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Ciencia

Han creado una madera que sigue generando energía incluso cuando no hay sol. No es un panel solar: es un material que cambia las reglas

Un equipo de investigadores ha desarrollado una estructura basada en madera capaz de captar, almacenar y liberar energía en un solo sistema. Su funcionamiento rompe una de las limitaciones clave de la energía solar: depender de la luz.
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La energía solar siempre ha tenido un problema evidente: funciona cuando hay sol. Parece obvio, pero es una limitación enorme. De noche, o en condiciones de baja luz, los sistemas tradicionales simplemente dejan de producir. Por eso siempre han necesitado baterías o sistemas externos de almacenamiento.

Ahora, un equipo de investigadores en China propone algo distinto. No es un panel más eficiente. Es otra idea.

No es madera… pero tampoco deja de serlo

El punto de partida es sorprendentemente simple: madera de balsa. Un material ligero, poroso, con una estructura interna llena de canales microscópicos perfectamente alineados. Esa arquitectura natural es clave, porque permite modificarla desde dentro.

Los investigadores eliminaron la lignina (el componente que le da rigidez) y con ello transformaron la madera en una red ultraporosa, con más del 90% de su volumen vacío. A partir de ahí, empezaron a convertirla en otra cosa.

Convertir luz en calor… y guardarlo

Han creado una madera que sigue generando energía incluso cuando no hay sol. No es un panel solar: es un material que cambia las reglas
© Unsplash / Andrew Ruiz.

El siguiente paso fue recubrir esos canales internos con fosforeno negro, un material capaz de absorber luz en múltiples longitudes de onda y transformarla en calor de forma muy eficiente. El problema es que este material se degrada con facilidad.

Para evitarlo, lo protegieron con una capa basada en ácido tánico e iones de hierro, creando una especie de escudo químico que mantiene su estabilidad. Además, añadieron nanopartículas de plata para intensificar la absorción. Hasta aquí, podría parecer otro sistema solar más. Pero lo interesante viene después.

El truco está en lo que pasa cuando ya no hay luz

Dentro de la estructura, los investigadores incorporaron ácido esteárico, un material capaz de almacenar calor. Cuando la madera absorbe energía solar, este compuesto se funde y guarda esa energía en forma térmica. Cuando la temperatura baja, se solidifica y libera el calor almacenado.

Ese proceso genera una diferencia de temperatura que puede alimentar un generador termoeléctrico. Y eso es lo que permite que el sistema siga produciendo electricidad incluso en ausencia de luz. No porque genere energía de la nada, sino porque la gestiona de otra forma.

Un material que hace todo a la vez

La clave de este desarrollo, según el estudio publicado en Advanced Energy Materials, es que integra varias funciones en una sola estructura: Capta energía, la almacena y la convierte en electricidad sin necesidad de sistemas externos.

Eso reduce pérdidas, simplifica el diseño y, en teoría, mejora la eficiencia. De hecho, las pruebas apuntan a una eficiencia superior al 90% en la conversión térmica y una salida eléctrica de hasta 0,65 voltios. Además, el material resiste ciclos repetidos sin degradarse y presenta propiedades adicionales como resistencia al agua, al fuego y a microorganismos.

El verdadero desafío no es la idea

Como suele pasar con este tipo de avances, el reto no está en demostrar que funciona, sino en llevarlo al mundo real. Escalar la producción, mantener el rendimiento en condiciones variables y competir con tecnologías ya establecidas no es trivial. Pero si se consigue, el impacto puede ser importante.

Porque el cambio no es solo técnico. Es conceptual. La energía solar dejaría de depender del momento en que se capta. Pasaría a depender de cómo se gestiona. Y eso, en un sistema energético global, lo cambia todo.

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