Los incendios arrasan con más fuerza que nunca en las regiones mediterráneas y tropicales. El cambio climático es un factor evidente, pero no actúa solo. Las políticas de supresión total del fuego y la desaparición de grandes herbívoros han desequilibrado un sistema que durante millones de años se reguló de forma natural. Ahora la ciencia sugiere que recuperar la interacción entre fuego y animales podría ser la estrategia más eficaz para evitar megaincendios.
El papel regulador del fuego y los herbívoros
Las plantas no evolucionaron en un entorno estable, sino en uno marcado por sequías, plagas, incendios y la presencia constante de herbívoros. Mientras el fuego eliminaba materia leñosa, los animales reducían lentamente la biomasa transformándola en nutrientes. Ambas fuerzas mantenían paisajes en mosaico, con menor carga de combustible y mayor diversidad biológica.
El problema es que el ser humano interrumpió ese equilibrio: eliminó incendios naturales mediante políticas de extinción y redujo drásticamente las poblaciones de grandes herbívoros. El resultado ha sido un exceso de vegetación seca que alimenta incendios cada vez más destructivos.

La paradoja de apagar todos los fuegos
La llamada “paradoja del fuego” demuestra que sofocar sistemáticamente las llamas genera un efecto perverso. A corto plazo parece eficaz, pero a largo plazo la acumulación de combustible provoca incendios mucho más intensos. Una revisión de 37 estudios concluyó que en un 40% de los casos, la supresión de incendios favoreció megafuegos posteriores, especialmente en entornos mediterráneos y áridos.
En cambio, en ecosistemas húmedos, donde el clima regula el comportamiento del fuego, la extinción puede resultar efectiva sin grandes riesgos futuros.
Herbivorismo pírrico: combinar fuego y pastoreo
La solución propuesta por los investigadores es integrar las llamadas “quemas prescritas” con planes plurianuales de pastoreo. Esta estrategia, bautizada como herbivorismo pírrico, busca prevenir comunidades vegetales inflamables y promover paisajes variados y resilientes. El ganado doméstico y, cuando sea posible, la megafauna silvestre, actúan como gestores naturales, reduciendo la vegetación antes de que se convierta en un peligro.

El fuego, usado de manera técnica, completa el ciclo reciclando materia leñosa. El resultado es un entorno equilibrado, menos dependiente de intervenciones humanas y con menor riesgo de incendios descontrolados.
Un desafío global en tiempos de cambio climático
La pérdida de megafauna es un problema mundial. Elefantes, rinocerontes y bisontes están en riesgo de extinción, y con ellos desaparece un regulador esencial de la vegetación. Su ausencia, unida a las olas de calor y a paisajes sobrecargados de combustible, multiplica el riesgo de incendios devastadores.
Por eso, los expertos reclaman políticas integrales que incluyan conservación de fauna, fomento del pastoreo extensivo, quemas controladas y adaptación al clima extremo. Como resume la investigadora Rosa María Canals: “Los incendios volverán, pero podemos reducir su virulencia si devolvemos a los herbívoros y al fuego su papel de administradores naturales del territorio”.
Fuente: Meteored.