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Ciencia

China atrapó un cohete de 63 metros con cuatro ganchos y una red gigante en mitad del mar. La histórica recuperación del Long March-10B revela el camino alternativo con el que Pekín quiere reutilizar sus lanzadores antes de terminar 2026

La primera etapa del nuevo Long March-10B descendió verticalmente sobre una plataforma marítima y quedó suspendida en una red mediante cuatro ganchos. China se convierte así en el segundo país que recupera un propulsor orbital, aunque todavía debe demostrar que puede reutilizarlo.
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China llevaba casi una década intentando resolver uno de los problemas que han transformado la industria espacial: cómo recuperar la parte más cara de un cohete después del lanzamiento. La respuesta finalmente no llegó mediante unas patas desplegables como las del Falcon 9, sino con una enorme red extendida sobre una plataforma en mitad del mar.

El 10 de julio de 2026, a las 12:15 hora local, el Long March-10B despegó por primera vez desde el Centro de Lanzamiento Espacial Comercial de Hainan. La misión colocó un satélite (cuya identidad y características no fueron reveladas) en la órbita prevista. Aproximadamente seis minutos después de separarse de la etapa superior, el propulsor comenzó su descenso controlado hacia una plataforma marítima.

Allí, cuatro ganchos instalados en su estructura se engancharon a un sistema de cables y redes capaz de frenar el vehículo sin necesidad de que tocara una cubierta mediante patas. La Corporación de Ciencia y Tecnología Aeroespacial de China, CASC, calificó la operación como la primera recuperación controlada de una etapa orbital realizada por el país y la primera captura mediante una red conseguida en todo el mundo.

El cohete no aterrizó exactamente sobre un barco

Las imágenes pueden dar la impresión de que el propulsor simplemente cayó dentro de una especie de red de pesca. El sistema es bastante más complejo. La primera etapa realizó buena parte del trabajo que normalmente ejecuta un cohete reutilizable: corrigió su trayectoria, reorientó el vehículo y encendió sus motores durante el descenso para aproximarse verticalmente a la zona de recuperación. La diferencia apareció en los últimos metros.

En lugar de desplegar pesadas patas y posarse sobre una superficie rígida, el Long March-10B descendió dentro de una estructura metálica instalada sobre una plataforma marítima. Los cuatro ganchos del propulsor atraparon los cables tensionados, que absorbieron la energía restante y dejaron la etapa suspendida en posición vertical.

La plataforma especializada, bautizada como Navigator, mide aproximadamente 144 metros de largo y 50 de ancho, desplaza unas 25.000 toneladas a plena carga y dispone de posicionamiento dinámico para conservar su ubicación pese al oleaje. El principio recuerda al sistema con el que los portaaviones detienen aviones mediante cables, aunque en este caso la captura ocurre verticalmente y sobre una estructura mucho mayor.

Una red puede ahorrar una cantidad valiosa de peso

Las patas de aterrizaje deben viajar al espacio unidas al cohete. Necesitan soportes, mecanismos de despliegue, sistemas hidráulicos y una estructura capaz de resistir el impacto final. Todo ese equipamiento pesa y cada kilogramo añadido al propulsor resta capacidad para transportar satélites.

La propuesta china traslada una parte de los sistemas de amortiguación desde el cohete hasta la plataforma de recuperación. Chen Muye, especialista de la Academia China de Tecnología de Vehículos de Lanzamiento, explicó a la agencia Xinhua que la red permite simplificar la estructura de a bordo, reducir masa y aumentar la capacidad de carga. También amplía el margen de captura frente a pequeñas desviaciones en el punto de descenso.

Eso no significa que la solución sea necesariamente superior a la de SpaceX. El sistema requiere una plataforma especializada, un posicionamiento extremadamente preciso y cables capaces de soportar cargas enormes sin dañar los depósitos o los motores. El agua salada, el oleaje y el transporte posterior también introducen problemas operativos que solo podrán evaluarse después de numerosos vuelos.

