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Ciencia

Han sacado del fondo del mar bloques de hasta 80 toneladas del Faro de Alejandría tras más de 1.600 años. No es solo un rescate arqueológico, es la oportunidad de reconstruir una de las mayores obras de la Antigüedad

Las piezas recuperadas no son simples restos: son partes estructurales clave que permiten entender cómo se levantó una de las Siete Maravillas del Mundo.
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No es habitual que una maravilla del mundo antiguo vuelva a aparecer de forma tangible. Mucho menos en fragmentos de decenas de toneladas que aún conservan la huella de cómo fueron colocados hace más de dos mil años. Eso es exactamente lo que está ocurriendo frente a la costa de Alejandría, donde los restos del faro más famoso de la historia empiezan a salir del fondo del mar.

El hallazgo no cambia solo lo que sabemos del monumento. Cambia cómo podemos estudiarlo.

No son ruinas dispersas, son piezas clave de una estructura monumental

Han sacado del fondo del mar bloques de hasta 80 toneladas del Faro de Alejandría tras más de 1.600 años. No es solo un rescate arqueológico, es la oportunidad de reconstruir una de las mayores obras de la Antigüedad
© PHAROS.

Durante décadas se sabía que el Faro de Alejandría no había desaparecido del todo, sino que sus restos yacían bajo el agua, dispersos tras una serie de terremotos que terminaron por derrumbarlo en la Edad Media. Sin embargo, lo que se ha recuperado ahora no son fragmentos menores ni restos erosionados sin contexto, sino bloques estructurales de enorme tamaño que formaban parte directa del edificio.

Hablamos de dinteles, umbrales y losas de pavimento que en algunos casos superan las 80 toneladas. Elementos que no decoraban el faro, sino que lo sostenían. Y eso es lo que los convierte en una fuente de información excepcional: permiten entender no solo cómo era el monumento, sino cómo se construyó realmente.

Ingeniería helenística a escala casi incomprensible

Han sacado del fondo del mar bloques de hasta 80 toneladas del Faro de Alejandría tras más de 1.600 años. No es solo un rescate arqueológico, es la oportunidad de reconstruir una de las mayores obras de la Antigüedad
© GEDEON Programmes / CEAlex.

El Faro de Alejandría, levantado en el siglo III a. C., no era solo un símbolo, sino una obra de ingeniería avanzada para su tiempo. Superaba los 100 metros de altura y combinaba funciones prácticas —guiar a los barcos— con una ejecución arquitectónica monumental. Lo que ahora empieza a revelarse con estos bloques es la lógica interna de esa construcción.

Mover y colocar piezas de decenas de toneladas en la Antigüedad implicaba una planificación extremadamente precisa. No se trataba solo de fuerza, sino de geometría, equilibrio y conocimiento de materiales. Cada bloque tenía un propósito estructural concreto, y su ensamblaje debía resistir no solo el peso propio del edificio, sino también las condiciones del entorno costero.

Lo que durante siglos fue una hipótesis basada en textos y representaciones ahora empieza a confirmarse con evidencia física.

El papel de la tecnología moderna: reconstruir sin levantar

Uno de los aspectos más interesantes del proyecto no es únicamente la extracción de las piezas, sino lo que se está haciendo con ellas después. Cada bloque recuperado está siendo sometido a escaneos tridimensionales de alta precisión, lo que permite generar modelos digitales extremadamente detallados.

Esto abre una posibilidad que hasta hace poco era inviable: reconstruir el faro de forma virtual con un grado de fidelidad cercano al original. No se trata de una recreación artística, sino de una reconstrucción basada en datos reales, donde cada pieza encaja en su posición teórica dentro de la estructura.

De esta manera, los investigadores pueden estudiar proporciones, técnicas de ensamblaje y soluciones constructivas sin necesidad de intervenir físicamente sobre los restos, preservándolos al mismo tiempo.

Un monumento que nunca desapareció del todo

Han sacado del fondo del mar bloques de hasta 80 toneladas del Faro de Alejandría tras más de 1.600 años. No es solo un rescate arqueológico, es la oportunidad de reconstruir una de las mayores obras de la Antigüedad
© GEDEON Programmes / CEAlex.

El Faro de Alejandría dejó de existir como edificio hace siglos, pero nunca desapareció por completo. Sus restos quedaron dispersos, ocultos bajo el mar, fuera del alcance de generaciones enteras. Lo que está ocurriendo ahora no es tanto un descubrimiento como una recuperación progresiva de algo que siempre estuvo ahí, esperando a ser interpretado con las herramientas adecuadas.

Cada bloque que emerge no solo aporta información, sino que reconstruye una parte de una historia que había quedado fragmentada. Y lo hace de una forma poco habitual en arqueología: no a través de pequeños objetos, sino mediante piezas monumentales que obligan a pensar en grande.

La sensación de estar viendo cómo reaparece una maravilla

Hay algo particularmente potente en este tipo de hallazgos. No se trata de imaginar cómo fue el Faro de Alejandría a partir de relatos antiguos, sino de observar directamente los elementos que lo hicieron posible. Es una forma distinta de conectar con el pasado, más física, más inmediata.

Porque al final, lo que está ocurriendo frente a la costa egipcia no es solo una excavación. Es el proceso inverso a un colapso que ocurrió hace más de mil seiscientos años. Un intento, bloque a bloque, de entender cómo se levantó una de las construcciones más ambiciosas de la Antigüedad.

Y en ese proceso, lo que parecía perdido empieza, poco a poco, a volver a tomar forma.

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