Este hallazgo llega desde El Soplao, uno de los yacimientos de ámbar más singulares de Europa. Allí, atrapada en resina durante más de 100 millones de años, los científicos encontraron una avispa desconocida para la ciencia. Su anatomía no encaja en ningún registro fósil y obliga a reescribir parte del árbol evolutivo de un linaje entero.
Un descubrimiento que nadie imaginaba en una pieza del tamaño de un dedo
Durante muchos años, El Soplao ha sido una mina inagotable de sorpresas paleontológicas, pero incluso quienes trabajan allí reconocen que este hallazgo es distinto. En una pequeña pieza de resina endurecida, de apenas unos pocos centímetros, se ha conservado una avispa del Cretácico medio con un nivel de detalle tan exquisito que permite distinguir venas alares del grosor de un cabello humano.
El insecto, ahora bautizado como Cretevania orgonomecorum, pertenece a un linaje que vivió cuando Europa era un archipiélago de islas tropicales. Lo extraordinario es que no coincide con ninguna de las especies descritas previamente: ni en China, ni en Myanmar, ni en los yacimientos clásicos del Cretácico. Su morfología obliga a ajustar la clasificación interna del propio género Cretevania, algo que pocas veces ocurre con un solo ejemplar.
Ámbar que captura escenas, no solo fósiles
El valor del ámbar cántabro es conocido: conserva insectos con pigmentos, pliegues de alas, antenas completas e incluso trazas microscópicas de su comportamiento. Pero en este caso, los investigadores utilizaron técnicas como la microscopía confocal y el escaneo 3D para obtener una reconstrucción milimétrica del animal. Gracias a estas imágenes pudieron identificar rasgos nunca descritos: patrones en las patas, articulaciones ocultas y un diseño de alas que no aparece en ningún otro fósil.
La pieza no solo encierra un pequeño insecto; contiene también fragmentos de polen, microburbujas de resina y restos de plantas que ya no existen. En El Soplao, cada fósil es una cápsula ecológica: no muestra al individuo, sino el entorno en el que vivía.
Un proyecto internacional para desentrañar una historia de 105 millones de años
Para confirmar que se trataba de una nueva especie, colaboraron paleontólogos del IGME-CSIC, la Universidad de Barcelona, la Universidad de Valencia, la Academia China de Ciencias y el Museo de Historia Natural de Oxford. El estudio, publicado en Palaeoentomology, no solo describe la anatomía del insecto: también propone un reajuste del árbol evolutivo de las avispas evánidas, un grupo enigmático usado como fósil guía en numerosos sedimentos.
El Gobierno de Cantabria y el Ministerio de Ciencia apoyaron el proyecto, conscientes de que El Soplao se ha convertido en uno de los laboratorios naturales más importantes para reconstruir la vida del Cretácico europeo.
Qué nos cuenta esta avispa sobre el mundo perdido del Cretácico
Cuando Cretevania orgonomecorum quedó atrapada en la resina, la Península Ibérica era un conjunto de islas sometidas a climas tropicales, con bosques resiníferos, reptiles primitivos y una explosión de insectos y plantas con flor. Las avispas evánidas, como la nueva especie, estaban en plena diversificación y su distribución amplia permite datar con precisión los estratos geológicos.
Su descubrimiento no solo amplía el inventario fósil del Cretácico español; también revela la enorme diversidad que existía en estos ecosistemas insulares, mucho más rica y compleja de lo que se pensaba.
El Soplao: el tesoro que sigue dando sorpresas
Desde que se documentaron los primeros fósiles a principios del siglo XX, este yacimiento cántabro no ha frenado de develar su lista de revelaciones. Más de 1.500 inclusiones han sido catalogadas y más de 30 especies nuevas se han descrito oficialmente. El ambiente en el que se formó el ámbar —una costa sometida a cambios bruscos de humedad, calor tropical y vegetación resinosa abundante— creó condiciones únicas para que la resina atrapara fragmentos de vida durante millones de años.
Con Cretevania orgonomecorum, los científicos no solo incorporan un nuevo nombre al registro fósil: suman una pieza que ayuda a reconstruir cómo era realmente Europa cuando los dinosaurios dominaban la Tierra y los primeros ecosistemas modernos empezaban a tomar forma.