La ventaja de las patas es que el propulsor puede aterrizar sobre distintas superficies preparadas. La red china elimina parte del peso de la etapa, pero concentra más infraestructura y complejidad en el punto de recuperación.

China es el segundo país, pero la tercera organización

China atrapó un cohete de 63 metros con cuatro ganchos y una red gigante en mitad del mar. La histórica recuperación del Long March-10B revela el camino alternativo con el que Pekín quiere reutilizar sus lanzadores antes de terminar 2026
© Xinhua/Xing Guangli.

La primera recuperación de una etapa procedente de un lanzamiento orbital fue realizada por SpaceX en diciembre de 2015 con un Falcon 9. Desde entonces, la compañía estadounidense ha convertido una maniobra experimental en una operación rutinaria y acumula más de 600 aterrizajes de propulsores. Algunos han volado decenas de veces; uno de ellos completó recientemente su misión número 36.

Blue Origin se sumó al reducido grupo en noviembre de 2025, cuando logró recuperar en el océano la primera etapa de su cohete orbital New Glenn. Sus aterrizajes anteriores con New Shepard no entraban en esta comparación porque aquel vehículo realiza vuelos suborbitales.

Por tanto, China es el segundo país que recupera una etapa utilizada en una misión orbital, porque SpaceX y Blue Origin pertenecen a Estados Unidos. Sin embargo, CASC es la tercera organización que lo consigue después de ambas compañías estadounidenses.

La distinción también evita otra confusión: recuperar una etapa no significa haber alcanzado todavía la reutilización completa. Para ello, China tendrá que inspeccionar el propulsor, reacondicionarlo y demostrar que puede volver a volar de manera segura.

El Long March-10B no es el futuro cohete lunar tripulado

El nuevo lanzador forma parte de la familia Long March-10, pero no debe confundirse con la enorme versión que China está desarrollando para enviar astronautas hacia la Luna antes de 2030.

El Long March-10B es un vehículo comercial de dos etapas y unos 63 metros de altura, explica Space. Su primera etapa utiliza queroseno y oxígeno líquido, mientras que la segunda combina metano y oxígeno líquido. En su configuración recuperable puede colocar aproximadamente 16 toneladas en órbita terrestre baja.

Su objetivo principal será transportar satélites comerciales y ayudar a desplegar las grandes constelaciones de comunicaciones que China prepara para competir en un mercado actualmente dominado por Starlink. No obstante, los datos obtenidos durante sus descensos también pueden validar motores, navegación y técnicas de recuperación útiles para otros integrantes de la familia Long March-10 y para el programa lunar chino.

La combinación de combustibles también resulta peculiar. La primera etapa conserva la tecnología de queroseno ya utilizada en otros cohetes chinos, mientras que la superior introdujo metano de alta pureza producido a partir de gas natural licuado. Según Xinhua, es la primera vez que un Long March emplea este tipo de combustible derivado del GNL.

El verdadero examen será lanzarlo por segunda vez

China intentó recuperar otros propulsores reutilizables durante 2025, incluidos vehículos desarrollados por CASC y la compañía privada LandSpace. Ambos alcanzaron el espacio, pero fallaron durante la fase final del aterrizaje. La captura del Long March-10B resuelve por primera vez esa última parte de la maniobra.

Las autoridades espaciales chinas aseguran que pretenden volver a lanzar la etapa recuperada antes de que termine 2026. Ese segundo vuelo será mucho más importante de lo que parece: permitirá comprobar cómo resistieron los motores, los depósitos, el escudo térmico y la estructura después de ascender, regresar a través de la atmósfera y quedar atrapados por la red.

SpaceX no transformó el mercado únicamente porque consiguiera aterrizar un Falcon 9. Lo hizo al demostrar que esos propulsores podían inspeccionarse, prepararse y volar repetidamente sin que el coste del reacondicionamiento anulara el ahorro.

China ya ha atrapado su primer cohete. Ahora deberá demostrar que la red también puede atrapar aquello que realmente importa: una forma más barata, rápida y fiable de regresar al espacio.

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