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Hay una estatua en Madrid que necesitó la ayuda de Galileo Galilei para poder levantarse

Monumento a Felipe IV en la Plaza de Oriente de Madrid
Foto: Eric Chan (CC BY 2.0)

El otro día fue el aniversario del nacimiento de Galileo Galilei y, entre las historias que se suelen compartir en estos casos, encontré una bastante curiosa sobre la estatua del rey Felipe IV en la plaza de Oriente de Madrid.

Felipe IV fue rey de España desde 1621 hasta su muerte, en 1655. Más conocido por su adicción al sexo que por sus habilidades como monarca, era un hombre culto y un gran mecenas del arte. Amigo de Diego Velázquez, a quien conoció a través de su valido, el conde-duque de Olivares, reunió la mayor colección de pintura que hubo en Europa durante el Siglo de Oro.

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El tema es que, quizá por un capricho megalómano o por mejorar su juego con las mujeres, un día Felipe IV decidió que quería una estatua ecuestre como la de su padre, Felipe III, que había sido un regalo del gran duque de Toscana y se encontraba, por entonces, en la Casa de Campo de Madrid.

Fue Gaspar de Guzmán, el conde-duque de Olivares, quien solicitó al embajador del gran duque en Madrid el regalo de una nueva estatua ecuestre para instalarla en los jardines del palacio del Buen Retiro.

Felipe IV había manifestado su deseo de que la obra superase en impacto visual a la de su padre, así que Guzmán dio la orden de que se le representara sobre un caballo encabritado, una opción hasta entonces desconocida en el mundo de la escultura por su dificultad técnica.

Retrato del rey Felipe IV pintado por Diego Velázquez que sirvió como modelo para el escultor Pietro Tacca
Ilustración: Diego Velázquez (Museo del Prado)
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La obra se encargó en 1634 al toscano Pietro Tacca, el mismo escultor que había realizado la estatua de bronce de Felipe III en 1616. Hasta Florencia llegó un retrato ecuestre de Felipe IV pintado por Rubens, una copia del retrato de Velázquez que ves sobre estas líneas y un busto expresamente esculpido para Tacca por el escultor jienense Juan Martínez Montañés.

La primera maqueta de barro a tamaño natural de la estatua fue entregada en otoño de 1636. Seguía el diseño de la de Felipe III, con el caballo al paso, y no gustó nada a Guzmán. El conde-duque insistió en que el caballo debía estar en corveta (con las dos manos levantadas), pero Tacca no sabía cómo hacer que el pesado caballo de bronce reposara sobre sus patas traseras, así que pidió ayuda al famoso astrónomo, físico y​ matemático Galileo Galilei.

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En un par de cartas, Galileo explicó a Pietro Tacca cómo configurar los contrapesos de la figura para lograr el complicado equilibrio que buscaba:

Necesitaréis más de ocho toneladas de bronce para vuestra obra, ya que la parte trasera ha de ser maciza. La inclinación, ángulos y cálculos para el vaciado os los haré llegar a la mayor brevedad posible. No dudéis que pondré tanto empeño en esta adivinanza como en el más grande de mis proyectos.

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Gracias a Galileo, Tacca pudo sortear los problemas de ejecución y finalizar la obra, aunque fueron los problemas de presupuesto (¡ocho toneladas de bronce!) y el cobro de la factura los que acabaron causándole la muerte.

Foto: JEAN ROBERT THIBAULT (CC BY-SA 2.0)
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La estatua de Felipe IV partió hacia Madrid en septiembre de 1640, un mes antes de la muerte del escultor, pero la falta de liquidez de la Corona española retrasó su transporte. Cuando por fin llegó a la capital, dos años más tarde, la falta de parecido con el rey obligó a Ferdinando Tacca (el hijo de Pietro) a modelar una cabeza nueva bajo supervisión, lo que explica la menor calidad de la cabeza con respecto al resto de la obra.

La figura fue erigida finalmente sobre un sencillo pedestal frente al Jardín de la Reina en octubre de 1642. Era la primera estatua ecuestre en corveta de la historia, pero hubo que poner a la venta las frutas y verduras de las huertas del Retiro para sufragar sus gastos. Años más tarde, cuando el valido no era Guzmán sino don Juan, hijo bastardo de Felipe IV y la actriz María Calderón, la gente de Madrid aún se burlaba del “caballo de bronce”:

¿A qué vino el Sr. D. Juan?

A bajar el caballo y subir el Pan.
Pan y carne a quince y once,
Como fue el año pasado;
Con que nada se ha bajado

Sino el caballo de bronce.

En la actualidad, la estatua ecuestre de Felipe III se encuentra en la Plaza Mayor de Madrid y el monumento a su hijo, Felipe IV, domina el centro de la plaza de Oriente, entre el palacio y el Teatro Real de la capital española.

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Matías S. Zavia

Matías tiene dos grandes pasiones: Internet y el dulce de leche

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