¿Qué hace un animal cuando, en pleno día, el cielo comienza a oscurecerse de forma repentina? El eclipse solar del pasado 12 de agosto permitió a un grupo de investigadores españoles estudiar esa pregunta en condiciones excepcionales, utilizando sensores capaces de registrar movimientos, temperatura corporal y frecuencia cardíaca minuto a minuto.
Científicos de las universidades de Zaragoza y Salamanca, junto con el Instituto Universitario de Investigación en Ciencias Ambientales de Aragón (IUCA), monitorizaron ovejas, gallinas y équidos antes, durante y después del fenómeno.
Los primeros resultados muestran que los animales percibieron claramente la alteración ambiental, pero no reaccionaron simplemente como si hubiese llegado la noche. Las respuestas variaron considerablemente entre especies e incluso entre individuos.

Las ovejas redujeron su actividad hasta un 40%
En la Facultad de Veterinaria de la Universidad de Zaragoza, el equipo dirigido por Alfonso Abecia colocó sensores en diez ovejas y comparó sus movimientos durante el eclipse con los registrados a la misma hora en jornadas normales.
En los minutos cercanos a la totalidad, entre las 20:24 y las 20:28, su actividad media cayó aproximadamente un 40%.
El efecto tampoco desapareció inmediatamente cuando regresó la luz. Nueve de las diez ovejas continuaron menos activas de lo habitual durante el período posterior.
Sin embargo, los sensores fisiológicos revelaron un panorama más complejo. Algunas ovejas redujeron su frecuencia cardíaca mientras otras la aumentaron y tampoco apareció una respuesta uniforme en la temperatura corporal. El rebaño, por lo tanto, parecía comportarse de manera coordinada externamente, aunque cada organismo estaba reaccionando de forma diferente.
Las gallinas adelantaron su comportamiento nocturno
Las gallinas protagonizaron otra de las respuestas más llamativas.
Los investigadores monitorizaron 16 aves en Zaragoza y comprobaron que, después de la totalidad, disminuyeron temporalmente su actividad y comenzaron a adoptar antes de tiempo comportamientos característicos del final del día. En promedio, esa transición ocurrió unos 18 minutos antes de lo normal.
En Burgos, donde participaron investigadores de la Universidad de Salamanca, el efecto fue todavía mayor. Cinco de seis gallinas adelantaron entre 40 y 60 minutos su transición hacia niveles de actividad similares a los nocturnos.
Los sensores también registraron una disminución de su frecuencia cardíaca después del eclipse, un fenómeno que los científicos continúan analizando.
Una burra reaccionó de una manera completamente distinta
El tercer experimento se realizó en el Humedal del Cañizar, en Teruel, donde fueron estudiados cinco équidos, entre ellos yeguas, un mulo y una burra.
Sus respuestas inmediatamente posteriores al eclipse fueron muy diferentes: algunos animales comenzaron a moverse más y otros redujeron su actividad. Más tarde apareció un patrón común. Entre las 21:20 y las 21:39, los cinco mostraron una actividad aproximadamente 18,6% inferior a la registrada normalmente a esa hora.
Especialmente interesante fue el comportamiento de una burra equipada con dos sistemas de medición. Antes de la totalidad disminuyó brevemente sus movimientos, pero luego recuperó su actividad e incluso superó los niveles habituales.
Su frecuencia cardíaca, mientras tanto, pasó de unos 46 latidos por minuto a valores cercanos a 60 y 63, mientras que su temperatura apenas cambió.
Un experimento natural difícil de repetir
Los científicos aclaran que estos resultados todavía son preliminares. El eclipse ocurrió cerca del final de la tarde y produjo simultáneamente cambios en iluminación, temperatura y otras condiciones ambientales, por lo que resulta difícil atribuir cada reacción únicamente a la oscuridad.
Precisamente por eso, los investigadores están comparando los registros del eclipse con los movimientos y parámetros fisiológicos de los mismos animales durante jornadas normales.
Los datos sugieren algo más complejo que la idea de que los animales simplemente confunden un eclipse con la llegada de la noche. Una alteración ambiental de apenas unos minutos fue suficiente para modificar temporalmente sus rutinas, pero cada especie —e incluso cada individuo— encontró su propia manera de reaccionar.