Saltar al contenido
Ciencia

El James Webb encontró un objeto que parecía una galaxia nacida apenas 100 millones de años después del Big Bang. Tres años y medio después descubrió que estaba mucho más cerca

El telescopio James Webb detectó un misterioso objeto que parecía una de las primeras galaxias del universo. Nuevas observaciones revelaron que en realidad es una enana marrón de nuestra propia Vía Láctea.
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

El telescopio espacial James Webb lleva años encontrando objetos que parecen desafiar lo que sabemos sobre el nacimiento del universo. Pero uno de sus descubrimientos más desconcertantes acaba de dar un giro extraordinario. En 2025, los astrónomos identificaron un diminuto punto rojo que podría haber sido una galaxia formada apenas 100 millones de años después del Big Bang. De confirmarse, habría obligado a revisar algunas de nuestras ideas sobre la rapidez con la que aparecieron las primeras estructuras cósmicas.

El objeto recibió el nombre de Capotauro y durante meses mantuvo abiertas varias explicaciones. Ahora, un equipo de la Universidad de Edimburgo encontró la pista que faltaba: al comparar fotografías tomadas con tres años y medio de diferencia, descubrió que aquel punto rojo se había desplazado. Y ese movimiento revela que no estamos observando una galaxia situada en los confines del universo, sino una enana marrón extremadamente fría que pertenece a nuestra propia Vía Láctea.

El James Webb creyó encontrar una galaxia imposible de explicar, pero había una pista escondida en su luz

El James Webb encontró un objeto que parecía una galaxia nacida apenas 100 millones de años después del Big Bang. Tres años y medio después descubrió que estaba mucho más cerca
Capotauro aparece como un pequeño punto rojizo entre las galaxias observadas por el telescopio James Webb. Inicialmente fue considerado candidato a una de las galaxias más antiguas jamás detectadas, pero nuevas observaciones demostraron que pertenece a la Vía Láctea. © Giuseppe Capriotti y Giovanni Gandolfi / NASA, ESA, CSA, JWST/CEERS.

Capotauro fue identificado en imágenes del programa Cosmic Evolution Early Release Science (CEERS), uno de los proyectos dedicados a estudiar las primeras galaxias mediante el telescopio James Webb.

El objeto presentaba una característica peculiar: prácticamente desaparecía en determinadas longitudes de onda infrarrojas, pero se volvía visible en otras más largas. Este patrón podía interpretarse como el resultado de una enorme distancia cósmica. Según el estudio que investigó inicialmente su naturaleza, publicado en Astronomy & Astrophysics, Capotauro podía encontrarse a un desplazamiento al rojo cercano a 32. Eso significaría que estábamos viendo luz emitida cuando el universo tenía aproximadamente 100 millones de años.

La explicación habría sido extraordinaria. Sin embargo, los investigadores también contemplaron otra posibilidad: que fuera una enana marrón muy fría situada dentro de nuestra galaxia.

Las enanas marrones son objetos más masivos que los planetas gigantes, pero insuficientemente masivos para mantener la fusión estable del hidrógeno que alimenta a las estrellas como el Sol. Sus atmósferas contienen moléculas capaces de absorber determinadas longitudes de onda y producir señales infrarrojas parecidas a las de algunas galaxias lejanas.

Como explicó Phys.org el 3 de noviembre, los colores del objeto no eran suficientes para distinguir entre ambas posibilidades. Los científicos necesitaban una prueba independiente que permitiera determinar si Capotauro estaba realmente tan lejos como sugería su luz.

Un movimiento casi imperceptible resolvió el misterio y reveló una estrella fallida a 2.400 años luz

El James Webb encontró un objeto que parecía una galaxia nacida apenas 100 millones de años después del Big Bang. Tres años y medio después descubrió que estaba mucho más cerca
Recreación artística de una enana marrón con grandes bandas de nubes en su atmósfera. Capotauro pertenece a esta familia de objetos, incapaces de mantener la fusión de hidrógeno de las estrellas, aunque su temperatura es mucho menor que la de muchas enanas marrones conocidas. © NASA/JPL-Caltech.

La respuesta apareció cuando un equipo dirigido por F.-Y. F. Liu, de la Universidad de Edimburgo, comparó imágenes del James Webb obtenidas en diciembre de 2022 con nuevas observaciones realizadas en junio de 2026.

Los investigadores utilizaron 68 fuentes de referencia para alinear las fotografías con precisión y comprobar si Capotauro había cambiado de posición.

El resultado fue decisivo: el objeto se había desplazado aproximadamente 132 milisegundos de arco, una distancia angular diminuta, pero detectable mediante los instrumentos del telescopio. La medición superó un nivel de significación estadística de seis sigmas.

Una galaxia situada a miles de millones de años luz no mostraría un desplazamiento aparente de esa magnitud durante un periodo tan breve. En cambio, una enana marrón relativamente cercana sí puede moverse de forma perceptible respecto al fondo de galaxias lejanas.

El estudio original publicado en Monthly Notices of the Royal Astronomical Society concluye que Capotauro es compatible con una enana marrón de tipo Y1.0, con una temperatura efectiva aproximada de 350 kelvin, equivalentes a unos 77 °C.

Aunque pueda parecernos caliente, esa temperatura es extraordinariamente baja para un objeto semejante a una estrella.

Los cálculos sitúan a Capotauro a unos 2.380 años luz de la Tierra, con un margen de incertidumbre de aproximadamente 360 años luz. Esto lo convierte en uno de los objetos de su categoría más distantes identificados hasta ahora.

Como también destacó IFLScience en su cobertura del 4 de noviembre, la primera investigación ya había advertido que una enana marrón era una explicación posible. El nuevo trabajo no corrige una identificación definitiva, sino que resuelve una incertidumbre mediante observaciones posteriores. Todavía queda por precisar la distancia y la temperatura exactas del objeto. Los investigadores incluso contemplan que sea más frío y cercano de lo estimado.

Pero el descubrimiento deja una enseñanza importante para la astronomía: un objeto relativamente pequeño dentro de nuestra galaxia puede imitar la luz de una estructura formada en los primeros instantes del universo.

El James Webb no encontró en Capotauro la galaxia más antigua jamás observada. En cambio, demostró que puede detectar algunos de los objetos más fríos y difíciles de distinguir de nuestra propia galaxia, incluso cuando se esconden entre millones de luces procedentes del universo profundo.

Compartir esta historia

Artículos relacionados