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Serbia está probando unos “árboles líquidos” que no tienen hojas ni raíces pero sí una función muy concreta. Limpiar el aire en ciudades donde plantar árboles ya no es tan fácil

Con microalgas, energía solar y hasta puertos USB, estos dispositivos urbanos buscan combatir la contaminación en espacios donde la vegetación tradicional no sobrevive. Su eficiencia puede superar a la de los árboles, aunque no todo es tan simple como parece.

Hay una imagen bastante clara cuando pensamos en mejorar el aire de una ciudad: plantar árboles. Más verde, más sombra, más oxígeno. El problema es que esa solución, que suena tan lógica, no siempre es posible en la práctica. Falta de espacio, suelos degradados, contaminación elevada o infraestructuras urbanas mal diseñadas hacen que, en muchos puntos, simplemente no haya lugar para que un árbol crezca.

Ahí es donde Serbia ha decidido probar algo distinto. No más árboles en el sentido clásico, sino una especie de versión tecnológica: los llamados “árboles líquidos”.

No es un árbol. Es un sistema con microalgas que hace fotosíntesis en plena calle

El dispositivo, conocido como LIQUID 3, se instaló en Belgrado en 2021 como parte de un proyecto impulsado por la Universidad de Belgrado y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

A simple vista no parece nada especialmente natural. Es un tanque transparente lleno de agua (unos 600 litros) donde viven microalgas locales. Pero lo importante no es la forma, sino lo que ocurre dentro.

Estas microalgas realizan fotosíntesis, igual que las plantas. Absorben dióxido de carbono y liberan oxígeno. La diferencia es que, en este caso, todo el organismo participa en ese proceso, no solo una parte como ocurre con las hojas de un árbol. Eso, según los desarrolladores, se traduce en una eficiencia mucho mayor.

La promesa es potente: más eficiencia que un árbol… pero con matices

Serbia está probando unos “árboles líquidos” que no tienen hojas ni raíces pero sí una función muy concreta. Limpiar el aire en ciudades donde plantar árboles ya no es tan fácil
© LIQUID 3.

Los responsables del proyecto aseguran que el sistema puede ser entre 10 y 50 veces más eficiente que los árboles tradicionales en la captura de CO₂. En términos prácticos, un módulo podría equivaler a dos árboles maduros o a unos 200 metros cuadrados de césped. Suena impresionante. Y lo es, al menos sobre el papel.

Pero conviene entender bien qué significa eso. No estamos hablando de reemplazar un bosque, ni de crear naturaleza artificial a gran escala. Estamos hablando de intervenciones muy localizadas, pensadas para puntos concretos donde otras soluciones no funcionan. Y ahí es donde este tipo de tecnología encuentra su lugar.

Lo curioso es que también es mobiliario urbano

Uno de los aspectos más interesantes de LIQUID 3 es que no se presenta solo como un sistema ambiental. También es parte del espacio público.

Incluye:

  • Un banco integrado
  • Puertos USB para cargar dispositivos
  • Paneles solares
  • iIuminación LED

Es decir, no solo limpia el aire (o lo intenta), sino que también se convierte en un punto de uso cotidiano para la gente. Una mezcla bastante peculiar entre biotecnología, diseño urbano y funcionalidad práctica.

El mantenimiento existe. Y también el debate

A diferencia de un árbol, este sistema necesita intervención regular. Aproximadamente cada mes y medio, se retira la biomasa generada por las microalgas, se reemplaza el agua y se ajustan los nutrientes. Esa biomasa, además, puede reutilizarse como fertilizante, lo que introduce una lógica de economía circular. Pero no todo es positivo.

El coste de instalación y mantenimiento es mayor que el de plantar árboles tradicionales. Además, algunos análisis apuntan a que compensar la huella de carbono generada durante su fabricación puede llevar años. Y esto abre una discusión importante: ¿es una solución real o un parche tecnológico en un problema estructural?

No sustituye a la naturaleza. Intenta cubrir donde la ciudad falla

Serbia está probando unos “árboles líquidos” que no tienen hojas ni raíces pero sí una función muy concreta. Limpiar el aire en ciudades donde plantar árboles ya no es tan fácil
© LIQUID 3.

El propio proyecto lo deja claro: estos “árboles líquidos” no están pensados para reemplazar ecosistemas naturales. No pueden hacerlo. No ofrecen biodiversidad, ni sombra real, ni los beneficios completos de un árbol.

Lo que sí pueden hacer es actuar en ese espacio incómodo donde:

  • No hay suelo disponible
  • La contaminación es demasiado alta
  • La infraestructura urbana simplemente no permite otra cosa

En ese contexto, se convierten en una herramienta más. No la solución definitiva.

El punto interesante no es el dispositivo. Es lo que dice sobre nuestras ciudades

Quizá lo más revelador de todo esto no sea el invento en sí, sino lo que representa. Que estemos desarrollando “árboles sin árboles” dice bastante sobre cómo hemos diseñado nuestras ciudades. Lugares donde, en algunos casos, la naturaleza ya no cabe sin ayuda tecnológica.

LIQUID 3 no es una revolución ambiental. Es algo más sutil. Es un recordatorio de que, cuando el entorno deja de ser compatible con lo natural, empezamos a buscar alternativas artificiales.

Y eso abre una pregunta incómoda, pero inevitable: ¿queremos ciudades con soluciones tecnológicas para sustituir a la naturaleza… o ciudades donde la naturaleza todavía pueda existir por sí sola?

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