Antes de convertirse en uno de los romances más recordados de los 90, esta película estuvo a punto de no hacerse. Su protagonista pensó que el planteamiento era absurdo, incómodo y poco atractivo. Lo irónico es que terminó siendo uno de los mayores éxitos de su carrera.
Adaptar una gran novela siempre es un riesgo, pero de vez en cuando surge una excepción que lo cambia todo. Este drama histórico dirigido por Joe Wright no solo respetó el material original, sino que lo elevó con una puesta en escena inolvidable y un reparto en estado de gracia.
El final de Stranger Things sigue generando debate semanas después de su estreno. Aunque los hermanos Duffer dejaron deliberadamente varias lecturas abiertas, faltaba escuchar a la persona más directamente implicada: Millie Bobby Brown, el rostro indisoluble de Eleven desde 2016.
Cuando llegan unos días largos de vacaciones y el tiempo se estira sin culpa, el cine pide algo más que revisitar los grandes títulos de siempre. Para muchos cinéfilos, ese es el momento perfecto para apartarse del canon y mirar hacia los márgenes de la filmografía de los grandes autores. En el caso de John Ford, uno de los cineastas más influyentes y prolíficos de la historia, ese gesto tiene premio.
Durante décadas hemos repetido una imagen mental que no es exactamente cierta. Está tan instalada en la cultura popular que nadie la cuestiona: Luke Skywalker destruye la Estrella de la Muerte atacando por la gran trinchera central. El problema es que Star Wars: Episodio IV - Una nueva esperanza nos muestra otra cosa muy distinta. Y lo hace de forma bastante clara.
Antes de que Vengadores: Doomsday acapare toda la atención como uno de los grandes estrenos del futuro del Universo Marvel, siguen saliendo a la luz historias curiosas de rodajes pasados. Porque no todo son explosiones, CGI y coreografías milimetradas: a veces, lo más comentado nace de accidentes tan humanos como inesperados.
Cuando Disney compró Star Wars, tomó una decisión que enfureció a millones de fans: borrar de un plumazo décadas de historias del Universo Expandido. La razón principal no fue creativa ni comercial, sino algo mucho más concreto: Chewbacca estaba muerto… y no pensaban aceptarlo.
Basada en hechos reales, esta película escondida en Prime Video es una de las denuncias más afiladas sobre corrupción institucional de los últimos años. Hugh Jackman ofrece una interpretación magnética y contenida en un filme que mereció mucha más atención de la que recibió.
Hay series que llegan en el momento equivocado. Taboo es una de ellas. Cuando se estrenó hace ya ocho años, muchos espectadores —yo incluido— la abandonaron casi al principio. Su ritmo denso, su atmósfera asfixiante y un desfile constante de personajes hoscos y enfurecidos la convertían en una propuesta exigente, poco agradecida para quien buscaba algo más inmediato.
Tenía apenas 12 años cuando apareció por primera vez en televisión. Nadie podía imaginar entonces que aquella niña acabaría convirtiéndose en una de las actrices más reconocibles y comentadas de Hollywood.
La esperada continuación de una de las películas religiosas más comentadas de la historia esconde un detalle que cambia por completo la forma de entender el proyecto. Años de trabajo, decisiones simbólicas y una planificación milimétrica anticipan una obra que apunta mucho más alto de lo que parece a simple vista.
Han pasado casi 12 años desde que Aída se despidiera de su audiencia. Fue el 8 de junio de 2014 y cerró una de las etapas más queridas de la televisión española. Ahora, con el estreno de Aída y vuelta previsto para el próximo 30 de enero, el universo de la serie vuelve a cobrar vida en una película dirigida por Paco León que reunirá de nuevo al reparto original encabezado por Carmen Machi.
Hay pocas experiencias cinematográficas comparables a ver una obra maestra en una sala de cine. Pantalla grande, oscuridad total y una atención imposible de replicar en casa. Por eso los reestrenos deberían ser algo habitual, especialmente cuando hablamos de películas que han marcado generaciones enteras. Y si hay un caso en el que esta afirmación se vuelve incuestionable, ese es el del Studio Ghibli.
Con apenas 18 años y en su primer rodaje profesional, Tom Mankiewicz jamás imaginó que acabaría recibiendo un ultimátum directo de una de las mayores leyendas del cine clásico: John Wayne. Y todo por un pequeño detalle que nada tenía que ver con el cine.
Lleva camino de convertirse en una de las grandes candidatas al Óscar a Mejor Canción Original, pero Golden no se conforma con premios. La película de animación de Netflix Las Guerreras K-Pop está decidida a seguir colándose en nuestras playlists durante mucho tiempo más, y su tema estrella es buena prueba de ello.
Durante un tiempo, el nombre de Jean-Claude Van Damme fue sinónimo de espectáculo puro. Mucho antes de que su carrera atravesara altibajos, el actor belga vivió una etapa dorada en la que encadenó títulos que definieron el cine de acción de los noventa. Uno de los más potentes —y todavía hoy alucinante— es Blanco humano, una cacería brutal dirigida por un auténtico maestro del género: John Woo.
Vivimos un momento extraño como espectadores de series. Nuestras nuevas obsesiones pueden desaparecer durante más de un año antes de regresar con una nueva temporada, y la respuesta natural ha sido refugiarnos en las miniseries: historias cerradas, sin promesas a largo plazo ni cliffhangers eternos. O al menos, eso creíamos.
Estamos acostumbrados a que el cine de acción y suspense nos llegue en cantidades industriales desde Hollywood. Sin embargo, el thriller no es patrimonio exclusivo de la industria estadounidense. En los últimos años, algunos de los títulos más contundentes del género han surgido fuera de ese circuito, utilizando sus códigos para hablar de realidades mucho más incómodas y cercanas de lo que parece.
Hubo una época en la que el cine no simulaba mundos: los construía. Antes de la llegada de los efectos digitales, las grandes superproducciones levantaban ciudades enteras con madera, yeso, acero y una dosis descomunal de ambición artística. Pocas películas representan mejor esa era que Metrópolis, la obra maestra de ciencia ficción dirigida por Fritz Lang que, casi cien años después de su estreno, sigue impresionando por la magnitud y el detalle de sus decorados.
Antes de convertirse en una de las actrices más famosas y mejor pagadas de Hollywood, Sandra Bullock fue poco más que un rostro anecdótico en una película olvidada. Un debut discreto, casi irrelevante, que con el paso de los años sería reutilizado hasta la saciedad cuando su nombre ya llenaba carteles y encabezados.