Con el calor, pocas cosas resultan tan tentadoras como un helado. Su imagen fresca y su sabor irresistible nos hacen pensar que, de vez en cuando, no pueden ser tan malos. Sin embargo, la evidencia científica pinta un panorama distinto. Ni polos, ni cremosos, ni “sin azúcar” se libran del escrutinio. ¿Existen opciones mejores? Sí, pero todas con matices.
Hielo, azúcar y poco más
Los polos y helados de hielo suelen atraer por su colorido y sencillez, pero su principal ingrediente es el azúcar, procedente casi siempre de azúcares libres. Estos, a diferencia de los presentes de forma natural en la fruta, se asocian a una dieta de baja calidad, obesidad y mayor riesgo de enfermedades. Solo algunos elaborados con puré o zumo 100 % fruta se salvan como opción menos perjudicial.

Helados de base láctea
Más cremosos y calóricos, combinan leche o nata con azúcar y grasas como manteca de cacao o de coco. Su aporte de grasas saturadas, ya excesivas en nuestra dieta, eleva el riesgo de colesterol LDL alto y enfermedades cardiovasculares. El placer de su textura y sabor se paga con un impacto mayor en la salud.
La trampa del “sin azúcar”
Aunque suene más sano, un helado sin azúcar añadido suele llevar edulcorantes. Según la OMS, su consumo prolongado no ayuda a perder peso y podría aumentar el riesgo de diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares y mortalidad. Sustituir el azúcar no siempre convierte a un producto en saludable.

Artesanos, yogur y caseros: mitos y realidades
Los helados artesanos destacan por mejores ingredientes y menos aditivos, pero nutricionalmente mantienen el mismo perfil: azúcar, grasas y calorías. Los de yogur comercializados como “ligeros” suelen contener tanto o más azúcar que los yogures azucarados. Incluso los caseros, si llevan azúcar o edulcorantes, no pueden considerarse saludables. Solo los preparados con leche o yogur natural sin añadidos y, como mucho, un toque de fruta, se acercan a la opción más equilibrada.
Cómo elegir la opción menos dañina
Si vamos a darnos el capricho, conviene leer la etiqueta y optar por helados con menor contenido de azúcar, grasa y, especialmente, grasas saturadas. En casa, una mezcla de yogur o leche natural con fruta fresca, sin añadir azúcar ni edulcorantes, ofrece un postre frío mucho más ligero y sin riesgos añadidos.
Fuente: TheConversation.