Galletas, cereales azucarados, snacks envasados y otros alimentos ultraprocesados forman parte de la alimentación cotidiana de millones de niños. Pero su relación con el organismo podría ir más allá de las calorías que aportan. Una investigación estadounidense descubrió que los menores que consumían mayores cantidades de estos productos mostraban una respuesta cerebral más intensa cuando observaban imágenes de comida. Y ese comportamiento neuronal estaba relacionado con un mayor aumento de grasa corporal durante el año siguiente.
El hallazgo procede de un equipo de la Universidad del Sur de California (USC), que examinó mediante resonancias magnéticas funcionales el cerebro de 46 niños de peso saludable. Los resultados, publicados en JAMA Network Open, apuntan a una posible conexión entre los hábitos alimentarios y los circuitos cerebrales implicados en la motivación y la recompensa. Sin embargo, todavía no permiten determinar qué fenómeno aparece primero.
Los investigadores observaron el cerebro de 46 niños y encontraron una relación inesperada con los ultraprocesados

Los participantes tenían una edad promedio de 8,7 años y no presentaban sobrepeso ni obesidad al comenzar la investigación. Los científicos recopilaron información sobre su alimentación, realizaron mediciones corporales y utilizaron resonancias magnéticas para observar cómo respondían sus cerebros ante imágenes de alimentos.
Según el estudio original publicado en JAMA Network Open, aproximadamente el 67,7 % de las calorías consumidas por los participantes procedía de alimentos ultraprocesados. Los investigadores clasificaron estos productos mediante el sistema NOVA, que distingue los alimentos según su grado y propósito de procesamiento industrial.
El resultado más llamativo apareció en una región cerebral conocida como estriado dorsal, relacionada con el aprendizaje, la motivación y la formación de hábitos. Los niños que consumían una mayor proporción de ultraprocesados mostraban una actividad más intensa en esa región cuando observaban fotografías de comida, incluso después de haber comido.
La respuesta no fue equivalente en todas las estructuras cerebrales analizadas. En el estriado ventral, otra región relacionada con la recompensa, los investigadores no encontraron una asociación estadísticamente significativa. Este detalle es importante porque sugiere que el fenómeno podría estar relacionado con procesos de motivación y aprendizaje asociados a la comida, aunque todavía no se ha identificado su mecanismo.
Una investigación experimental publicada en Molecular Metabolism también encontró diferencias en las respuestas metabólicas y cerebrales de adultos que consumieron comidas ultraprocesadas y no ultraprocesadas de composición nutricional similar. Aunque ambos trabajos utilizaron metodologías distintas, muestran por qué el procesamiento de los alimentos se ha convertido en un tema importante para la neurociencia.
La respuesta cerebral también estuvo relacionada con el aumento de grasa corporal un año después

Los científicos no se limitaron a observar el cerebro. Un año después de las primeras pruebas, volvieron a evaluar el índice de masa corporal, el porcentaje de grasa y la circunferencia de cintura de los participantes.
Encontraron que una mayor respuesta del estriado dorsal ante imágenes de comida estaba asociada con aumentos posteriores del índice de masa corporal y del porcentaje de grasa corporal. Además, el consumo inicial de ultraprocesados mostró una asociación estadísticamente significativa con el aumento de la circunferencia de cintura. Sin embargo, las asociaciones directas con los cambios en el índice de masa corporal y el porcentaje de grasa fueron menos concluyentes.
De acuerdo con los investigadores de USC, encabezados por Jasmin Alves y Kathleen Page, estos resultados plantean la posibilidad de que los circuitos cerebrales de recompensa participen en la relación entre determinados patrones alimentarios y la acumulación de grasa durante la infancia. Pero existe otra explicación: los niños cuyos cerebros ya responden con mayor intensidad a los estímulos alimentarios podrían sentirse más atraídos por estos productos. El estudio no permite establecer la dirección de esa relación.
La cuestión también tiene una dimensión social. UNICEF advierte que la publicidad de alimentos poco saludables dirigida a niños y adolescentes puede influir en sus preferencias y percepciones sobre la alimentación. Por ahora, los propios autores reconocen limitaciones importantes: participaron solamente 46 niños, las imágenes cerebrales se obtuvieron en un único momento y no se evaluaron todos los factores que podrían influir sobre la alimentación.
El descubrimiento no demuestra que los ultraprocesados modifiquen inevitablemente el cerebro infantil, pero sí identifica una posible conexión biológica que merece estudiarse mucho más. Comprenderla podría ayudar a explicar por qué determinados alimentos resultan tan atractivos y cómo se relacionan con los hábitos alimentarios durante el crecimiento.