a un humano.
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Cuando en el año 2001 un equipo francés encontró un cráneo fosilizado en el desierto de Djurab, en Chad, quedó claro que aquella pieza no encajaba del todo en los esquemas clásicos de la evolución humana. El fósil, apodado Toumaï, fue atribuido a una nueva especie: Sahelanthropus tchadensis, un primate que vivió hace unos siete millones de años, justo en el momento en que las líneas evolutivas de humanos y chimpancés empezaban a separarse.

Desde entonces, la gran pregunta no ha cambiado: ¿cómo se movía? Si caminaba erguido, estaríamos ante el ejemplo más antiguo de bipedismo conocido. Si no, Sahelanthropus quedaría fuera de nuestro linaje directo. Durante más de dos décadas, la discusión quedó abierta.

Ahora, un nuevo análisis vuelve a inclinar la balanza.

Lo que revelan unos huesos olvidados

Hace siete millones de años alguien ya caminaba erguido en África. Y no era humano, ni se parecía demasiado
© Wiliams et al., Sci. Adv. 12, eadv0130.

La clave no está solo en el cráneo, sino en tres fósiles de extremidades encontrados cerca del lugar original del hallazgo: dos cúbitos y parte de un fémur. Estos restos ya habían sido estudiados en 2022, pero un nuevo trabajo los ha examinado con técnicas más precisas, combinando comparaciones anatómicas amplias con morfometría geométrica en 3D.

El resultado es llamativo. El fémur presenta un tubérculo bien definido para la inserción del ligamento iliofemoral, el más potente del cuerpo humano y esencial para mantener la postura erguida. También muestra una antetorsión marcada y rasgos compatibles con una musculatura glútea capaz de estabilizar la cadera al caminar. Son características difíciles de reconciliar con una locomoción exclusivamente cuadrúpeda.

Ni chimpancé ni humano

En términos de forma, los huesos recuerdan a los de simios actuales del género Pan, como los chimpancés. Pero las proporciones cuentan otra historia. La relación entre brazos y piernas se acerca más a la de los homínidos posteriores, como los Australopithecus, con extremidades inferiores relativamente más largas.

La imagen que emerge es la de un primate híbrido en su forma de moverse. Sahelanthropus probablemente pasaba buena parte del tiempo en los árboles, pero también era capaz de desplazarse erguido sobre el suelo. No caminaba como nosotros, pero tampoco como un simio moderno. Un bípedo ocasional, en un mundo que todavía no se parecía al nuestro.

El debate sigue, pero el suelo se mueve

Hace siete millones de años alguien ya caminaba erguido en África. Y no era humano, ni se parecía demasiado
© Scott Williams / NYU y Jason Heaton / Universidad de Alabama.

No todos los expertos están convencidos. Algunos señalan que el fémur no está completo o cuestionan si los huesos de las extremidades y el cráneo pertenecen realmente al mismo individuo o incluso a la misma especie. Estas dudas mantienen vivo el debate.

Aun así, incluso los análisis más prudentes reconocen que, si el bipedismo de Sahelanthropus se confirma, el calendario de nuestra evolución cambia de forma radical. Caminar sobre dos piernas habría aparecido muy pronto, casi al mismo tiempo que la separación entre humanos y chimpancés. Eso implica que el bipedismo no fue el resultado final de una larga cadena de cambios, sino uno de los primeros pasos.

Caminar antes de ser humanos

Tendemos a asociar el bipedismo con cerebros grandes, herramientas y cultura. Pero este hallazgo apunta en otra dirección. Caminar erguido pudo haber surgido en un primate de cerebro pequeño, más parecido a un chimpancé que a un humano, y con una vida aún muy ligada a los árboles. Quizá no fue la inteligencia la que nos puso de pie. Quizá fue ponerse de pie lo que, millones de años después, abrió el camino a todo lo demás.

Y si eso es así, nuestra historia no empieza cuando nos volvimos humanos, sino cuando alguien, hace siete millones de años, dio unos pasos torpes pero decisivos sobre dos piernas en África.

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