Durante años, los arqueólogos consideraron que la Cova de les Dones (la «Cueva de las Mujeres») era principalmente un yacimiento de arte rupestre paleolítico. Situada en el oeste de España, en una zona elevada donde las aguas del Tambuc desembocan en el barranco del Zapatero, la cueva conserva imágenes como la de un uro, una especie de bovino salvaje, pintado sobre una de sus paredes, y la cabeza de un caballo prehistórico grabada en otra.
Sin embargo, el año pasado, un equipo codirigido por los arqueólogos Aitor Ruiz-Redondo y Virginia Barciela encontró una cámara oculta en las profundidades de la cueva. El hallazgo cambió por completo la interpretación del lugar y la función que pudo haber desempeñado en el mundo antiguo.
Los investigadores identificaron inicialmente el espacio como un «santuario romano» tras localizar unas 15 inscripciones en latín y una moneda romana del siglo I, acuñada durante el reinado del emperador Claudio. Ahora, según el anuncio más reciente del equipo, esta remota cavidad reúne la mayor cantidad de inscripciones latinas confirmadas en un sitio de estas características dentro de todos los territorios que alguna vez formaron parte del Imperio romano.
Las 120 inscripciones descubiertas parecen indicar que la cueva-santuario fue un lugar de culto dedicado a una misteriosa diosa romana conocida reverencialmente como Domina, palabra latina que significa «la Señora».
«El hecho de que los textos estén concentrados en una zona concreta y delimitada de la cueva, lejos de la entrada, confirma que se trataba de un culto organizado», explicó Sergio García-Dils, arqueólogo y espeleólogo que colabora con Ruiz-Redondo.

El culto de MALACI
Al menos tres de las inscripciones identificadas en la cueva hacen referencia a la Señora e incluyen también el nombre «MALACI». Los investigadores creen que no coincide con ninguna denominación conocida de una diosa romana ni de otras divinidades documentadas hasta el momento.
Debido a la estructura de la cueva y a la presencia de pequeños depósitos naturales de agua (conocidos como gours), el equipo de Ruiz-Redondo sospecha que la Señora pudo haber sido venerada por su relación con los recursos hídricos permanentes del lugar.
«Cada nuevo descubrimiento sugiere que la Cova de les Dones fue un punto de referencia para los grupos humanos que habitaron este territorio durante milenios, quizá por la presencia constante de agua, las características del paisaje subterráneo o la facilidad de acceso», señaló el equipo.

Virginia Barciela, arqueóloga de la Universidad de Alicante y codirectora del proyecto, explicó que los visitantes del siglo I parecen haber depositado ofrendas en los gours del santuario. Entre los objetos encontrados destacan numerosas fusayolas, pequeñas piezas empleadas en los husos para hilar.
Según Barciela, su presencia probablemente indica que los fieles ofrecían husos, una herramienta utilizada para trabajar los textiles y que, en la Antigüedad, estaba estrechamente vinculada con el ámbito femenino.
García-Dils también señaló que este hallazgo resulta especialmente llamativo porque la cavidad es conocida desde hace mucho tiempo como la «Cueva de las Mujeres» en valenciano, el idioma local. De hecho, ese es el nombre con el que aparece desde los primeros registros conocidos.
Miles de años de importancia cultural
Los textos latinos del santuario romano se encuentran en una cámara situada a más de 200 metros de profundidad. El espacio fue descubierto más de medio siglo después de que, alrededor de 1960, las primeras investigaciones arqueológicas realizadas en la cueva sacaran a la luz objetos pertenecientes a la Edad del Hierro.
Ruiz-Redondo, Barciela y el resto del equipo sospechan que la Cova de les Dones pudo conservar su relevancia cultural desde el Paleolítico hasta la época romana. Se trataría de una continuidad extraordinaria, especialmente porque todavía no se comprende por completo qué significado tenía el lugar para las distintas comunidades que lo visitaron.
Entre el descubrimiento del arte paleolítico y los hallazgos romanos más recientes, los arqueólogos que exploraron la cueva en 2025 identificaron más de un centenar de espeleofactos. Se trata de formaciones rocosas subterráneas modificadas por seres humanos, como estalactitas y estalagmitas talladas de manera intencional.
De acuerdo con los especialistas, estos elementos demuestran que las comunidades prehistóricas mantuvieron durante mucho tiempo un interés particular por la Cova de les Dones. También plantean una pregunta difícil de responder: ¿hasta qué punto el culto romano asociado con MALACI podría tener raíces mucho más antiguas?
Las investigaciones continúan con el apoyo económico del Ayuntamiento de Millares y del programa de restauración cultural Pla Restaura, financiado por la Generalitat Valenciana.