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Ciencia

Hallaron cientos de anillos gigantes en el fondo del mar Mediterráneo y la precisión de sus formas sorprendió incluso a los expertos. Las estructuras podrían haberse formado hace 21.000 años

Las formaciones fueron descubiertas frente a la costa de Córcega durante una expedición oceanográfica encabezada por Laurent Ballesta. Los investigadores creen que estos patrones casi perfectos podrían ser restos de antiguas colonias marinas desaparecidas tras el aumento del nivel del mar.
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El fondo del mar Mediterráneo siempre parecía esconder un paisaje completamente normal. Arena, sedimentos, corrientes y oscuridad. Pero una reciente expedición científica encontró algo difícil de explicar incluso para los expertos acostumbrados a explorar las profundidades.

A cientos de metros bajo el agua, frente a la costa de Cap Corse, en el norte de Córcega, aparecieron miles de círculos gigantes distribuidos con una precisión casi imposible. No eran formas aisladas. Tampoco simples irregularidades del terreno. Los patrones parecían repetirse una y otra vez como si alguien hubiera dibujado enormes anillos perfectos sobre el lecho marino.

El hallazgo fue realizado por un equipo liderado por el fotógrafo y biólogo marino Laurent Ballesta, conocido por sus expediciones extremas en algunos de los ecosistemas submarinos más difíciles del planeta.

Los investigadores encontraron 1.400 círculos distribuidos sobre un gigantesco paisaje submarino

Hallaron cientos de anillos gigantes en el fondo del mar Mediterráneo y la precisión de sus formas sorprendió incluso a los expertos. Las estructuras podrían haberse formado hace 21.000 años
© YouTube / Prince Albert II of Monaco Foundation.

La expedición utilizó sumergibles y tecnología de sonar de alta precisión para mapear la zona. Lo que apareció en las imágenes dejó desconcertados a los investigadores: aproximadamente 1.400 anillos simétricos extendidos sobre una superficie de unos 250.000 metros cuadrados.

La geometría de las estructuras fue uno de los aspectos que más llamó la atención desde el principio. Muchos de los círculos presentan bordes sorprendentemente definidos y una distribución repetitiva que recuerda a patrones artificiales dibujados sobre arena húmeda.

Durante semanas, el equipo revisó imágenes y datos obtenidos en las inmersiones para asegurarse de que no se tratara de errores de lectura o anomalías producidas por el sonar. Pero los círculos estaban allí. Y cuanto más analizaban el lugar, más extraño parecía todo.

La principal hipótesis apunta a un fenómeno ocurrido hace 21.000 años

Las dataciones realizadas mediante carbono permitieron estimar que las estructuras se formaron hace aproximadamente 21.000 años, durante el Último Máximo Glacial. En aquella época, el nivel del mar era mucho más bajo que el actual y parte de esta zona submarina permanecía cerca de la superficie, iluminada por la luz solar.

La teoría principal sostiene que los anillos podrían ser restos fosilizados de antiguas colonias de algas coralinas que crecieron lentamente formando estructuras circulares.

Con el paso de miles de años, el nivel del océano aumentó progresivamente y estas colonias quedaron sumergidas a mayor profundidad. La falta de luz habría provocado el colapso de los organismos originales, dejando detrás las extrañas huellas geométricas visibles hoy en el fondo marino. Sin embargo, no todos los científicos están completamente convencidos.

Algunos investigadores creen que las corrientes oceánicas y los remolinos submarinos podrían haber contribuido a moldear los círculos durante siglos. Otros sugieren que ciertos organismos marinos interactuaron repetidamente con el sedimento hasta formar estos patrones casi perfectos. Por ahora, ninguna explicación logra responder completamente por qué las estructuras presentan una simetría tan precisa.

El descubrimiento podría cambiar la forma de estudiar los paisajes submarinos antiguos

Más allá del misterio, el hallazgo ya abrió nuevas líneas de investigación relacionadas con biología marina, geología y dinámica oceánica. Los científicos consideran que estas formaciones podrían ayudar a identificar fenómenos similares en otros mares del mundo.

El equipo de Laurent Ballesta planea regresar con tecnologías todavía más avanzadas para estudiar la composición de los anillos y reconstruir cómo era este ecosistema antes de quedar atrapado bajo las aguas del Mediterráneo. Y quizá lo más fascinante del descubrimiento sea justamente eso: recordar que incluso en un mar explorado desde hace miles de años todavía existen paisajes capaces de parecer completamente ajenos a nuestro mundo.

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